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El Refugio Del Depredador

El Refugio Del Depredador

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Leonela no es una mujer de armas, pero su voz es un látigo de verdad y su presencia, un muro inamovible frente a su hijo, Santiago. Cuando una red de traiciones familiares amenaza con arrebatarle lo único que ama, Leonela se ve obligada a aceptar un matrimonio por contrato con el hombre que personifica todo lo que ella teme: Gael.
​Gael es un titán cruel y posesivo. No hace tratos por generosidad; él "colecciona" lo que desea, y ha deseado a Leonela desde el momento en que la vio defender a su hijo con la dignidad de una reina en ruinas. Lo que Gael no espera es que su nueva "adquisición" no agacha la cabeza.
​En medio de una guerra de poder, el pequeño Santiago, con su curiosidad implacable, se convierte en el único capaz de desarmar la mirada devoradora de Gael, mientras Leonela descubre que el peligro más grande no es el mundo exterior, sino la intensidad eléctrica que siente cada vez que Gael fija sus ojos en ella.

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capitulo 11

​La mañana del lunes nació muerta, envuelta en una bruma gris que subía desde los muelles del puerto y se enredaba en las copas de los cipreses de la mansión Vancini. El aire, denso y cargado de humedad, transportaba el olor a gasóleo y salitre de la zona industrial lejana, un recordatorio constante del origen del imperio de Gael. Dentro de la propiedad, la calma aparente se mantenía bajo el control estricto de las pantallas de seguridad perimetral, pero en el ambiente flotaba la estática pesada de las treguas mal firmadas.

​Leonela caminaba por el sendero lateral del jardín de invierno, una estructura de hierro negro y láminas de cristal templado que albergaba plantas exóticas de hojas anchas y oscuras. Había dejado a Santiago en la sala de juegos bajo la custodia de dos hombres del equipo táctico de Gael; su cachorro estaba a salvo detrás de los muros de acero, pero ella necesitaba escapar por unos minutos de la atmósfera asfixiante del interior. Vestía un abrigo de lana fina color gris perla, ceñido a la cintura, que dejaba ver la caída elegante de sus piernas y la fijeza de su andar. Bajo el abrigo, un vestido de seda azul marino se adhería a su silueta, marcando el pulso rápido de su pecho con cada respiración profunda. El frío exterior hacía que su piel se erizara en el cuello descubierto, una reacción biológica que agudizaba su estado de alerta permanente.

​El chasquido de una pisada tosca sobre la grava húmeda rompió la quietud del sendero.

​Leonela se detuvo en seco, su espalda adoptando la rigidez de la leona que detecta una anomalía en su territorio. No era el andar felino y rítmico de los guardias de Gael, ni la zancada depredadora del lobo gris. Era un paso pesado, arrastrado, que evocaba los peores pasajes de su ruina familiar.

​Al girarse, el pánico interno la golpeó como un latigazo de agua helada.

​Julián estaba allí, parado a escasos tres metros, semioculto entre los arbustos de laurel. El antiguo acreedor de su padre, la hiena del muelle que había puesto la diana roja sobre la fotografía de Santiago, había logrado sortear el primer anillo de la seguridad perimetral usando un uniforme gastado del servicio de mantenimiento de los jardines. Su rostro, marcado por la viruela y una codicia barata, mostraba una sonrisa cínica que revolvió el estómago de Leonela. Sostenía una carpeta de lona sucia entre sus manos gruesas.

​—Vaya, vaya, la pequeña heredera se vistió de seda —siseó Julián, su voz un murmullo rancio que rompió el olor a jazmín de la ropa de Leonela—. ¿Creíste que meterte en la cama de Vancini borraría las cuentas de la textilera, Leonela? Tu tío me robó los derechos del muelle 14, y tú vas a firmarme el traspaso de los terrenos del norte ahora mismo, antes de que los soldados de tu nuevo dueño se den cuenta de que estoy aquí. Si gritas, el círculo de la foto se cerrará hoy mismo, esté donde esté tu bastardo.

​La mención de Santiago transformó el terror de Leonela en una fijeza gélida. Dio un paso adelante, la franqueza cortante de sus facciones anulando la distancia física con una temeridad mortal.

​—No vas a tocar a mi hijo, Julián —dijo ella, su voz un susurro afilado que no tembló—. El contrato está firmado. Ya no tienes poder en esta ciudad. Vete de aquí antes de que descubras por qué llaman a este lugar la boca del lobo.

​Julián soltó una carcajada seca y avanzó, extendiendo una mano sucia para agarrar el brazo de Leonela, buscando someterla por la fuerza para obligarla a tomar la carpeta. La proximidad del hombre, su olor a tabaco barato y sudor rancio, asfixió los sentidos de la mujer.

​No llegó a tocarla.

​Un siseo violento en el aire cortó la bruma de la mañana. Gael emergió de la nada con una rapidez antinatural, una sombra inmensa que ejecutó una intervención brutal y eficiente. Antes de que Julián pudiera registrar el movimiento, la mano larga y curtida de Gael se cerró en torno a su garganta con la fuerza de una prensa hidráulica. El impacto del cuerpo de Julián contra la estructura de hierro del jardín de invierno sonó como un disparo perimetral; uno de los cristales templados se agrietó en una telaraña perfecta detrás de su cabeza.

​Gael no llevaba el traje de sastre de la junta ni la camisa blanca de la cena. Vestía una camiseta negra de algodón ceñida que revelaba la musculatura compacta y masiva de su pecho firme y sus hombros anchos, y unos pantalones oscuros. Sus ojos grises, fijos y fúnebres, carecían por completo de cualquier rastro de humanidad; eran las pupilas de un monstruo en acción, ejecutando una limpieza con la frialdad corporativa de quien tritura un papel defectuoso.

​—Te advertí que no respiraras cerca de mis activos, Julián —dijo Gael. Su barítono profundo bajó a una nota gélida, un siseo bajo que hizo tembrar la estructura del jardín.

​Con un movimiento fluido y desprovisto de esfuerzo, Gael levantó a Julián del suelo por el cuello, anulando la respiración del intruso en un segundo. El rostro de la hiena comenzó a tornarse purpúreo, sus manos golpeando inútilmente los antebrazos curtidos de Gael, donde las venas se dibujaban como cuerdas de piano en tensión. Gael giró la muñeca, aplicando una torsión seca sobre el brazo derecho de Julián; el crujido del hueso al salir de la articulación resonó en la quietud de la mañana con una nitidez espantosa. Julián soltó un alarido ahogado, sus ojos desorbitados por el dolor absoluto.

​Leonela dio un paso atrás, con el pecho subiendo y bajando violentamente bajo el abrigo gris perla. Era la primera vez que veía al "monstruo" actuar sin los modales de la torre financiera o el protocolo del comedor. La eficiencia de su violencia, la ausencia total de ira ordinaria en sus rasgos de piedra de molino, la aterrorizó a un nivel primitivo. Comprendió con una claridad punzante la magnitud del peligro que había metido en su vida y en la de su hijo al firmar aquel contrato matrimonial; Gael no era un protector ordinario, era un depredador alfa que destruía la competencia sin parpadear.

​Gael arrojó el cuerpo quebrado de Julián sobre la grava como si fuera un fajo de billetes falsos. Dos hombres del equipo táctico aparecieron de inmediato entre los cipreses, moviéndose con la sincronización militar que Gael exigía en sus rutas.

​—Sáquenlo de mi vista —ordenó Gael, sin mirar a los guardias—. El muelle 14 queda limpio hoy. Que los restos de su facción entiendan el precio de violar mi seguridad perimetral.

​Los soldados arrastraron a Julián, que gemía sobre las piedras, perdiéndose en la niebla del sendero en cuestión de segundos. El silencio regresó al jardín de invierno, roto solo por la respiración entrecortada de Leonela.

​Gael se giró lentamente hacia ella. La agitación del combate sutil había elevado la temperatura de su cuerpo, y un calor abrasador emanaba de su camiseta negra, cruzando el espacio húmedo para envolver a la mujer. Su mirada devoradora la recorrió centímetro a centímetro, registrando la palidez de su rostro, el temblor de sus manos escondidas en los bolsillos del abrigo y la fijeza inquebrantable de sus ojos oscuros, que a pesar del horror, seguían sosteniéndole el desafío.

​La atracción de la situación era asfixiante, una tensión sensorial hecha de peligro y deseo absoluto que encendió la estática entre sus cuerpos. Gael avanzó un paso, deteniéndose tan cerca que Leonela pudo percibir el aroma a sándalo mezclado con el olor metálico de la adrenalina de la bestia.

​—Estás asustada, leona —susurró Gael, su rostro descendiendo hasta que su aliento rozó la piel erizada de su cuello—. Acabas de ver lo que le pasa a los hombres que intentan alterar el orden de mi casa. ¿Te arrepientes del precio que fijé para tu príncipe?

​Leonela forzó a sus músculos a adoptar la rigidez de su armadura de seda. Aunque por dentro sentía que el suelo de la mansión se abría bajo sus pies, levantó la barbilla, mostrando una franqueza cortante que desafió la resolución mortal del hombre.

​—No me arrepiento de salvar a mi hijo, Vancini —replicó ella, su voz un hilo de seda afilado—. Pero hoy confirmé que la jaula de cristal en la que me metiste no tiene un guardián; tiene un monstruo. Mataste la amenaza de Julián con la misma frialdad con la que firmaste los despojos de mi familia. Me pregunto qué pasará el día que la leona deje de ser útil para tu imagen pública. ¿Usarás esa misma eficiencia contra mí?

​Gael extendió una mano larga, sus dedos fuertes y curtidos atrapando un mechón de su cabello oscuro húmedo por la bruma, deslizándolo detrás de su oreja con una lentitud tortuosa que se sintió como una caricia y una advertencia a la vez. El contacto biológico provocó una pulsación líquida en el vientre de Leonela, un estremecimiento profundo que odiaba sentir, pero que delataba el magnetismo animal que la unía al lobo en medio del cautiverio.

​—El contrato te protege mientras lleves mi apellido, Leonela —respondió Gael, su barítono profundo bajando a una nota peligrosamente suave, casi humanizada—. Te di mi escudo porque supiste mirarme a los ojos sin bajar la cabeza. No destruyo lo que considero valioso para mi imperio. Pero no olvides la lección de esta mañana. El mundo de donde te saqué está lleno de hienas como Julián. Si no fuera el monstruo que soy, tu hijo ya no tendría una montaña que proteger en su sala de juegos. Acepta la crueldad de mi fuerza, porque es la única razón por la que hoy puedes regresar a tu suite a servir el desayuno en paz.

​Gael retiró los dedos con una lentitud que dejó la piel de ella ardiendo bajo la bruma helada. Se dio la vuelta, recuperando su zancada depredadora hacia la entrada principal, dejando a Leonela sola frente al cristal agrietado del jardín de invierno.

​Leonela observando las gotas de agua que se deslizaban por las fisuras de la telaraña de cristal. La hiena del pasado familiar había sido eliminada del mercado negro de sus deudas, pero al mirar hacia la inmensidad gris de la mansión, comprendió el costo real de su redención. Estaba casada con la fuerza más implacable de la ciudad; un protector imponente cuyo escudo de acero la resguardaba del mundo exterior, pero cuya proximidad íntima la obligaba a caminar cada noche sobre el filo de una navaja, sabiendo que el monstruo que había domado a Julián dormía a solo unos pasillos de distancia de su libertad.

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Celina Espinoza
sgddyf HH cfffnfdgñhcefghXfdsjxdhvcczdg.vccfbmbcfssgmvxfdhojcdtlnvzxfhvnx
neumidia ruiz
listo Gael el niño ya toco tu corazón no te hagas el duro
neumidia ruiz
esta muy interesante 👍 pinta buena
Celina Espinoza
super buena 🙏🥰
valeska garay campos
se lee interesante 👀
celimar
exelente capitulo 🥰👏👏
Joanny Millán
me encanta 😍
Fernanda
👍👍 excelente
Celina Espinoza
exelente capitulo 🥰🥰
Fernanda
es increíble el nene con cada pregunta 👍👏y Gael siempre queda 🤭
Fernanda
👍👍👏
Celina Espinoza
me encanta cada episodio 👏🥰y cada interacción de el niño me muero
Fernanda
me encanta santiago siempre tiene una nueva curiosidad 👍🥰
celimar
me encanta como Santiago entra como dueño de su casa 🤭🥰y pone a Gael nervioso con cada pregunta 🥰
celimar
exelente 👏🥰me gusta
Fernanda
👍👍❤️
celimar
me gusta tu historia gracias por compartirla 👏🥰
Fernanda
👍👍🥰
Fernanda
el niño es muy curioso 🥰☺️🤭le da el toque de humanidad al prota
Celina Espinoza
👏🥰gracia me gusta tu historia
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