Mariana odió el libro dramático que leyó. Y como castigo, el libro la teletransporta dentro de la historia. dónde ahora es la protagonista muda y tonta.
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Capitulo 24
La reunión se dio lejos de miradas ajenas, en una propiedad discreta que pertenecía a uno de los contactos comerciales del marqués, el lugar no tenía adornos innecesarios, una mesa amplia, dos sillas firmes, documentos organizados con precisión; Marcel ya estaba ahí cuando Bruno llegó, de pie junto a la mesa, revisando unos papeles con atención, al escuchar la puerta levantar la mirada.
—Llegaste puntual —dijo con tono calmado.
Bruno cerró la puerta tras de sí.
—Prefiero no hacerte esperar cuando se trata de negocios.
Se acercó sin rodeos, su presencia había cambiado, su postura era más firme, su mirada directa, Marcel lo notó sin comentarlo.
—Siéntate —indicó Marcel, señalando la silla.
Bruno obedeció, apoyando una mano sobre la mesa.
—Leí tu propuesta.
Marcel se sentó frente a él, deslizando un documento.
—La tierra tiene buen potencial, el suelo es fértil, ya iniciamos producción básica, pero con inversión adecuada puede crecer rápido.
Bruno tomó el documento, recorriéndolo con la mirada.
—¿Qué cultivos?
—Grano y lino en esta etapa —respondió Marcel—, pero planeo ampliar, hay espacio para más.
Bruno asintió levemente.
—Y la administración.
—Lucero se encarga de la supervisión general —añadió Marcel sin dudar—, tiene buen ojo para eso.
Bruno levantó la vista.
—Confías bastante en ella.
Marcel sostuvo su mirada.
—Sí.
Bruno dejó el documento sobre la mesa.
—Eso es bueno.
Hubo un breve silencio, luego Bruno apoyó ambas manos.
—Voy a ayudarte.
Marcel no reaccionó de inmediato, solo lo observó.
—Necesito alguien que entienda el negocio —continuó Bruno—, y tú lo haces.
Marcel asintió.
—Y yo necesito capital y respaldo político.
Bruno inclinó apenas la cabeza.
—Lo tendrás.
Marcel acomodó los papeles.
—Entonces estamos de acuerdo.
Marcel continúo y levantó una mano ligeramente.
—Con una condición.
Bruno lo miró sin sorpresa.
—Dila.
—Fátima no debe saber nada de esto.
Bruno apoyó el codo sobre la mesa.
—No pensaba incluirla—Bruno soltó una leve exhalación—. Estoy en proceso de divorcio.
Marcel no mostró sorpresa, pero su atención se afiló.
—Entiendo.
—Ella no hará nada —respondió Bruno con firmeza—, esto es entre nosotros.
Marcel asintió, más tranquilo.
—Bien.
Y extendió la mano.
—Entonces tenemos un trato.
Bruno la tomó sin dudar.
—Tenemos un trato.
El apretón fue firme, sin dudas, sin necesidad de palabras adicionales, ambos entendían el valor de ese acuerdo.
El ambiente se relajó apenas después de eso, Marcel se recostó un poco en la silla.
—No esperaba que aceptaras tan rápido.
Bruno apoyó la espalda.
—No suelo dejar pasar oportunidades que valen la pena.
Marcel dejó escapar una leve sonrisa.
—Eres más práctico de lo que aparentas.
Bruno respondió con naturalidad.
—Estoy aprendiendo a serlo.
Hubo una pausa breve, luego Marcel habló con un tono más ligero.
—Además, esto también me conviene en otro sentido.
Bruno alzó una ceja.
—¿Cuál?
—Tenerte como aliado.
Bruno lo miró un segundo, luego asintió.
—Lo mismo digo.
El ambiente cambió a uno más cercano, no había desconfianza en ese momento, solo entendimiento.
—Tu esposa —comentó Marcel con cuidado—, no parece fácil de manejar. En varias ocasiones me ha dejado en claro eso.
Bruno soltó una risa breve, sin humor.
—No lo es.
—¿Estás seguro de querer ese divorcio?
Bruno no dudó.
—Sí.
Marcel no insistió, solo asintió y se puso de pie.
—Mantendré todo en orden de este lado.
Bruno ajustó su chaqueta.
—Yo me encargaré del resto.
Se dirigieron a la puerta, pero antes de salir, Marcel se detuvo un segundo.
—Gracias.
Bruno lo miró.
—No es un favor, es un negocio.
Marcel negó levemente.
—Aun así.
Bruno asintió sin añadir más.
Salieron cada uno por su lado, sin necesidad de más palabras.
Mientras tanto, en la residencia ducal, el ambiente era muy distinto, Fátima se movía con soltura entre los pasillos, su actitud ligera, despreocupada, como si nada la afectara, los sirvientes evitaban mirarla demasiado tiempo, sabían que su humor podía cambiar sin aviso.
Esa misma tarde, uno de los hombres con los que se encontraba en secreto llegó por una entrada secundaria, creyendo que no sería visto, su paso era rápido, su mirada inquieta, pero no fue suficiente.
Los hombres de Bruno ya estaban atentos.
En cuestión de minutos, lo rodearon.
—¿Qué significa esto? —dijo el noble, intentando mantener la compostura.
Uno de los guardias respondió.
—Acompáñenos.
—No tienen derecho.
—Lo tenemos.
El hombre intentó resistirse, pero no tuvo oportunidad, fue llevado sin hacer ruido, sin escándalo.
Horas después, Bruno se encontraba en una habitación apartada, de pie frente al hombre capturado, su expresión era firme, sin rastro de duda.
El noble lo miraba con nerviosismo.
—Esto es un error.
Bruno no respondió de inmediato, caminó lentamente alrededor de él.
—¿Lo es?
El hombre tragó saliva.
—No sé de qué se me acusa.
Bruno se detuvo frente a él.
—Entonces te lo explico. Entraste a mi casa —continuó Bruno—, te viste con mi esposa y los dos se aparean como animales. ¿No?
El hombre negó de inmediato.
—Eso no es cierto.
Bruno lo observó fijamente.
—No mientas.
El hombre desvió la mirada.
—Solo fui invitado.
Bruno dio un paso más cerca.
—¿Por quién?
El hombre dudó.
—No puedo decirlo.
Bruno alzó una ceja.
—Eso confirma suficiente.
El hombre intentó mantenerse firme.
—No he hecho nada indebido.
Bruno cruzó los brazos.
—Eso lo decidiré yo.
El hombre respiró más rápido.
—Soy de una casa noble, no puede tratarme así.
Bruno lo miró sin cambiar la expresión.
—Eso no te protege aquí.
El silencio volvió a caer.
—Dime la verdad —dijo Bruno, su voz más baja pero más firme—, y esto será más sencillo.
El hombre cerró los ojos un segundo, luego habló.
—Ella me llamó.
Bruno no reaccionó de inmediato.
—¿Cuántas veces?
El hombre dudó otra vez.
—Varias.
Bruno asintió levemente.
—¿Eres el único?
El hombre negó.
—No.
Ese fue el momento en que la mirada de Bruno cambió, no había sorpresa, pero sí una decisión más marcada.
—Entiendo.
El hombre levantó la vista.
—No quería problemas.
Bruno respondió sin suavizar.
—Ya estás en uno. Y grave. Te has metido con la esposa del duque y aunque ella ya no vale nada para mí, no permito que me falten el respeto en mi casa.
Se giró hacia los guardias.
—Déjenlo bajo custodia. Será castigado por adulterio. Ya saben que hacer.
—Sí, señor.
El hombre intentó decir algo más, pero no se le permitió.
Bruno salió de la habitación sin mirar atrás, su paso firme, su mente ya avanzando hacia lo siguiente.
Es inteligente y sensata y buena persona 🥰🥰