NovelToon NovelToon
¿Te Amo O Te Odio?

¿Te Amo O Te Odio?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Mauricio y Celine no tuvieron el mejor comienzo, así que les tocará a ellos vencer los obstáculos que el destino les ha puesto para determinar que final quieren para su matrimonio. intrigas, secretos, envidias y más

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21: Entre la verdad y la mentira

—¡Celina!

La voz de Mauricio resonó por toda la habitación.

Sin pensarlo, avanzó hacia ella.

Pero Valentina se interpuso.

No de forma agresiva.

Ni amenazante.

Simplemente se colocó entre ambos.

Como alguien que sabía exactamente dónde debía estar.

—Apártate —dijo Mauricio.

Su voz era baja.

Peligrosamente baja.

Valentina lo observó sin alterarse.

—Si hubiera querido hacerle daño, no estaría de pie.

—No vuelvas a acercarte a ella.

Celina levantó la vista.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Pero también de algo más.

Confusión.

Demasiada confusión.

Porque ya no sabía qué creer.

Mauricio.

Valentina.

Inés.

Su padre.

Don Augusto.

Todos parecían poseer piezas distintas de una historia que ella nunca había pedido conocer.

—Mauricio... —murmuró.

Él finalmente llegó hasta ella y se arrodilló a su lado.

—Estoy aquí.

Aquellas tres palabras hicieron que algo dentro de Celina se quebrara.

Durante días había estado luchando sola.

Contra secretos.

Contra mentiras.

Contra fantasmas.

Y por primera vez sintió que podía respirar.

Aunque fuera un poco.

Mauricio tomó suavemente sus manos.

—¿Te hizo daño?

Celina negó.

—No.

Valentina observó la escena sin intervenir.

—Nunca fue mi intención lastimarla.

Mauricio levantó la mirada.

—Entonces explícame por qué la secuestraste.

Valentina suspiró.

—Porque nadie iba a decirle la verdad.

—¿Y tú sí?

—Al menos una parte.

Mauricio se puso de pie.

La furia seguía presente.

Pero ahora estaba mezclada con algo peor.

Necesidad.

Necesidad de respuestas.

—Habla entonces.

Valentina permaneció en silencio unos segundos.

Como si estuviera eligiendo cuidadosamente cada palabra.

—Todo lo que les han contado sobre el llamado Proyecto Montenegro está equivocado.

Inés apareció entonces en la entrada de la habitación junto al padre de Celina.

Nadie habló.

Todos escuchaban.

—No existía ningún programa secreto para crear personas ni experimentos genéticos —continuó Valentina.

Celina sintió que el aire regresaba lentamente a sus pulmones.

Porque aquella explicación absurda jamás había terminado de encajar.

Valentina observó los documentos sobre la mesa.

—La verdad es mucho más humana.

Y mucho más cruel.

El padre de Celina cerró los ojos.

Como si ya supiera lo que estaba a punto de escuchar.

—Hace veinticinco años —continuó Valentina—, varias familias poderosas estaban involucradas en negocios que podían destruirlas si salían a la luz.

Fraude financiero.

Desvío de fondos.

Propiedades registradas con nombres falsos.

Herencias manipuladas.

Empresas fantasma.

Mauricio sintió un escalofrío.

Eso sí sonaba real.

Demasiado real.

—Lucía descubrió todo por accidente.

Celina sintió un nudo en la garganta.

—¿Mi madre?

Valentina asintió.

—Ella trabajaba para una fundación vinculada a varios empresarios importantes.

Entre ellos, los Montenegro.

Don Augusto incluido.

El silencio se volvió absoluto.

—Al principio pensó que eran simples irregularidades administrativas.

Pero mientras investigaba encontró algo mucho más grande.

Pruebas.

Documentos.

Transferencias.

Firmas falsas.

Y nombres.

Muchos nombres.

—¿Y qué hizo? —preguntó Mauricio.

—Lo que cualquier persona honesta haría.

Intentó denunciarlo.

El padre de Celina bajó la cabeza.

Celina observó aquel gesto.

Y algo en su interior comenzó a temer la respuesta.

—Pero alguien la descubrió antes.

Valentina hizo una pausa.

—Y entonces empezaron las amenazas.

Celina sintió que las lágrimas regresaban.

Por primera vez estaba escuchando una historia que tenía sentido.

No conspiraciones imposibles.

No teorías absurdas.

Solo corrupción.

Poder.

Dinero.

Y una mujer intentando hacer lo correcto.

—¿Por eso murió?

Valentina tardó en responder.

Demasiado.

—No.

El corazón de Celina se detuvo.

—¿Qué?

Su voz apenas salió.

Valentina la miró.

Y por primera vez, la dureza desapareció de sus ojos.

—Porque Lucía no murió.

La habitación entera quedó congelada.

Nadie respiró.

Nadie habló.

Ni siquiera Mauricio.

—Eso es imposible —susurró Celina.

Valentina negó lentamente.

—No.

—Yo fui a su funeral.

—Fuiste a un funeral.

Pero no al de ella.

El padre de Celina se dejó caer en una silla.

Derrotado.

Como un hombre que llevaba demasiado tiempo cargando una culpa imposible.

Celina lo miró.

Y comprendió.

Antes incluso de que hablara.

—Tú lo sabías.

No era una pregunta.

Era una acusación.

El hombre cerró los ojos.

Y asintió.

Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Celina.

—¿Todos estos años?

Su padre no pudo mirarla.

—Sí.

La palabra cayó como una bomba.

—¿Me mentiste durante toda mi vida?

—Fue para protegerte.

—¡No!

El grito rompió la habitación.

—No vuelvas a decir eso.

Su voz temblaba.

Su cuerpo entero temblaba.

—Me quitaste a mi madre.

El hombre lloró en silencio.

—No tuve elección.

—Siempre hay elección.

Mauricio observaba la escena sintiendo que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Lucía estaba viva.

Si aquello era cierto...

Toda la historia cambiaba.

Todo.

—¿Dónde está? —preguntó.

Valentina levantó la vista.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Porque desapareció.

Por voluntad propia.

Hace veinte años.

Inés habló por primera vez.

—¿Estás diciendo que se escondió?

—Estoy diciendo que alguien la ayudó a desaparecer.

La habitación volvió a quedarse en silencio.

Hasta que Mauricio formuló la pregunta que todos estaban evitando.

—¿Quién?

Valentina sostuvo su mirada.

—Don Augusto.

Aquella respuesta golpeó más fuerte que cualquier otra.

Porque explicaba demasiadas cosas.

La culpa.

El silencio.

La protección obsesiva hacia Celina.

Las fotografías.

Las cartas.

Todo.

—Mi abuelo la ayudó a escapar...

Valentina asintió.

—Porque entendió demasiado tarde lo que habían intentado hacerle.

Mauricio sintió que la imagen del hombre que había conocido toda su vida comenzaba a cambiar.

No era un villano.

Pero tampoco era inocente.

Era alguien que había participado.

Y luego había intentado corregir el daño.

Celina permanecía inmóvil.

Las palabras apenas lograban procesarse.

Su madre.

Viva.

O al menos viva durante años después de su supuesta muerte.

—¿Por qué nunca regresó por mí?

Aquella pregunta fue la más difícil.

Porque nadie respondió.

Valentina bajó la mirada.

Inés guardó silencio.

Su padre comenzó a llorar.

Y Mauricio sintió un miedo terrible.

Porque entendió algo.

A veces el silencio también es una respuesta.

—¿Por qué? —repitió Celina.

Más fuerte.

Más desesperada.

Valentina finalmente habló.

—Porque creía que te estaban vigilando.

El corazón de Celina volvió a romperse.

—¿Quiénes?

Valentina levantó la vista.

—Las mismas personas que destruyeron su vida.

En ese instante sonó un teléfono.

El sonido hizo que todos se sobresaltaran.

Provenía de uno de los documentos sobre la mesa.

Un teléfono antiguo.

Que nadie había visto antes.

Valentina palideció.

Por primera vez.

De verdad.

—No puede ser...

El aparato siguió sonando.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Nadie se movió.

Hasta que Celina avanzó.

Y respondió.

—¿Hola?

Silencio.

Durante unos segundos no se escuchó nada.

Luego una respiración.

Suave.

Temblorosa.

Y finalmente una voz femenina.

Una voz que Celina no recordaba.

Pero que reconoció de inmediato.

Porque el corazón sí recordó.

—Mi niña...

Las lágrimas inundaron su rostro.

El mundo desapareció.

Y la voz volvió a hablar.

—Perdóname por haber tardado tanto.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play