Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 16
Apolo estaba disfrutando de lo que tocaba y estaba por acercarse para darle un beso, cuando siente una bofetada, al mismo tiempo que le grita.
—Eres un pervertido, vulgar, quítate de encima, que estás pesado y deja de tocarme. -
Apolo odiaba que lo golpearan y esa bofetada lo sacó de su control; lo molestó mucho.
Termina sujetando sus manos y llevándolas sobre su cabeza; la mira a los ojos al momento que le dijo.
—No vuelvas a golpearme, me molesta y me pone furioso, eso puede ser malo para ti; podría olvidar que eres mi esposa para tratarte como un simple objeto de alcoba. -
Lelia se sentía tan impotente que solo quería llorar del coraje que sentía; gira su cabeza a un lado para dejar de verlo y deja de tratar de soltar sus manos de su agarre, haciendo como que cedía a su voluntad, pero no pensaba verlo, ni se pensaba mover.
Si no podía defenderse, tampoco pensaba participar en su humillación. Mordió su labio inferior con todas sus fuerzas hasta hacerlo sangrar; ese dolor la hacía mantenerse cuerda y le ayudaba a someter sus ganas de pelear contra él, algo que sabía muy bien que podría traerle consecuencias graves.
Apolo recorre su cuello con su lengua; le parecía tan placentero que deseaba llegar hasta el final, pero ese coraje, esa furia que sintió por la bofetada, se fue cuando miró cómo la sangre recorría los labios de Lelia. Seguía por su lado izquierdo, para bajar por su quijada; estaba por llegar a su cuello cuando se dio cuenta.
Mira que se mordía con fuerza el labio; le parecía que se lo iba a arrancar. Al ver lo que hacía, suelta sus manos para sujetar su quijada y hacerla que abriera la boca, al mismo tiempo que le grita.
—Deja de lastimarte, que no te voy a hacer nada, solo estaba jugando contigo.
Entiende que me abofeteaste y eso no me gustó; merecías un pequeño castigo.
Eres una mujer loca, mira cómo te dejaste el labio, está sangrando, casi te arrancas el pedazo. -
Se levanta y la toma en sus brazos, la lleva a la cama; rápido va a buscar las sales para curar sus heridas.
Tomó un poco con un trapo limpio y empezó a curar sus heridas; ella hacía gestos de dolor y quiso quitarse, pero él la sujetó con fuerza al mismo tiempo que le dijo.
—Quédate quieta o te amarró para curar esas heridas en tu labio; mira qué feo te quedó, lo tienes hinchado y la sangre sale sin parar. -
Una vez que la sangre se detuvo, Apolo la sujetó con fuerza de su quijada y le dijo.
—No vuelvas a lastimarte de esta manera; prefiero que luches, que me grites que no quieres, pero no quiero verte sangrar; mucho menos me gusta que te lastimes.
Eres una mujer hermosa, tienes un cuerpo perfecto; no es justo que lo lastimes por tus tonterías.
Vamos a comer; solo espero que no te lastimes y que puedas comer algo, aunque tengas esas heridas. Mañana llamare al médico para que venga a revisarte, no quiero que te quede una fea cicatriz. -
Lelia, furiosa, le dice.
—No vuelvas a tocarme sin mi permiso. Sé que soy la sustituta de mi hermana; como dices tú, soy la esclava de alcoba, que tengo que darte hijos, pero aún no estoy lista.
Solo te pido un poco de tiempo para hacerme a la idea de lo que sea que tengamos que hacer.
Sé que hay que dormir juntos y hay algo más que se hace, aunque no sé exactamente qué es, pero con el tiempo sé que podré soportar lo que sea que tengamos que hacer. -
Apolo la levantó en sus brazos y la llevó a la mesa, aunque la dejó sentada en sus piernas; en ese momento atrae su mirada y le dice.
—Está bien, te daré tiempo y no pienses mucho en lo que se tiene que hacer; cuando estés lista, te enseñaré a ser una esposa completa, haremos ese hijo con el mismo deseo. -
Le dio de comer con cuidado para que no se lastimara las cortadas; después de cenar, Apolo le pidió que le mostrara la jugada de ajedrez.
Le fue difícil entenderla, pero no la dejó ir a dormir hasta que no la aprendió; ya era de madrugada y él apenas la dejó ir a la cama para dormir.
Apolo se recostó al otro lado de la cama; para su suerte, Lelia era una mujer inquieta para dormir, de las que recorrían toda la cama.
Estaba quedándose dormido cuando la mano de Lelia cayó en su rostro dándole un pequeño golpe. Abre sus ojos de golpe y, antes de que pudiera decir algo, la pierna de ella cae en las suyas.
Apolo quería gritarle, ordenarle que se alejara, pero al verla se dio cuenta de que estaba profundamente dormida y, para su mala suerte, tenía un sueño inquieto.
La escucho decir.
—Te voy a golpear, pervertido, no volverás a intimidarme. -
Una vez que dijo eso, mira cómo sus hermosas manitas las aprieta en un puño y empieza a tirar golpes; parecía que en ese sueño estaba peleando con alguien, porque los golpes que tiraba estaban siendo fuertes.
Trató de evitar sus golpes, pero uno logra darle en la boca, provocando un corte; lo peor fue la patada que le dio en la cintura, que lo hizo caer de la cama.
Se dio un fuerte golpe al caer en la espalda, se levantó furioso para solo verla girarse con una gran sonrisa, abrazó la almohada y se quedó tranquila.
Apolo se recostó en la cama; parecía que ya se había calmado y estaba por quedarse dormido cuando siente nuevamente sus brazos. Esta vez lo estaba abrazando, acariciando su pecho, con su pierna encima de las de él.
Maldijo y justo cuando abre los ojos la escucha decir
—Qué rico dulce, quiero más. -