Enya una humana trasmigrada al mundo animal despierta en el cuerpo de una hembra leopardo de las nieves raza casi extinta en ese mundo, marginada por ser considerada fea, pero al ser víctima de las intrigas de su media hermana Enya al caer al agua descubre que no es fea solo está sucia, un día en su cueva toma un baño y descubre que posee una belleza hechizante conoce a sus maridos bestia, guiada por su guía bestial para ganar fuerza en esa tierra extraña dónde las bestias tienen forma humana formara vínculos con los machos más fuertes,descubriendo su verdadera forma bestial y su verdadero origen en las tierras nevadas de las montañas ocultas.
tendrá la opción de quedarse con la vida que construyo en el mundo de las bestias con sus maridos o regresar a su mundo original donde era una chaebol de primera generación
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primer esposo bestia.
Félix se lamió el labio, saboreando los fluidos que habían salpicado sobre su boca. Observó cómo palpita el pequeño agujero de Enya y eso lo estremeció aún más.
La mente de Enya se aclaró con cada resplandor del clímax. Levantó ligeramente la cabeza y observó al hombre que estaba besando su entrepierna; su rostro nublado por la excitación hizo que una extraña emoción surgiera dentro de ella. Su rostro era perfecto; en toda su vida nunca había conocido a un hombre perfectamente hermoso.
Al diablo, murmuró Enya. Si tenía que quitarse aquella excitación que ella sola no podía calmar, nada más perfecto que ese hombre frente a ella; lidiaría después con las consecuencias.
Enya levantó ligeramente su pequeño pie; con sus dedos tocó el cuello de Félix, deslizó suavemente por su pecho, descendió hasta su abdomen fuertemente apretado. Tocando con la punta de su pie aquel pilar levantado y húmedo. Acaricio la punta enrojecida suavemente en círculos.
Félix, al sentir el toque de Enya, se estremeció. De la punta de su pilar goteaba jugo de amor, deslizándose hasta sus testículos. Se mordió el labio con fuerza y gruñó: "Hembra, no me provoques más.
Agarro el pequeño pie de Enya, poniéndolo sobre su hombro. Enya sonrió con picardía.
Él se subió sobre su cuerpo lentamente, acomodándose entre sus piernas.
Quedaron cara a cara, devorando sus labios
Félix acomodó la punta del glande en la pequeña abertura de Enya; lentamente se deslizó hacia dentro
Enya abrió los ojos, estremeciéndose violentamente al sentir el grueso pilar de aquel hombre abriendo su interior; se aferró a la espalda, clavando sus uñas. Félix cerró los ojos, sumergiéndose en la suavidad y humedad de la hembra.
Ennya, al sentir el dolor de la primera vez, apretó su interior alrededor del grueso pilar de felix
Él perdió la cabeza al sentir los espasmos de Enya; apretó las nalgas, empujándose hasta el final.
Ella movió la cabeza de un lado a otro murmurando con voz entrecortada: "Espera", aferrándose a los hombros de Félix.
El emocionado retiró lentamente su pilar hasta llegar a la mitad y se empujó de nuevo con fuerza
Moviéndose de adentro hacia afuera sin control
Félix no sentía ni una pizca de arrepentimiento al seguir sus instintos; movía su cintura sin control, levantando las piernas de Enya, las puso sobre sus hombros y siguió empujando. Gruñidos de placer salían de su boca.
Sonidos de estocadas húmedas, respiraciones entrecortadas resonaban por toda la cueva
Cuando el clímax estaba cerca, se aferró al pecho de Enya con fuerza, liberando su semilla sobre la piel blanca, los pechos enrojecidos y el rostro de la hembra que se retorcía debajo de él, pero su pilar no dejaba de palpitar; aquella excitación no podía calmarse.
Ennya llegó al clímax al mismo tiempo que Félix se aferró a las pieles sobre la cama de piedra; su respiración se agitó y murmuro Si sii si.
Desplomándose sobre las pieles.
Félix la levantó ligeramente, acomodándola sobre sus pechos con el trasero levantado; acomodándose detrás, hundió su grueso y enojado pilar hasta la raíz, salpicando jugo de amor por todas partes. Movía su cintura violentamente de adentro hacia fuera, golpeando sus testículos sobre la vagina abierta de Enya.
Mmmmmm, justo ahí, eso se siente tan bien, murmuraba Enya.
Félix besó su espalda, respirando profundamente sobre su nuca expuesta, y hundió los colmillos.
Una luz apenas visible resplandeció sobre el brazo de Enya, apareciendo una marca en forma de leopardo
Ambos perdieron la cabeza y se entregaron a sus instintos hasta el amanecer. Enya se desmayó primero.
Félix, eyaculando dentro de ella, se quedó dormido sin sacar su grueso pilar del interior, impidiendo que su semilla se derramara.
Eeeeeennnnyaaaaa, un susurro apenas perceptible llamó a enya
Tu primer marido bestia ha sido aceptado. Murmuró la pequeña voz, desvaneciéndose en el aire.
Y así la mañana continuó con una pareja fuertemente entrelazada en la gran cama de piedra.