SIN SPOILER
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LA NOTISIA
La lluvia caía suavemente sobre la antigua torre.
El sonido de las gotas golpeando las piedras viejas llenaba el silencio de aquella noche fría.
Elena acomodaba leña en la chimenea mientras Luna dormía tranquilamente dentro de una pequeña cuna improvisada cerca del fuego.
La bebé ya había crecido un poco durante ese mes.
Sus mejillas estaban más redondas.
Su cabello oscuro comenzaba a verse más abundante.
Y sus ojos distintos seguían siendo imposibles de ignorar.
Uno verde esmeralda.
Uno avellana dorado.
La nodrisa sonrió suavemente al verla dormir.
—Cada día te pareces menos a una recién nacida…
Luna hizo un pequeño sonido dormida.
Elena soltó una pequeña risa cansada.
Aunque vivieran aisladas…
la torre comenzaba a sentirse menos triste.
Pero aquella tranquilidad desapareció cuando escuchó golpes en la puerta principal de la torre.
La mujer se tensó inmediatamente.
Nadie iba allí.
Nunca.
Elena tomó rápidamente una pequeña lámpara y caminó con cuidado hacia la entrada.
El viento soplaba fuerte cuando abrió apenas la enorme puerta de madera.
Un hombre cubierto por una capa oscura estaba frente a ella.
Empapado por la lluvia.
La nodrisa lo reconoció enseguida.
Era uno de los sirvientes del castillo.
—¿Qué haces aquí? —susurró nerviosa.
El hombre miró rápidamente hacia ambos lados antes de responder:
—Traigo provisiones… y noticias.
Elena dudó unos segundos antes de dejarlo entrar.
El sirviente observó rápidamente el interior de la torre con evidente incomodidad.
Como si aquel lugar le diera miedo.
Después bajó la voz.
—La reina está embarazada otra vez.
Elena quedó inmóvil.
—¿Qué…?
—Lo anunciaron esta mañana en el castillo.
La nodrisa miró instintivamente hacia la pequeña cuna donde Luna seguía dormida.
Y una sensación amarga llenó su pecho.
Tan rápido…
Habían reemplazado a la niña tan rápido.
El hombre suspiró.
—Todo el reino está celebrando.
Claro que lo estaban.
Porque para ellos…
la primera princesa jamás había existido realmente.
Elena sintió rabia.
Una rabia silenciosa.
Miró nuevamente a Luna.
La pequeña dormía tranquilamente sin saber nada de aquello.
Sin saber que otra criatura estaba creciendo dentro del palacio mientras ella permanecía escondida como un secreto vergonzoso.
—¿La reina… dijo algo sobre la niña? —preguntó Elena en voz baja.
El sirviente dudó antes de responder.
—No parece recordarla demasiado.
La nodrisa sintió un escalofrío.
—¿Cómo que no la recuerda?
El hombre tragó saliva.
—No lo sé… pero las sirvientas dicen que desde hace semanas actúa como si la princesa realmente hubiera nacido mu3rt@.
Elena bajó lentamente la mirada.
Algo no estaba bien.
Porque ella había visto a la reina sostener a Luna.
Había visto culpa en sus ojos.
Amor incluso.
Aunque fuera solo por unos minutos.
Entonces… ¿cómo podía olvidarla tan fácilmente?
La mujer observó las llamas de la chimenea en silencio.
Y una idea horrible comenzó a formarse en su mente.
El rey.
Solo él podía estar detrás de algo así.
Pero no se atrevió a decirlo en voz alta.
El sirviente dejó varias bolsas con comida y mantas sobre una mesa vieja.
—Debo irme antes del amanecer.
Elena asintió distraídamente.
Cuando el hombre se marchó, la torre volvió a quedar en silencio.
La nodrisa caminó lentamente hasta la pequeña cuna.
Luna seguía dormida.
Tan tranquila.
Tan inocente.
Elena acarició suavemente el pequeño cabello oscuro de la niña.
—Ya quieren darte un reemplazo…
La bebé abrió lentamente los ojos.
Y la luz de la chimenea volvió a reflejar aquellos colores distintos.
Hermosos.
Únicos.
La nodrisa sintió un nudo en la garganta.
Porque mientras el castillo celebraba un nuevo embarazo…
la verdadera princesa del reino crecía olvidada entre sombras y libros prohibidos.