Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Müller 1
Pasaron unos minutos en silencio.
El tiempo parecía suspendido en esa habitación.
Hasta que..
El sonido en la puerta fue claro.
El duque alzó apenas la mirada.
Gia no reaccionó.
Seguía profundamente dormida, aferrada a él.
Exhaló con cuidado.
Muy despacio, comenzó a moverse.
Intentando no despertarla.
Deslizó su cuerpo con precisión, soltándose poco a poco de su agarre.
Pero incluso dormida…
Gia buscó el calor.
Sus manos se movieron levemente en el aire.
El duque, casi por instinto, tomó una almohada cercana…
Y la colocó entre sus brazos.
Ella la abrazó de inmediato.
Su rostro se acomodó contra la tela, como si no notara la diferencia.
[…funcionó…]
El duque se levantó.
Se acomodó la ropa.
Recuperando su postura habitual.
Fría.
Controlada.
Salió de la habitación.
El guardia estaba esperando.
—Mi señor, el mago Müller ha llegado a la mansión.
El duque asintió.
—Llévenlo a la habitación.
No perdió tiempo.
Volvió a entrar.
Cerró la puerta tras de sí.
Se acercó a la cama.
Y esta vez..
No dudó.
Extendió la mano y la movió suavemente.
—Despierte.
Gia se removió.
Frunció el ceño.
Abrió los ojos lentamente.
Lo vio.
Tan cerca.
Por un segundo..
[…¿me va a besar…?]
Sus labios se separaron apenas.
Expectativa.
Pero el duque se alejó.
Un paso.
Rompiendo la cercanía.
—El mago ha llegado. Atenderá sus heridas.
La realidad volvió.
Rápido.
Gia parpadeó.
[…ah… qué decepción…]
Pero no lo mostró.
En cambio, lo miró.
Y dijo..
—No se vaya.
Su voz fue más suave.
Menos calculada.
Más… directa.
El duque la observó.
Confundido.
—No es necesario.
Gia negó levemente.
—Quiero que se quede.
Pausa.
Sus ojos no se apartaron de él.
[…no pienso quedarme sola con otro hombre…]
Recordaba bien.
Muy bien.
El duque Morozov…
Poderoso, sí.
Pero también..
Celoso.
Inseguro en lo emocional.
[…no le daré excusas…]
El duque frunció el ceño.
—No..
Pero Gia insistió.
Se incorporó apenas.
Hizo una leve mueca de dolor.
Y lo miró con esa expresión…
Casi lastimera.
—Por favor…
Silencio.
El duque no respondió.
Pero tampoco se fue.
Y en ese momento
La puerta volvió a sonar.
Se abrió.
Un hombre alto entró.
Cabello claro.
Ojos celestes.
Presencia tranquila.
El mago Müller.
Gia lo miró un segundo.
Y luego..
Volvió al duque.
—No se vaya.
Esta vez más claro.
Más directo.
El duque no dijo nada.
Pero tampoco se movió.
Se quedó ahí.
De pie.
Observando.
Y sin admitirlo…
Aceptando.
Los brazos cruzados.
La espalda recta.
Observando.
Solo asintió levemente cuando el mago Müller inclinó la cabeza en señal de saludo.
Pero no dijo nada.
No se fue.
Y eso…
No pasó desapercibido.
El mago sonrió con amabilidad profesional.
—Mi lady.
Su tono era tranquilo.
Seguro.
Acostumbrado a tratar con nobles.
Gia, en cambio…
No devolvió la sonrisa.
Su expresión se volvió más fría.
Distante.
Casi… desconfiada.
[…mantén distancia…]
El duque lo notó de inmediato.
[…cambia…]
Porque con él…
Era insistente.
Cercana.
Provocadora.
Pero con el mago..
Se cerró.
El mago se acercó lo necesario.
Observó su rostro.
El labio herido.
Las marcas visibles.
—¿Tiene alguna otra herida?
La pregunta fue directa.
Profesional.
Gia dudó.
Apenas un segundo.
Pero fue suficiente.
[…sí… pero…]
Bajó la mirada.
Y negó.
—No.
El duque entrecerró levemente los ojos.
[…dudó…]
Su voz llegó, firme..
—Diga todo.
No era una sugerencia.
Gia levantó la mirada hacia él.
Y por un instante…
Se sintió expuesta.
[…genial…]
Sus mejillas se tiñeron apenas.
—Me da vergüenza… que el mago me vea.
El significado fue claro.
Muy claro.
El duque lo entendió.
[…no son por Dacre…]
Un recuerdo breve cruzó su mente.
La noche.
El contacto.
La cercanía.
Su expresión no cambió.
Pero algo en su mirada sí.
El mago Müller también lo comprendió.
Su sonrisa no desapareció.
Pero se volvió más suave.
Más cuidadosa.
—Entiendo.
Asintió levemente.
—Entonces haremos solo una revisión general.. No se preocupe.
Su tono era respetuoso.
Correcto.
Nada invasivo.
Pero aun así..
Gia no se relajó.
Sus ojos se movían.
De él…
Al duque.
Buscando.
Confirmando.
[…sigue aquí…]
Cada vez que el mago se acercaba un poco más..
Ella miraba al duque.
Como si necesitara asegurarse.
Como si su presencia…
Fuera un ancla.
El duque lo notó.
Claramente.
Cada mirada.
Cada pequeño gesto.
Cada vez que buscaba su aprobación.
[…depende de mi presencia…]
Y, para su propia sorpresa..
No le desagradó.
En absoluto.
No dijo nada.
No intervino.
Pero tampoco se movió.
Se quedó ahí.
Observando.
Y dejando claro, sin palabras…
Que no pensaba irse.
El mago Müller se acercó un poco más, manteniendo siempre una distancia respetuosa.
Levantó las manos.
Sin tocarla.
Y entonces..
Una luz blanca comenzó a formarse entre sus dedos.
Suave.
Cálida.
Como una niebla brillante.
Gia sintió el cambio casi de inmediato.
El dolor en su cuerpo…
Disminuyó.
Las molestias.
La tensión.
Incluso el ardor en su labio.
Todo empezó a aliviarse, como si una corriente tranquila recorriera su interior.
[…ah… esto sí es vida…]
Sus hombros se relajaron.
Su respiración se estabilizó.
Y por primera vez desde el golpe..
Se sintió… bien.
El duque observaba en silencio.
Atento.
Sin intervenir.
Pero sin apartar la mirada de ella.
Cuando la luz se desvaneció, el mago bajó las manos.
—Listo.
Gia lo miró.
Y luego…
Giró hacia el duque.
Su expresión cambió.
Se volvió más suave.
Casi tímida.
Deliberadamente.
—¿Puedo pedirle algo más al mago?
El duque la observó.
Curioso.
[…¿qué más quiere ahora…?]
Asintió.
—Hágalo.
Gia volvió al mago.
—Tengo dos peticiones.
Levantó apenas la mirada.
Como si dudara.
Como si le diera un poco de vergüenza.
—La primera… Quisiera algo para no embarazarme.
Silencio.
El duque se tensó apenas.
Casi imperceptible.
Gia continuó, con una pequeña sonrisa..
—Me encantaría tener pequeños duquesitos Morozov…
Sus ojos brillaron un segundo.
Pero luego bajó la mirada.
—…pero mi esposo aún no me ha dicho si quiere tener hijos.
El duque se estremeció levemente.
[…¿duquesitos…?]
No dijo nada.
Pero claramente…
No esperaba eso.
El mago Müller asintió con calma.
—Puedo prepararle una poción. Sin embargo… no siempre son completamente efectivas. Especialmente cuando ambos poseen magia.
Gia asintió.
—Lo entiendo.
Su tono fue sincero.
—Aun así, se lo agradecería.
El mago inclinó la cabeza.
—Así será.
Gia respiró hondo.
Y entonces..
—La segunda petición…
Esta vez su expresión cambió.
Se volvió más firme.
—Quiero aprender a usar mi magia.
El duque levantó apenas la mirada.
Gia continuó..
—No quiero que vuelva a pasar algo como hoy. No quiero quedarme indefensa.
Su voz no tembló.
Pero había algo real ahí.
Determinación.
El mago Müller la observó con atención.
Luego miró al duque.
Como buscando una confirmación implícita.
Y finalmente respondió..
—La magia… normalmente se entrena desde la infancia. Es más fácil desarrollarla en esa etapa. Pero…
Sus ojos volvieron a Gia.
—Con suficiente esfuerzo… podría lograr avances.
Silencio.
Gia asintió lentamente.
[…perfecto…]
No necesitaba que fuera fácil.
Solo necesitaba…
Una oportunidad.
Y el duque..
Observándola..
Empezaba a entender algo más.
Esa mujer…
No solo era impredecible.
También…
No pensaba quedarse débil.
Es un gran peso que el.Duque llevará con toda la paciencia y amor del.mundo. 😋