La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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La confusión de Marcus
El día paso muy rápido y ante la petición de Alexander esta vez fue Kattya quien sé lucio.
La cena fue un despliegue de opulencia que ocultaba una podredumbre emocional insoportable. Alexander presidía la mesa con una elegancia gélida, mientras Kattya, sentada a su derecha en el lugar que normalmente correspondía a la señora de la casa, no dejaba de tocarle el brazo y reírse de anécdotas privadas de su tiempo en el extranjero. Rodrigo de la Vega observaba la escena con las venas de la sien a punto de estallar, mientras Cassandra mantenía una compostura digna, comiendo en silencio como si estuviera en un funeral.
—Papá, Alexander tiene una noticia maravillosa que darte —soltó Kattya, lanzando una mirada cargada de malicia hacia Cassandra—. Aunque claro, para algunos será una sorpresa... incómoda.
Alexander dejó su copa de cristal sobre la mesa. Sus ojos se fijaron en Cassandra, buscando cualquier signo de desmoronamiento.
—He decidido que Kattya me acompañará a la próxima cumbre de negocios en el Caribe —dijo Alexander, su voz era como un bloque de granito—. Ella ha demostrado tener un instinto para las relaciones públicas que Cassandra, en su afán por los libros de medicina, parece haber olvidado cultivar.
Rodrigo golpeó la mesa con la palma de la mano.
—¡Esto es un insulto! Estás exhibiendo a tu cuñada mientras tu esposa está presente. Alexander, te di a mi hija mayor para que la honraras, no para que la convirtieras en el hazmerreír de la sociedad y en el bufón personal de su hermana.
—La honra se gana, Rodrigo —replicó Alexander con una frialdad cortante—. Y Cassandra ha pasado cuatro años viviendo de mi apellido sin dar nada a cambio más que silencio y distancia.
Cassandra levantó la vista. Por primera vez, no había dolor en sus ojos, sino una determinación que hizo que Alexander se tensara.
—Si lo que buscas es que me sienta humillada, Alexander, llegas cuatro años tarde —dijo ella con una voz clara y firme—. Puedes llevarte a Kattya al Caribe, a Europa o al fin del mundo. Mientras tú pierdes el tiempo en galas y mentiras, yo estaré salvando vidas. Mi título médico no depende de tu aprobación, ni de tu apellido.
Se levantó de la mesa, mirando a su padre con una sonrisa triste pero llena de gratitud.
—Papá, gracias por la cena. Si me disculpan, tengo que terminar de revisar los términos de mi residencia en Suiza. El Dr. Sterling espera mi confirmación mañana por la mañana.
Cassandra salió del comedor con la espalda recta. Kattya intentó reírse para romper la tensión, pero el ambiente se había vuelto gélido. Alexander, en lugar de sentirse victorioso, sintió una rabia sorda. Ella ya no estaba rogando; ella estaba empacando.
Desde las sombras de la entrada, Marcus, el asistente personal de Alexander, había observado todo el intercambio. Durante cuatro años, Marcus había sido el ejecutor de las órdenes de vigilancia de Alexander. Él había sido quien enviaba los informes, quien seguía a Cassandra a la universidad y quien, por orden de su jefe, filtraba las noticias sobre Kattya para herir a la joven esposa.
Marcus siempre había creído en la "justicia" de Alexander. Había visto a Charly destrozado en la cama del hospital y había aceptado la premisa de que Cassandra era la villana de la historia. Sin embargo, algo no encajaba.
Después de la cena, Marcus subió a la biblioteca para dejar unos documentos. En el camino, pasó por la habitación de Cassandra. La puerta estaba entreabierta. Vio a la joven sentada en el suelo, rodeada de libros de medicina y fotos antiguas de su madre. No estaba llorando; estaba estudiando con una devoción que Marcus solo había visto en personas con una ética inquebrantable.
Entonces, recordó algo. Buscó en su tableta los informes antiguos, los de la preparatoria San Patricio. Recordó la todo lo que recolecto, todo lo que supuestamente el señor Rodrigo había mencionado años atrás y con dinero tapo. Marcus, que era un experto en cruzar datos, se quedó mirando la foto de Kattya en el comedor, riendo con crueldad, y luego miró a la mujer que tenía frente a él, agotada de estudiar para salvar a otros.
"¿Es posible?", pensó Marcus, sintiendo un sudor frío en la nuca. "¿Es posible que hayamos estado torturando a la persona equivocada?".
Miró la elegancia sencilla de Cassandra y la comparó con la arrogancia calculadora que Kattya mostraba cada vez que Alexander no la veía. Por primera vez en su carrera al servicio de los Thompson, Marcus no sintió orgullo, sino una profunda e inquietante confusión. Si Alexander estaba castigando a Cassandra por los pecados de Kattya, no solo estaban cometiendo una injusticia... estaban creando un monstruo que terminaría por destruirlos a todos cuando la verdad saliera a la luz.
—Me equivoqué —susurró Marcus para sí mismo, apretando la tableta contra su pecho—. Señor Thompson... nos hemos equivocado de hermana.
La confusión de Marcus era ahora la semilla de una verdad que amenazaba con derrumbar el imperio de odio de Alexander, justo cuando Charly, en algún lugar de la ciudad, comenzaba a pronunciar su primera palabra inteligible en años.
Lo que todos desconocían era que Kattya había pagado no solo con efectivo, sino también con placer al Hacker que se prestó para arruinar la oportunidad de Cassandra y aunque todo se aclaró, no pudieron eliminar esa información del sistema aún peor fue como se señalaba a Cassandra como alguien de relaciones cortas, a pesar de su aparente dulzura, una mancha en su vida, que todos creían haber eliminado, sin siquiera imaginarlo esa primera información y la falta de nombre en la relación de Charly cayó sobre la joven.