Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.
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La lista negra
Gabriel Morel sintió que algo estaba mal desde el instante en que salió del apartamento.
La lluvia seguía cayendo sobre la ciudad, pesada y constante, mientras caminaba junto a Emma Sinclair hacia el estacionamiento subterráneo del edificio.
Ninguno hablaba.
Pero el silencio ya no era normal.
Era el tipo de silencio que aparece cuando dos personas entienden que acaban de entrar en algo demasiado peligroso para salir intactos.
Emma abrazaba sus propios brazos intentando controlar el temblor de las manos.
Gabriel la observó apenas un segundo.
Nunca la había visto así.
Emma siempre parecía tener el control.
Elegante.
Inteligente.
Segura.
Ahora parecía una mujer destruida por secretos que llevaba demasiado tiempo ocultando.
—¿A dónde iremos? —preguntó Gabriel finalmente.
Emma dudó.
—Tengo un lugar donde Alexander no pensaría buscarme.
Eso no tranquilizó absolutamente nada a Gabriel.
Entraron rápidamente al estacionamiento vacío.
El eco de sus pasos retumbó entre las columnas de concreto.
Gabriel sacó las llaves de su vehículo.
Y entonces ocurrió algo extraño.
Emma se detuvo abruptamente.
Completamente inmóvil.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
Ella observaba fijamente hacia el fondo oscuro del estacionamiento.
La respiración comenzó a acelerársele.
—No estamos solos.
El corazón de Gabriel golpeó fuerte.
Giró lentamente la mirada.
Y entonces vio una silueta apoyada contra uno de los vehículos.
Un hombre alto.
Vestido completamente de negro.
Inmóvil.
Esperándolos.
Gabriel dio un paso delante de Emma inmediatamente.
—¿Quién demonios eres?
La figura avanzó lentamente hacia ellos.
Y cuando la luz alcanzó finalmente su rostro…
Emma perdió completamente el color.
—No… —susurró.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Lo conoces?
Emma retrocedió un paso.
Aterrada.
—Se llama Viktor Karev.
El hombre sonrió apenas.
Pero no fue una sonrisa humana.
Fue peor.
Fría.
Vacía.
Peligrosa.
Gabriel sintió tensión inmediata recorrerle el cuerpo.
Porque Viktor no parecía un empresario.
Ni un guardaespaldas.
Parecía exactamente el tipo de hombre que alguien enviaría para desaparecer personas.
—Alexander quiere hablar contigo —dijo Viktor observando directamente a Emma.
Emma negó inmediatamente.
—No voy contigo.
La sonrisa de Viktor desapareció.
—Eso no era una invitación.
Gabriel avanzó un paso.
—Ella no irá a ninguna parte.
Viktor finalmente giró el rostro hacia él.
Y por primera vez mostró verdadero interés.
—Tú debes ser Gabriel Morel.
Aquello fue suficiente para disparar todas las alarmas dentro de Gabriel.
Porque ese hombre ya sabía quién era.
Y eso solo significaba algo:
lo habían estado vigilando.
—Aléjate de ella —dijo Gabriel.
Viktor soltó una pequeña risa seca.
—No tienes idea de dónde te metiste.
Gabriel apretó la mandíbula.
—Ni tú idea de lo poco que me importa ahora mismo.
Emma sujetó rápidamente el brazo de Gabriel.
—No hagas esto.
Pero ya era tarde.
Porque Viktor comenzó a avanzar otra vez.
Lento.
Seguro.
Como un hombre completamente acostumbrado a que los demás le tengan miedo.
—Emma cometió un error —dijo él—. Y las personas que cometen errores terminan causando problemas.
Gabriel sintió rabia inmediata.
—¿Qué son ustedes? ¿Una maldita mafia?
Viktor sonrió apenas.
—Algo mucho más organizado.
Y entonces sacó lentamente una pistola.
El mundo pareció detenerse.
Emma soltó un pequeño grito ahogado.
Gabriel sintió cómo la adrenalina explotaba dentro de su cuerpo.
Pero Viktor no apuntó hacia él.
Apuntó directamente hacia Emma.
—Última oportunidad —dijo con voz fría—. Ven conmigo.
Emma comenzó a llorar.
—Alexander no sabe que estás aquí.
Aquello hizo que Viktor inclinara apenas la cabeza.
—Exactamente por eso todavía sigues viva.
Gabriel abrió lentamente los ojos.
¿Qué significaba eso?
Entonces Emma susurró algo que hizo que el miedo creciera todavía más.
—Alexander jamás permitiría esto…
Viktor soltó una pequeña risa.
—Alexander Vega ya no controla nada.
Silencio.
Y esas palabras…
cambiaron completamente el ambiente.
Porque por primera vez alguien insinuaba algo aterrador:
Alexander también podía estar perdiendo el poder.
A varios kilómetros de allí, Isabella observaba la lluvia caer desde la ventana del pequeño motel abandonado donde Dante decidió esconderse temporalmente.
La habitación olía a humedad y cigarrillo viejo.
Muy lejos de la vida elegante que solía tener.
Pero eso ya no importaba.
Nada importaba ahora mismo.
Porque su cabeza estaba llena de recuerdos.
Y cada recuerdo parecía destruir otra parte de la vida que creía conocer.
Evelyn Sinclair.
La hermana gemela de Emma.
La verdadera mujer dentro del automóvil.
Isabella cerró lentamente los ojos.
Todavía podía escucharla.
“Si algo me pasa… no confíes en nadie.”
Aquella frase regresó de golpe.
Y con ella…
otro recuerdo.
El rostro de Evelyn lleno de sangre.
Una memoria USB.
Y Alexander gritando por teléfono mientras alguien los perseguía.
Isabella abrió los ojos inmediatamente.
La USB.
Dios mío.
Ella la había tomado aquella noche.
Se llevó rápidamente una mano al pecho.
La respiración comenzó a acelerársele.
Porque ahora recordaba exactamente dónde estaba.
Y si ella lo recordaba…
otros también podrían hacerlo.
La puerta de la habitación se abrió abruptamente.
Dante entró observándola fijamente.
—¿Qué ocurre?
Isabella levantó lentamente la mirada.
Y Dante notó inmediatamente el miedo en sus ojos.
—Ya recordé algo más.
Eso tensó instantáneamente el ambiente.
—¿Qué cosa?
Isabella tragó saliva.
—Evelyn me entregó algo antes del accidente.
Dante se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué te entregó?
—Una memoria USB.
El silencio explotó dentro de la habitación.
Y por primera vez desde que Isabella lo conocía…
Dante pareció genuinamente alarmado.
—¿Dónde está?
Isabella cerró los ojos intentando recordar.
La lluvia.
El puente.
El sonido de sirenas lejanas.
Y luego…
un casillero.
Sí.
Un casillero.
—La escondí.
Dante avanzó rápidamente hacia ella.
—¿Dónde?
—No recuerdo exactamente…
Eso no ayudó.
Porque Dante sabía perfectamente lo que significaba aquella USB.
Si Evelyn realmente alcanzó a copiar la información de la organización…
entonces allí dentro debía existir suficiente evidencia para destruir a muchísimas personas poderosas.
Y eso convertía a Isabella en el objetivo más peligroso de todos.
El teléfono de Dante comenzó a vibrar.
Él respondió inmediatamente.
—Habla.
La voz del otro lado sonó urgente.
Demasiado urgente.
Dante escuchó en silencio.
Y mientras lo hacía…
su expresión comenzó a oscurecerse lentamente.
Isabella sintió miedo inmediato.
—¿Qué pasó?
Dante bajó lentamente el teléfono.
Y cuando habló…
su voz sonó más fría que nunca.
—Encontraron a Gabriel.
Isabella sintió que el corazón dejaba de latirle.
—¿Qué?
Dante la observó fijamente.
—Y no fue Alexander.
El aire desapareció completamente de los pulmones de Isabella.
Porque eso significaba algo muchísimo peor.
Había alguien más moviéndose antes que Alexander.
Alguien que quería encontrar la USB.
Y si ya tenían a Gabriel…
entonces probablemente solo faltaba tiempo para que descubrieran también a Isabella.
Alexander Vega observaba la enorme pantalla frente a él dentro de la oficina privada del piso cuarenta y ocho.
En la pantalla aparecía una lista de nombres.
Algunos tachados.
Otros marcados en rojo.
Leon permanecía detrás de él completamente en silencio.
Porque conocía aquella lista.
La famosa lista negra.
Personas consideradas amenazas para la organización.
Periodistas.
Exsocios.
Políticos.
Testigos.
Y ahora…
un nuevo nombre acababa de aparecer agregado al final.
Gabriel Morel.
Alexander apretó lentamente la mandíbula.
Porque aquello jamás debía pasar.
Nunca.
—¿Quién autorizó esto? —preguntó con voz baja.
Leon tragó saliva.
—No lo sabemos todavía.
Alexander giró lentamente hacia él.
Y sus ojos ahora daban miedo de verdad.
—Entonces averígualo.
Silencio.
Leon dudó apenas un segundo antes de hablar.
—Hay rumores de que Viktor Karev volvió a tomar decisiones por su cuenta.
Eso hizo que el ambiente se volviera inmediatamente más peligroso.
Porque Viktor Karev era exactamente el tipo de hombre que jamás debía actuar libremente.
Un hombre obsesionado con eliminar amenazas antes de que crecieran.
Alexander volvió la mirada hacia la pantalla.
El nombre de Gabriel seguía brillando en rojo.
Y por primera vez en muchos años…
Alexander Vega sintió algo parecido al miedo verdadero.
Porque entendió exactamente lo que venía ahora.
La organización acababa de declarar a Gabriel como objetivo.
Y cuando alguien entraba en esa lista…
normalmente no salía vivo.