Fabián de Castro es un hombre poderoso y respetado en su ciudad. Es frío y poco sociable, dueño de un casino muy visitado por toda clase de persona. También es uno de los solteros más deseado. En una deuda de juego su pago es Débora, quien acababa de recibir su título de profesora y estaba orgullosa de haber logrado su sueño. Al llegar a su casa, se entera entre otras cosas, que la pequeña herencia que sus padres pudieron dejarles al morir, su hermano mayor la había acabado en juegos, mujeres y alcohol. Fabián sintió que si él no se hacía cargo, el hermano la vendería a otro hombre y no sé comportaría igual, así que termina por aceptar. Entre ellos comienza una rivalidad que oculta los sentimientos reales que comienzan a surgir con cada gesto cariñoso y detallista que se hacen al descuido.
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Capítulo 17: La primera jugada de Valeria
La noche cayó sobre la ciudad con una calma inquietante.
Esa clase de calma que no anuncia paz… sino lo contrario.
En la mansión De Castro, Fabián no había salido de su despacho en horas.
Los informes estaban sobre la mesa, abiertos como heridas recientes.
Valeria Montenegro.
El nombre seguía ahí, como una sombra que se negaba a desaparecer.
Y con cada minuto que pasaba, Fabián entendía algo con más claridad:
Ella no había vuelto por nostalgia.
Había vuelto por guerra.
Débora entró sin tocar.
Ya no lo hacía.
No porque hubiera perdido respeto, sino porque entre ellos había cambiado algo invisible: una confianza silenciosa que no necesitaba formalidades.
—No has comido nada —dijo ella.
Fabián ni levantó la vista.
—Estoy trabajando.
—Eso no es una respuesta.
Él soltó un leve suspiro.
—Es la única que tengo ahora.
Débora cerró la puerta detrás de ella y se acercó.
—¿Encontraste algo nuevo?
Fabián empujó un documento hacia ella.
—Más de lo que debería existir.
Débora lo revisó.
Fotos.
Registros.
Rutas bancarias.
Y un patrón.
Uno muy claro.
—Ella está moviendo dinero fuera del país —murmuró Débora.
—No solo dinero —respondió Fabián—. Está moviendo personas.
El silencio se volvió más pesado.
—¿Luis está con ella?
La pregunta fue directa.
Demasiado directa.
Fabián tardó en responder.
—No lo sé.
Débora sintió un escalofrío.
—Eso significa que puede estar en peligro.
—O que está colaborando.
La frase cayó entre ellos como una piedra.
Débora lo miró de inmediato.
—No.
—Débora…
—No mires a mi hermano como si fuera un traidor sin pruebas.
Fabián sostuvo su mirada.
—Ya nos traicionó una vez.
Silencio.
Débora bajó la mirada.
Dolía… porque era verdad.
Pero no toda la verdad.
—Entonces ¿qué hacemos? —preguntó ella en voz baja.
Fabián se levantó lentamente.
—Esperar.
—Eso no suena a ti.
Él la miró.
—Porque no me gusta.
A varios kilómetros de la mansión.
Luis despertó en la misma habitación elegante.
Pero esta vez no estaba solo.
Valeria lo esperaba de pie junto a la ventana.
—Pensé que no volverías a despertar —dijo ella sin mirarlo.
Luis se incorporó con dificultad.
—¿Qué quieres de mí exactamente?
Valeria giró lentamente.
—Ya te lo dije.
Se acercó.
—Fabián De Castro.
Luis apretó la mandíbula.
—No voy a ayudarte a destruirlo.
Valeria sonrió.
—No te estoy dando opciones.
Luis la miró con rabia.
—No sabes con quién estás jugando.
Ella se inclinó un poco hacia él.
—Sí lo sé.
Pausa.
—Con un hombre que ya perdió demasiado para seguir protegiendo lo que ama.
Luis sintió un golpe en el pecho.
—Déjame ir.
Valeria negó suavemente.
—No aún.
Se levantó y caminó hacia la mesa donde había un teléfono.
Lo encendió.
Y lo giró hacia él.
En la pantalla.
Una imagen.
Débora.
Luis se quedó helado.
—¿Qué le hiciste?
Valeria sonrió.
—Nada… todavía.
El silencio se volvió violento.
—Si le haces daño…
—No necesito hacerle daño —interrumpió ella—. Solo necesito que Fabián crea que puede perderla.
Luis entendió en ese momento.
No era solo venganza.
Era destrucción emocional.
Valeria no quería ganar.
Quería romperlo.
Esa misma tarde.
Débora caminaba por los jardines cuando recibió un mensaje.
Número desconocido.
Solo una frase.
"Él no te está diciendo toda la verdad."
Frunció el ceño.
Otro mensaje llegó segundos después.
"Pregunta por Valeria Montenegro."
El corazón de Débora se aceleró.
Miró alrededor.
Instintivamente.
Pero no había nadie.
Aun así…
Sentía que algo la observaba.
Cuando entró a la mansión, fue directo al despacho de Fabián.
—Necesito preguntarte algo.
Fabián levantó la mirada.
—Dime.
Ella dudó.
—¿Qué tipo de mujer es Valeria realmente?
El aire cambió.
Fabián se quedó inmóvil.
Demasiado inmóvil.
—¿Por qué preguntas eso?
Débora dio un paso adelante.
—Porque alguien me está escribiendo sobre ella.
El rostro de Fabián se tensó de inmediato.
—¿Qué te dijeron?
Débora le mostró el mensaje.
Fabián lo leyó.
Y por primera vez en mucho tiempo…
su control se quebró ligeramente.
—No debiste responder.
—No respondí. Solo leí.
Fabián guardó silencio.
Luego se levantó.
—Esto ya empezó.
Débora sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué significa?
Fabián la miró directamente.
—Que Valeria ya hizo su primera jugada.
Silencio.
—Y no va a detenerse contigo.
Débora sintió frío.
—¿Conmigo?
Fabián se acercó.
—Ella no quiere destruirme solo a mí.
Pausa.
—Quiere todo lo que me importa.
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier amenaza.
Y por primera vez…
Débora entendió que la guerra ya no era externa.
Era personal.