se trata sobre una joven que es aceptada en una prestigiosa academia Pero lo que le parece extraño es que ella no envío ninguna solicitud y el nombre de la academia era muy raro y lo que era más extraño todavía era la reacción de su madre al escuchar el nombre de aquella academia si quieres saber de qué se trataba esa solicitud te invito a leer esta nueva y hermosa historia
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capítulo 11
El trayecto de regreso a la habitación fue silencioso. Los pasillos de obsidiana parecían más imponentes ahora, pero Beatrix ya no miraba a su alrededor con miedo, sino con una fría determinación. Jax caminaba a su lado, manteniendo una distancia respetuosa pero alerta, como un guardián silencioso.
Al cruzar el umbral, el portón de roble negro se cerró tras ellos. La habitación seguía sumida en esa penumbra elegante, iluminada únicamente por el cuenco de piedra empotrado en la pared central, donde danzaba una llama de un fuego azul brillante y constante.
Beatrix se acercó al fuego. El calor que desprendía no quemaba la piel, sino que se sentía como una pulsación de energía pura. Con cuidado, colocó sobre la mesa de noche el frasco con el Polvo del Susurro y la fina daga de plata que el director le había entregado.
—¿Estás segura de que quieres hacer esto ahora? —preguntó Jax, apoyándose contra la columna de la cama con los brazos cruzados—. Acabas de romper la mitad del despacho del viejo y tus emociones están a flor de piel.
La magia de sangre no es un juego, Blackwood. Si te desestabilizas, el fuego azul podría consumirte.
Beatrix se giró a mirarlo. Su rostro había recuperado parte de esa máscara gélida, pero sus ojos reflejaban una profunda necesidad de consuelo.
—Tengo que hacerlo, Jax —respondió con firmeza—. Es la única verdad que me queda.
Tomó la daga de plata. La hoja estaba fría. Inspiró hondo y, sin pensarlo demasiado, hizo un pequeño corte en la palma de su mano izquierda. Un hilo de sangre, extrañamente densa y con un sutil destello violeta bajo la luz, comenzó a brotar.
Caminó hacia el cuenco y extendió la mano, dejando caer tres gotas doradas de su propia esencia directamente sobre el fuego azul.
Sssss.
El fuego reaccionó al instante. Las llamas se elevaron casi un metro, cambiando de azul a un violeta intenso que iluminó cada rincón de la estancia. El aire se volvió pesado, impregnado con el aroma a granadas y tierra mojada que Beatrix ya empezaba a reconocer como el olor de su propio linaje.
—Ahora el polvo —indicó Jax con voz baja, enderezándose. Su actitud arrogante había desaparecido por completo; sus ojos amarillos vigilaban cada movimiento de la chica, listo para intervenir si el poder la superaba.
Con la mano temblorosa por el esfuerzo y la pérdida repentina de energía, Beatrix tomó el frasco, retiró el tapón y esparció el polvo plateado sobre las llamas violetas. Un destello de chispas como estrellas cubrió el fuego, y la superficie de la llama comenzó a ondular, creando una especie de portal sonoro en el centro del cuenco.
Beatrix cerró los ojos, visualizó el rostro cansado de su madre en la cocina de su hogar y habló, dejando que su voz fluyera con toda la vulnerabilidad que había estado conteniendo:
—¿Mamá...? ¿Me escuchas? Soy Bea.
A través del crepitar de las llamas violetas, la voz de su madre resonó en la habitación. No venía del aire, sino directamente en la mente de Beatrix, sonando tan clara, cálida y real que el frío del Inframundo pareció desaparecer por un instante.
—Lo sé, mi niña... —se escuchó un suspiro tembloroso, lleno de un alivio tan grande que a su madre casi se le cortaba la respiración—. Sabía que encontrarías la forma. Dios mío, Bea... puedo sentirte. Siento tu energía. Estás allá abajo, ¿verdad? Estás en la Academia.
En el fuego azul, las llamas bailaron trazando siluetas difusas de la cocina de su hogar. Se podía escuchar el sonido de la taza de café siendo apartada apresuradamente.
—Mamá... lo descubrí todo. Vi el espejo —dijo Beatrix, apretando la mano herida contra su pecho, sintiendo cómo el cansancio mágico empezaba a pesarle en los hombros—. Vi a... a ellos dos. Me traicionaron, mamá. Todo lo que creía real en la superficie era una mentira.
Un silencio pesado llegó desde el otro lado, seguido por el sonido de un sollozo ahogado de su madre.
—Oh, mi amor... lo siento tanto —respondió la voz de su madre, cargada de una culpa profunda—. Quise darte una vida normal, una vida donde pudieras amar y ser una chica común. Pero el mundo humano es... es frágil, y las personas a veces son crueles y egoístas. Te fallé al no prepararte para esto.
Tu padre me advirtió que los mortales terminarían lastimándote si no sabías defenderte.
Jax, que se había mantenido a un metro de distancia con los ojos fijos en el fuego, dio un paso más cerca. Al ver que las llamas parpadeaban de forma inestable por la debilidad de Beatrix, colocó una de sus manos firmes y cálidas sobre el hombro de ella, inyectándole una pizca de su propia energía para sostener el vínculo.
—No me fallaste, mamá. Me protegiste —dijo Beatrix, sintiendo el apoyo de Jax—. Pero ahora estoy aquí. El Director dice que tengo que elegir a un esposo entre cuatro herederos... que mi sangre es de la dinastía Blackwood. Tengo miedo, pero... también tengo mucha rabia.
La voz de su madre cambió, perdiendo el llanto y adoptando un tono de profunda seriedad y orgullo.
—Escúchame bien, Beatrix. Eres mi hija, pero también eres la sangre del Rey. Esos chicos que te rodean... ninguno de ellos puede obligarte a nada si tú no lo permites. No dejes que te vean como un trofeo. Si el mundo humano te dio la espalda, enséñale al Inframundo por qué eres la heredera del trono. Aprende, hazte fuerte... y cuando domines ese fuego, tú serás quien decida tu propio destino. Tu padre te ama, Bea. A su manera oscura, pero te ama. Confía en tu instinto.
El fuego azul empezó a parpadear rápidamente, señal de que el Polvo del Susurro se estaba agotando y la herida de la palma de Beatrix estaba dejando de sangrar.
—El portal se está cerrando, mamá... —alcanzó a decir Beatrix con urgencia.
—Te amo, mi niña. Siempre estaré orgullosa de ti. Sé fuerte...
Las llamas dieron un último destello violeta y regresaron a su tamaño original, volviendo a ser de un azul constante y silencioso. El vínculo se había cortado.
Beatrix se tambaleó un poco, agotada por el esfuerzo, pero Jax la sostuvo del brazo antes de que cayera. La tristeza en los ojos de la joven seguía allí, pero ahora, mezclada con las palabras de su madre y la energía del Inframundo, una chispa de fría determinación comenzaba a apoderarse de ella. Ya no era solo una chica humana engañada; era Beatrix Blackwood.