Licette es la segunda princesa de Francia, sus medios hermanos la odian al ser hija de su madrastra, la segunda reina. Mientras ella agonizaba en una celda, juro que si en una próxima vida los volvía a ver, pagarían lo que le hicieron. Cuando despertó, descubrío que había vuelto en el tiempo, unos años atrás... Está vez ajustaría cuentas con todos los que la hicieron sufrir 💔
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Capítulo 1: Mi último día
Podía sentir cómo mis fuerzas abandonaban lentamente mi cuerpo.
Cada respiración era más dolorosa que la anterior.
Los azotes habían abierto heridas en mi espalda, y el frío de la celda se filtraba por ellas como cuchillas de hielo. Hacía días que apenas probaba alimento; la poca agua que recibía apenas bastaba para mantenerme consciente. Mi memorias se volvían borrosas con cada recuerdo.
Iba a morir. Y lo peor era que quienes más deseaban mi muerte compartían mi sangre. Solté una amarga sonrisa.
La acusación era perfecta. La segunda princesa del reino había envenenado al rey.
Las pruebas eran irrefutables. Los supuestos testigos habían declarado en mi contra. Los sirvientes aseguraban haberme visto cerca de las habitaciones reales. Incluso el veneno había sido encontrado entre mis pertenencias. Gemi ante el dolor que experimentaba. Todo estaba cuidadosamente preparado. Desde el principio, mi destino había sido decidido por otros. En esos instantes escuché como la pesada puerta de hierro se abrió con un chirrido:
Dos figuras entraron. No necesité levantar la cabeza para reconocerlos. Adrien y Catarina.
Mis hermanos. O mejor dicho, mis verdugos.
—Morirás aquí —dijo Catarina con una sonrisa cruel—. Nunca debiste haber nacido.
Sus palabras ya no me herían. Había escuchado cosas peores durante toda mi vida. Adrien con una expresión de asco se acercó a los barrotes.
—¿Qué te parece ahora, Lissette? Todo lo que amas termina desapareciendo.
Levanté la mirada. Recordé otras cosas que me hizo. A pesar de mi estado, aún conservaba suficiente orgullo para no inclinar la cabeza ante ellos.
—Ustedes no conocen esa palabra_ murmuré débilmente
El silencio que siguió fue breve.
—¿Amor? —rió Lucien con desprecio—. Las personas como tú no merecen algo tan puro.
Mis dedos se cerraron sobre la paja húmeda del suelo. Ellos no entendían nada. Nunca lo hicieron.
Porque si existía alguien incapaz de amar, eran ellos. Los observé por última vez. Mis hermanos.
Los mismos que me habían odiado desde antes de comprender el significado de aquella palabra.
Todo porque mi madre ocupó el lugar que una vez perteneció a la suya. Mi madre... Lady Clarisse.
La mujer más hermosa que el reino había conocido. El rey se enamoró de ella durante un baile y desafió las críticas de la nobleza para convertirla en su segunda reina. Un año después nací yo. Y desde entonces, mi existencia fue suficiente para despertar el resentimiento de quienes nunca aceptaron a mi madre. Más cuando era su viva imágen. Al principio fueron pequeñas crueldades. Comida arruinada.
Vestidos rasgados. Rumores. Insultos.
Luego vino la enfermedad de mi madre.
Una enfermedad extraña que consumió lentamente su cuerpo mientras los médicos observaban impotentes. Yo tenía cinco años cuando comenzó. Siete cuando murió.
Y con ella desapareció la única persona que realmente me amó. Después de eso, el palacio se convirtió en un infierno.
Mi padre se hundió en el duelo. Los sirvientes dejaron de obedecerme. Y mis hermanos encontraron por fin la oportunidad de hacerme sufrir sin consecuencias. Durante años soporté humillaciones en silencio. Hasta que mi abuelo materno intervino. Aún recordaba la expresión horrorizada del marqués cuando me vio.
Estaba tan delgada que parecía una sombra.
Mis mejillas hundidas. Mi cabello sin brillo.
Mis brazos cubiertos de moretones. Aquella misma semana exigió llevarme con él.
Y por primera vez en mucho tiempo fui feliz.
No completamente. Pero sí lo suficiente para recordar cómo era vivir sin miedo.
Sin embargo, la felicidad nunca duró demasiado para mí. Dos años después regresé al palacio.
Y fue entonces cuando apareció él.
El caballero encargado de vigilarme. Alguien frío.
Distante. Molesto por tener que cumplir aquella tarea. Durante mucho tiempo creí que me despreciaba igual que todos los demás.
Qué equivocada estaba.
Porque al final... Fue la única persona que intentó salvarme. La visita de mis hermanos terminó poco después. Quizás porque ya habían conseguido lo que querían. Verme derrotada. Verme morir. Cuando la puerta de la celda volvió a cerrarse, el silencio regresó. Mis párpados pesaban. Cada respiración era más débil que la anterior. Ya no sentía hambre ni sed.
Solo frío. Un frío profundo que parecía extenderse desde mi pecho hacia cada rincón de mi cuerpo.
¿Así se sentía la muerte? Me pregunté si mi madre me estaría esperando. Si al fin podría descansar. Las horas pasaron lentamente.
O tal vez fueron minutos. Ya no podía distinguirlo.
Entonces escuché algo. Pasos. Rápidos.
Desesperados. Al principio pensé que era una ilusión. Pero el sonido se hizo cada vez más fuerte. Una voz gritó órdenes en el pasillo.
El ruido de una llave girando resonó en la oscuridad. Y la puerta se abrió de golpe.
La luz de las antorchas me obligó a cerrar los ojos.
—¡Princesa!_ grito
Aquella voz... La conocía.
Escuché pasos acercándose y sentí unos brazos rodearme con cuidado.
—No... —susurró el hombre—. No, no, no...
Abrí los ojos con dificultad. Cabello oscuro.
Ojos grises como una tormenta.
La expresión fría que siempre llevaba había desaparecido. Por primera vez lo vi realmente alterado.
—¿Caballero...?_ pregunté con dificultad
Su mandíbula se tensó.
—Estoy aquí_ susurró con gentileza que me conmovió
Una extraña sensación de alivio recorrió mi pecho.
Durante años había pensado que le desagradaba.
Durante años creí que me observaba por obligación. Pero aquella mirada... Aquella desesperación... No podía fingirse.
—Llegué demasiado tarde —murmuró.
Una gota cálida cayó sobre mi mano. Tardé unos segundos en comprender que era una lágrima.
El hombre que jamás mostraba emociones estaba llorando. Por mí.
—No debería haberlo permitido —dijo con voz ronca—. Debí sacarla de este lugar cuando tuve la oportunidad.
Intenté levantar una mano. Mis dedos apenas lograron rozar su mejilla.
—No es tu culpa.
—Lo es.
Negué débilmente. Había demasiadas cosas que quería decir. Demasiadas cosas que comprendía recién ahora. Pero las palabras ya no salían.
Mi vista comenzaba a oscurecerse.
—Lo siento —susurré.
El caballero me observó confundido.
—¿Por qué se disculpa?_ preguntó
Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.
—Porque... nunca confié en ti.
Sus ojos se abrieron. Y por primera vez desde que lo conocía, pareció completamente vulnerable.
—Lissette...
Escuchar mi nombre pronunciado de aquella forma hizo que mi corazón doliera.
Nadie me había llamado así en mucho tiempo.
No con cariño. No con preocupación.
No como si realmente importara.
—Si existiera otra vida... —murmuré— haría las cosas diferente.
Sus manos se aferraron a las mías.
—Entonces viva para hacerlo_ decía
Quise reír. Pero ya no tenía fuerzas.
La oscuridad avanzaba cada vez más rápido.
La última imagen que vi fue su rostro inclinado sobre mí. La última persona que permaneció a mi lado.La única que intentó salvarme.
Y mientras mi conciencia desaparecía, un único pensamiento cruzó mi mente.
Si tuviera otra oportunidad...
Esta vez me quedaría con él.
Entonces todo se volvió negro.
de Claude pero por lo menos le regreso el golpe de la vez pasada y espero que hagan alguna prueba de paternidad y que el rey sea liberado
pero dice despues, que la dejo sola y no sabe con quien estubo?
solo acepto para que su hijo sea conde no por ambición pero a ver si apoya a su hijo y que el rey hable con su hija también antes de tomar una decisión y que logren impedir que maten al rey que me imagino que describió que Adrien no es su hijo a ver cómo sigue todo