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El Despertar De La Luna Olvidada

El Despertar De La Luna Olvidada

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Vianne Soler

Elena siempre fue la "omisión" de la manada Luna Plateada: huérfana, supuestamente humana y relegada a las tareas de limpieza. Todo cambia la noche del baile de emparejamiento, cuando Derek Blackwood, el despiadado y temido Alpha Supremo de la manada Sangre de Hierro, irrumpe en el territorio. El aroma a bosque húmedo y tormenta lo cambia todo. Él es su alma gemela, pero el destino oculta un secreto: Elena no es humana, y su sangre despierta un poder que podría destruir a todos los Alphas del continente.

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Capítulo 11: El suplicio de los traidores

El aire dentro del almacén central de la frontera sur se volvió tan denso y frío que los pulmones de los lobos de la manada del Oeste comenzaron a quemar con cada bocanada. Silas, atrapado en su imponente, pero inútil forma híbrida, clavó sus garras en los tablones de madera del suelo, intentando inútilmente disipar el temblor que recorría sus extremidades. Ante él, la figura de Elena sentada en el trono de hielo resplandecía con una luz azul eléctrica que desnudaba la penumbra del eclipse. A su lado, Derek Blackwood sostenía su espada de acero negro con una firmeza que desmentía por completo cualquier rumor de su agonía.

—¡Es una trampa! —rugió Silas hacia sus capitanes, con la saliva congelándose en sus colmillos antes de tocar el suelo—. ¡Rompan el cerco! ¡Ataquen al Supremo, está usando magia falsa!

Los cincuenta guerreros de élite del Oeste, empujados por el pánico y el instinto de supervivencia, intentaron abalanzarse hacia el altar improvisado. Sin embargo, antes de que pudieran dar el primer paso, los guardianes rúnicos de Elena apostados en las vigas superiores soltaron las cuerdas de sus ballestas. Las saetas, imbuidas con la energía del invierno celestial, no buscaban perforar la carne de forma sangrienta; al impactar contra los escudos y las armaduras de los atacantes, estallaron en ráfagas de escarcha geométrica que congelaron las articulaciones de los lobos en un instante.

Veinte guerreros quedaron petrificados en posturas de ataque, transformados en estatuas de hielo pulido que reflejaban el fulgor de las runas de Elena.

Derek dio un paso al frente, bajando los escalones del altar con la elegancia de un verdugo real. Su aura de Alpha Supremo, ahora templada y potenciada por el lazo místico que lo unía a la Loba Celestial, se expandió por todo el recinto como una losa de granito. La presión espiritual fue tan devastadora que los capitanes de Silas que aún quedaban en pie cayeron de rodillas, vomitando hilos de sangre debido al colapso de sus defensas internas.

—Viniste a saquear mis tierras aprovechando mi supuesta debilidad, Silas —la voz de Derek resonó con una vibración polifónica que imitaba el eco del santuario—. Creías que el Consejo respaldaría tu traición si me arrebatabas el norte. Pero olvidaste que el hierro de mi manada no se quiebra ante las hienas.

Silas, obligando a sus músculos a resistir la presión combinada de Derek y Elena, alzó su hacha de combate con un grito de desesperación animal y se lanzó directamente contra el Supremo. El acero de su arma buscaba el cuello de Derek, pero este ni siquiera parpadeó. Con un movimiento fluido y preciso, esquivó la trayectoria del hacha y descargó el pomo de su espada de acero negro directamente en el hombro herido de Silas, allí donde la quemadura celestial del desfiladero aún no había sanado.

El Alpha del Oeste rugió de dolor cuando la energía rúnica remanente en su cuerpo reaccionó ante el impacto, expandiendo el hielo por todo su brazo izquierdo hasta inutilizarlo por completo. Cayó de rodillas a los pies de Derek, jadeando y con la mirada empañada por la derrota.

Desde su trono, Elena se puso de pie. Su túnica de seda blanca flotó a su alrededor mientras caminaba hacia el borde de la plataforma. Sus ojos de azul eléctrico se clavaron en el líder caído.

—Tu linaje de tiranía termina esta noche, Silas —declaró Elena, y su voz mística anuló el zumbido del viento en el exterior—. Tu manada ya no responderá a tus órdenes de sangre. A partir de este momento, las tierras del Oeste quedan bajo el protectorado del Santuario Celestial. Tus omegas son libres y tus guerreros servirán a la justicia, no a tu codicia—.

Elena alzó su mano y trazó una runa de disolución en el aire. Un destello de luz argéntea golpeó la frente de Silas, rompiendo instantáneamente el lazo de Alpha que lo unía a su manada. El lobo gigante dentro de su mente emitió un último aullido de agonía antes de disolverse por completo, dejando a Silas en su forma humana, debilitado, despojado de su divinidad licántropa y convertido en un simple mortal sin rango.

Los guerreros del Oeste que observaban la escena desde las celdas de hielo bajaron las cabezas en señal de sumisión absoluta. Habían presenciado algo que la historia de las manadas consideraba imposible: el destronamiento de un Alpha sin necesidad de un duelo a muerte, por el mero decreto de la Loba Celestial.

—Llévenselo a las mazmorras del santuario —ordenó Derek a sus guardias, quienes arrastraron al ex-Alpha fuera del almacén como si fuera un fardo de ropa vieja.

El Supremo se volvió hacia Elena, envainando su espada y realizando una sutil pero sincera inclinación de cabeza ante su verdadera reina. La primera pieza del tablero del Consejo había caído de forma perfecta.

—El mensaje llegará a la Alpha Cassandra y a los líderes del este antes del amanecer —informó Derek, observando cómo el eclipse comenzaba a retirarse en el cielo nocturno—. Cuando descubran que Silas fue neutralizado en menos de una hora y que mi poder ha regresado multiplicado, la paranoia destruirá lo que queda de su coalición.

—Eso es exactamente lo que buscamos —respondió Elena, con una sonrisa fría que reflejaba la madurez de su evolución psicológica—. El miedo los obligará a tomar una decisión apresurada. Cassandra es una estratega; no arriesgará a la manada del Sur en una guerra abierta si sabe que el trono del Oeste ahora me pertenece. Buscará una audiencia en territorio neutral.

—¿Y qué haremos cuando solicite esa audiencia? —preguntó Derek, sintonizando su mente con los planes de la joven.

—Se la concederemos —sentenció la Loba Celestial, mirando hacia el horizonte del sur—. Pero no nos reuniremos en una mesa de embajadores. Los citaremos en las ruinas del Antiguo Templo de la Luna, donde las Cinco Manadas firmaron su primer tratado de sangre. Allí, ante las cenizas de sus ancestros, el Consejo de las Cinco Manadas se arrodillará ante el invierno, o dejará que sus coronas se conviertan en polvo bajo la escarcha.

La emboscada de la frontera sur había terminado, pero la verdadera campaña por la unificación del continente apenas entraba en su fase más letal. El hierro del Supremo y el hielo de la reina celestial marchaban ahora al unísono, listos para reescribir las leyes de los licántropos para siempre.

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Carmen Fernandez
me gusta la historia Pero se vienen repitiendo en varios capitulos las mismas palabras y resulta cansador y hace que uno pierda la emoción o la continuación de seguir leyendola
Estefany Cruz
por fa trata de no repetir alas palabras por fa
hernandez: de todos los capítulos juntos no se hacen dos con narración nueva siempre lo mismo
total 1 replies
Clary ❤
Hola autora !!! la novela tiene una hermosa e interesante trama, pero lo que me parece muy repetitivo cuando por ejemplo hablas de q el alfa supremo va a dar su cabeza u cuando ella pisa y el suelo renace... y así varias cositas. no es de maldad q te lo digo es más bien una crítica constructiva.. sin ganas de ofender... igual la sigo leyendo por q me gustó la historia , es diferente y atrae bastante... 👏👏👏
Vianne Soler: Gracias por tus aportes, lo voy a tomar en cuenta
total 1 replies
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