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“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mitos y leyendas / Mundo de fantasía
Popularitas:316
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Personas rotas

Las horas pasaron lentamente dentro del castillo de Lytharia.

La ceremonia continuó entre discursos nobles, música elegante y conversaciones llenas de apariencias falsas.

Cecilia ya estaba cansada.

Demasiadas miradas. Demasiados murmullos. Demasiadas sonrisas vacías.

Por eso terminó escapando discretamente hacia uno de los balcones alejados del salón principal.

El aire nocturno era fresco.

Mucho más tranquilo que el interior del castillo.

La niña apoyó lentamente los brazos sobre la barandilla mientras observaba las luces lejanas de la ciudad.

Y por un momento…

simplemente respiró.

En silencio.

Hasta que escuchó pasos detrás de ella.

Cecilia volteó ligeramente.

Ren.

El Caballero Santo caminó lentamente hacia el balcón todavía usando el uniforme blanco de Ostrum.

La capa negra detrás de él se movía suavemente con el viento nocturno.

—Así que te escondiste aquí.

Cecilia se puso un poco nerviosa.

—Lo siento… ¿estaba ocupado?

Ren negó suavemente con la cabeza.

—No realmente. Las ceremonias me cansan más que las guerras.

Eso sorprendió un poco a Cecilia.

Porque esperaba alguien mucho más serio.

Ren se apoyó junto a ella observando las luces del reino.

Y después de unos segundos…

habló.

—Se nota que la arrogancia de esos tipos es demasiado innecesaria, ¿no?

Cecilia bajó lentamente la mirada.

Sabía perfectamente a qué se refería.

Los nobles.

Los murmullos.

Las miradas llenas de desprecio.

La niña apretó suavemente las manos.

—Creo que son así conmigo porque saben que tengo casi la apariencia de la Maga de la Envidia.

El silencio cayó apenas unos segundos.

El viento movió lentamente el cabello plateado de Ren.

—Así son las personas.

Su voz seguía tranquila.

Pero había algo pesado detrás de esas palabras.

—Hipócritas.

Cecilia levantó ligeramente la mirada sorprendida.

Ren sonrió apenas.

Aunque aquella sonrisa parecía cansada.

—Temen cosas que no entienden. Y cuando tienen miedo… buscan alguien a quien culpar.

Sus ojos azul cielo observaban la ciudad a lo lejos.

—Es más sencillo odiar a alguien diferente que intentar comprenderlo.

Cecilia permaneció callada.

Porque esas palabras dolían demasiado.

Precisamente porque eran verdad.

Entonces…

la niña habló nuevamente.

Su voz fue más baja esta vez.

Más cuidadosa.

—Lo siento… lo de tu madre.

El ambiente cambió apenas un poco.

El viento nocturno recorrió lentamente el balcón.

Ren quedó en silencio.

Sus ojos azul cielo parecieron perderse en recuerdos lejanos.

Batallas. Lluvia. Y una espada cubierta de sangre.

Finalmente…

sonrió suavemente.

—Gracias.

Pero Cecilia notó algo inmediatamente.

Aquella sonrisa era falsa.

Muy perfecta.

Demasiado entrenada.

Como si Ren hubiera aprendido a responder así automáticamente.

La niña bajó ligeramente la mirada.

—Todos hablan de ella como una heroína.

—Lo era.

La respuesta fue inmediata.

Firme.

Ren observó el cielo nocturno.

—Mi madre protegía personas incluso cuando tenía miedo. Incluso cuando estaba cansada.

Su voz sonaba tranquila.

Pero Cecilia podía sentir tristeza detrás de cada palabra.

—Siempre sonreía frente a los demás. Como si nada pudiera derrumbarla.

El silencio volvió.

Y entonces Ren soltó una pequeña risa amarga.

—Supongo que heredé esa mala costumbre.

Cecilia abrió ligeramente los ojos.

Porque por primera vez…

vio algo detrás de la imagen perfecta del Caballero Santo.

Soledad.

Una enorme soledad.

Ren apoyó lentamente los brazos sobre la barandilla.

—La gente cree que ser fuerte significa no romperse nunca.

Sus ojos azul cielo reflejaban la luna.

—Pero algunas veces… solo significa que no puedes permitirte caer frente a otros.

Cecilia sintió un pequeño dolor en el pecho.

Porque entendía perfectamente esas palabras.

Ella también sonreía últimamente.

Aunque todavía se sintiera rota por dentro.

Entonces…

sin pensar demasiado…

habló.

—Creo que tu madre estaría orgullosa de ti.

Ren quedó completamente inmóvil apenas escuchó aquello.

El viento recorrió silenciosamente el balcón.

Y por primera vez desde que Cecilia lo conoció…

la máscara perfecta del Caballero Santo pareció romperse apenas un instante.

Solo un segundo.

Pero suficiente para mostrar cuánto necesitaba escuchar esas palabras.

Capítulo 11

Personas rotas — Parte 2

El balcón quedó en silencio.

La música de la ceremonia apenas podía escucharse desde lejos mientras el viento nocturno movía lentamente las cortinas blancas detrás de ellos.

Ren seguía inmóvil después de las palabras de Cecilia.

Porque nadie le decía cosas así normalmente.

Todos hablaban con él como:

el Caballero Santo,

el heredero de Anastasia,

el protector perfecto.

Pero Cecilia…

acababa de hablarle simplemente como una persona.

Y eso dolía un poco.

De una manera extraña.

Entonces la voz de Cecilia rompió nuevamente el silencio.

Más baja esta vez.

Más frágil.

—A veces…

La niña apretó suavemente las manos sobre su vestido.

—Creo que fue mi culpa que mi madre muriera.

Ren giró lentamente la cabeza hacia ella.

Cecilia mantenía la mirada baja.

Sus ojos amatista temblaban ligeramente.

—Si hubiera hecho caso… si no hubiera salido corriendo… si hubiera sido más fuerte…

Su voz comenzó a quebrarse.

—Tal vez eso no habría pasado.

El silencio volvió a cubrir el balcón.

Ren observó a Cecilia unos segundos.

Y entendió inmediatamente algo importante.

Ella llevaba años culpándose.

Sola.

Sin decirlo.

—No fue tu culpa.

La respuesta llegó inmediatamente.

Firme.

Pero Cecilia negó lentamente con la cabeza.

—Pero si yo no hubiera estado ahí… el culto jamás habría llegado al santuario.

Ren frunció apenas el ceño.

—¿Quién te hizo pensar eso?

La niña tardó unos segundos en responder.

—Las personas.

Aquella sola palabra…

fue suficiente.

Ren desvió lentamente la mirada hacia la ciudad iluminada.

Y una pequeña molestia apareció dentro de él.

Porque conocía perfectamente ese tipo de personas.

Las que lanzaban culpas sobre niños solo para sentirse mejor consigo mismas.

Cecilia respiró temblorosamente.

—Mi madre murió protegiéndome…

Sus ojos amatista comenzaron a llenarse de lágrimas otra vez.

—Y ni siquiera pude hacer nada.

El viento recorrió el balcón en silencio.

Entonces Ren habló lentamente.

—Mi madre también murió protegiendo personas.

Cecilia levantó apenas la mirada.

El Caballero Santo observaba el cielo nocturno.

—Y durante mucho tiempo pensé que era mi culpa.

La niña abrió ligeramente los ojos sorprendida.

Ren sonrió apenas.

Una sonrisa pequeña.

Triste.

—Mi abuelo y mi padre me culparon durante años. Porque heredé la bendición. Porque recibí el manto.

Sus ojos azul cielo parecían increíblemente cansados bajo la luz de la luna.

—Y terminé creyéndolo.

El silencio volvió.

Pero esta vez…

ya no era incómodo.

Era el silencio de dos personas heridas entendiéndose sin necesidad de fingir.

Ren cerró lentamente los ojos.

—Pero aprendí algo.

Cecilia escuchó atentamente.

—Las personas que amamos toman decisiones por sí mismas.

El viento movió suavemente el cabello plateado del joven.

—Tu madre decidió protegerte porque te amaba. No porque fueras una carga.

La niña apretó ligeramente los labios.

Las lágrimas seguían cayendo lentamente.

—¿Entonces por qué duele tanto?

Aquella pregunta salió casi como un susurro.

Ren permaneció callado unos segundos.

Y luego respondió honestamente.

—Porque perder a alguien nunca deja de doler completamente.

No intentó darle frases perfectas.

Ni mentiras cómodas.

Solo la verdad.

—Simplemente aprendes a seguir caminando con ese dolor.

Cecilia observó el suelo en silencio.

Y por primera vez desde la muerte de su madre…

sentía que alguien realmente entendía lo que había dentro de su corazón.

Entonces Ren hizo algo inesperado.

Se quitó lentamente uno de sus guantes negros.

Y extendió la mano hacia ella.

—Ven.

Cecilia parpadeó confundida.

—¿Eh?

Ren sonrió apenas.

Esta vez…

de forma genuina.

—Te mostraré algo antes de que vuelva la ceremonia.

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