Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.
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Capítulo 10: Ya no puedo ocultarlo
Narra Hugo
Había pasado un mes desde aquella noche en la que me quedé pensando en Abby antes de dormir.
Durante ese tiempo intenté convencerme de que lo que sentía era solamente admiración. Me decía que ella era una excelente trabajadora, que me gustaba tenerla cerca porque me ayudaba muchísimo y que todo estaba relacionado con el trabajo.
Pero ya no podía seguir engañándome.
Estaba enamorado de ella.
Cada día que pasaba se me hacía más difícil ocultarlo. Cuando llegaba a la oficina, lo primero que hacía era buscarla con la mirada. Si tenía una clase virtual, me alegraba saber que ella iba a estar ayudándome. Y cuando terminaba el día, muchas veces me encontraba pensando en alguna conversación que habíamos tenido.
Así que tomé una decisión.
Tenía que hablar con ella.
Al día siguiente me levanté temprano. Me arreglé frente al espejo y, por primera vez en mucho tiempo, no quise ponerme nada elegante.
Escogí un pantalón jean y una camisa de manga corta. Me puse un poco de perfume y me miré nuevamente.
—Hoy nada extravagante, Hugo. Sencillito y ya —me dije.
Bajé a desayunar.
Mi mamá ya estaba en la cocina preparando todo.
—Buenos días, mijo.
—Buenos días, ma.
Me senté a desayunar mientras miraba la hora.
Tenía clases a las siete y todavía debía llevar a mis hermanas al colegio.
Mi mamá apareció con dos vasos de jugo y me dijo:
—Mijo, no sea malito y lleve a sus hermanas al colegio.
Suspiré.
—Ya, mamá. Pero que se apuren porque tengo clase a las siete.
—Ya, mijo. Yo les digo.
—Gracias.
Mis hermanas bajaron unos minutos después y salimos de la casa.
Las llevé al colegio y, apenas se bajaron del carro, una de ellas me gritó:
—¡Chao, Hugo!
—Chao. Pórtense bien.
—¡Sí!
Esperé a que entraran y después me dirigí a la oficina.
Durante el camino no podía dejar de pensar en lo que iba a decirle a Abby.
No sabía cómo iba a reaccionar.
Tal vez se iba a sorprender.
Tal vez iba a decirme que no sentía lo mismo.
O tal vez…
Preferí no hacerme ilusiones.
Cuando llegué a la empresa, entré directamente a mi oficina.
Y ahí estaba ella.
Abby ya estaba esperando.
Al verme, levantó la mirada y sonrió.
—Hola, Hugo.
—Hola, Abby.
Su sonrisa hizo que se me olvidara por unos segundos todo lo que había planeado decir.
Dejé unas cosas sobre mi escritorio y respiré profundamente.
—Abby, venga un momentico.
Ella se levantó de su puesto y caminó hasta donde yo estaba.
—¿Pasó algo?
La miré unos segundos.
—Sí… pero no es nada malo.
Ella se quedó frente a mí, esperando.
Yo respiré profundamente.
—Abby, yo necesito hablar con usted de algo.
—Claro, Hugo.
Me pasé una mano por el cabello, un poco nervioso.
—He estado pensando mucho en esto durante las últimas semanas. Y sé que usted trabaja conmigo, sé que yo soy su jefe y precisamente por eso no quería confundir lo laboral con lo personal.
Ella permaneció en silencio.
—Pero ya no puedo seguir ocultando lo que siento.
Sentí que el corazón me latía rapidísimo.
—Estoy enamorado de usted, Abby.
Sus ojos se abrieron sorprendidos.
—No sé exactamente cómo pasó —continué—. Al principio usted solamente era la persona que había contratado para ayudarme con la empresa y con mis clases. Pero poco a poco empezó a importarme más de lo que debería.
Sonreí nerviosamente.
—Me gusta hablar con usted, me gusta verla llegar a la oficina, me gusta cómo se preocupa porque todo salga bien… y cuando no está, hasta se siente raro el día.
Abby bajó la mirada, claramente sorprendida.
—Yo no quiero presionarla. Si usted no siente lo mismo, lo voy a respetar. Su trabajo seguirá siendo importante y nunca voy a hacer que esto afecte nuestra relación laboral.
Hice una pequeña pausa.
Después la miré directamente a los ojos.
—Pero necesitaba decírselo.
Tomé aire.
—Abby… ¿querés ser mi novia?
Por unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.
Solo podía escuchar el sonido del aire acondicionado de la oficina.
Yo estaba nervioso como nunca.
Porque por primera vez había dejado de ser el abogado seguro de sí mismo, el profesor que hablaba frente a sus estudiantes o el jefe que siempre tenía una respuesta.
En ese momento solamente era Hugo.
Un hombre enamorado que acababa de confesarle sus sentimientos a la mujer que, sin darse cuenta, había comenzado a cambiarle la vida.