Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
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CAPÍTULO 11
El sonido volvió a repetirse, esta vez más claro.
Más cercano.
Era como cristal rompiéndose.
Levanté la mirada, confundida…
y lo vi.
Las calles.
Esas calles impecables, brillantes, perfectas…
comenzaron a agrietarse frente a mis ojos.
Líneas finas se extendieron por el suelo, por las paredes, por las ventanas, como si todo ese mundo pulcro no fuera más que una superficie frágil a punto de colapsar.
Negué levemente, incapaz de procesarlo.
Pero las grietas no se detuvieron.
Al contrario, se expandieron con rapidez, con violencia, hasta que, de un momento a otro…
todo se fragmentó.
Pedazos de aquel entorno comenzaron a desprenderse, flotando en el aire como si fueran fragmentos de vidrio.
Reflejaban imágenes distorsionadas de lo que hacía apenas unos segundos parecía real.
Instintivamente, me cubrí el rostro con las manos, esperando sentir el impacto de los cristales caer sobre mí.
Pero nunca llegó.
No hubo dolor.
Ni un solo golpe.
Ni siquiera el roce de un fragmento.
El silencio regresó, pero ya no era el mismo.
Con cautela, bajé las manos.
Y entonces lo sentí.
El olor.
Ese hedor nauseabundo regresó de golpe, llenando mis sentidos sin darme tiempo a reaccionar.
Abrí los ojos por completo…
y todo había cambiado.
Las calles limpias habían desaparecido.
En su lugar, solo quedaban suciedad, manchas oscuras y humedad acumulada.
Las casas, que antes parecían elegantes, ahora estaban deterioradas, descuidadas, algunas incluso al borde del colapso.
La gente… ya no era la misma.
Algunos yacían tirados en el suelo, completamente alcoholizados.
Otros caminaban sin rumbo, con la ropa sucia, el rostro apagado, como si la vida misma les hubiera sido arrebatada.
Y el suelo…
Tragué saliva con dificultad al notar lo que lo cubría.
Heces.
Basura.
Restos en descomposición.
Era repugnante.
Di un paso atrás, sintiendo cómo mi corazón volvía a latir con fuerza, pero esta vez no por emoción…
sino por algo mucho más frío.
Miedo.
—¿Qué… está pasando…? —murmuré, con la voz temblorosa.
Miré a mi alrededor, buscando una explicación, algo que encajara, algo que me dijera que no estaba perdiendo la cordura…
pero no encontré nada.
Solo esa sensación inquietante que se instalaba poco a poco en mi pecho.
Como si lo que había visto antes…
nunca hubiera sido real.
O peor aún…
como si este mundo…
fuera el verdadero.
Mis pensamientos dejaron de ser claros.
El hedor del ambiente era demasiado intenso… casi insoportable.
Se pegaba a la piel, se metía en la garganta, en los pulmones.
Cada respiración era un castigo.
Me cubrí ligeramente la nariz con la mano, intentando inútilmente bloquearlo.
Sentía el estómago revolverse.
Un mareo leve comenzaba a instalarse en mi cabeza.
Pero eso no era lo peor.
¿Cómo iba a regresar a casa?
Sí… podía teletransportarme.
Lo había hecho antes.
Pero aparecer de la nada en mi habitación…
sin explicación…
sin revelar que usé magia…
Era un problema.
Uno muy grande.
Solté un suspiro frustrado, bajando la mirada.
Por un momento… realmente me sentí atrapada.
Y entonces—
lo sentí.
Esa sensación incómoda…
como si algo se deslizara por mi espalda.
Miradas.
Giré apenas el rostro.
Un callejón.
Oscuro.
Húmedo.
Y ahí estaban.
Tres hombres.
Quietos.
Observándome.
Sus ojos…
no eran normales.
Había algo en ellos.
Algo sucio.
Intenciones.
Pesado.
Malicioso.
Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensar.
Se tensó.
Y entonces comenzaron a avanzar.
Lento.
Sin prisa.
Con una seguridad que me heló la sangre.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Retrocedí.
Un paso.
Luego otro.
El sonido de mis propios pasos me parecía demasiado fuerte.
Demasiado expuesto.
—No…
Mi respiración se volvió irregular.
Mi mente… en blanco.
Y justo en ese momento—
el sonido de ruedas golpeando el suelo irrumpió con violencia.
Giré la cabeza.
Un carruaje.
Venía directo hacia mí.
A toda velocidad.
Mis ojos se abrieron de golpe.
El cuerpo se me paralizó.
No podía moverme.
El cochero reaccionó en el último instante.
Tiró de las riendas con fuerza.
Los caballos relincharon, tensando los músculos.
El carruaje se detuvo bruscamente…
a un suspiro de distancia.
El viento del frenado agitó ligeramente mi cabello.
Mi corazón latía con tanta fuerza…
que dolía.
Pero no fui la única que reaccionó.
Los tres hombres…
se detuvieron en seco.
Sus miradas cambiaron.
Reconocimiento.
Y luego…
miedo.
Sin decir una sola palabra…
retrocedieron.
Y huyeron.
Desaparecieron en cuestión de segundos.
Fruncí el ceño, aún temblando ligeramente.
Confundida.
Desorientada.
¿Quién…?
Entonces—
desde el interior del carruaje…
se escuchó una voz.
—¿Qué sucede? ¿Por qué te detienes?
Grave.
Profunda.
Imponente.
No era una voz que preguntara.
Era una voz que exigía respuestas.
La cortina se levantó.
Y entonces…
lo vi.
Solo un instante.
Nuestros ojos se encontraron.
Y algo en su mirada…
me hizo contener la respiración.
Pero antes de poder procesarlo—
la cortina se cerró.
Parpadeé.
—…qué grosero.
Pero la sorpresa no duró mucho.
Porque una idea cruzó mi mente.
Rápida.
Desesperada.
Mi única salida.
Me acerqué al carruaje con decisión, aunque mi corazón aún latía con fuerza.
—Mi lord —dije, intentando que mi voz sonara firme, respetuosa—, no tengo cómo regresar a casa. ¿Podría llevarme?
Dudé apenas un segundo…
y añadí:
—Mi familia se lo "agradecera".
Lo dije con intención.
Clara.
Silencio.
Nadie respondió.
El tiempo pareció alargarse.
Pesado.
Incómodo.
Mi pecho se apretó ligeramente.
¿Y si mencionar a mi familia no funcionaba?
Di un pequeño paso atrás, sintiendo cómo la esperanza se desvanecía poco a poco.
Y entonces—
el sonido seco de la puerta del carruaje al abrirse rompió el aire.
Retrocedí por instinto.
—Entra. Rápido —dijo la voz desde el interior—. No soporto el olor.
Parpadeé, sorprendida.
—¡S-sí…!
No dudé más.
Me apresuré a subir, sosteniendo mi vestido para no tropezar, moviéndome con torpeza por la urgencia.
El interior del carruaje me envolvió de inmediato.
El aire…
era completamente distinto.
Limpio.
Casi demasiado limpio.
Cerré la puerta tras de mí.
El ruido del exterior desapareció.
El hedor… también.
Y por un instante…
sentí alivio.
Pero fue fugaz.
Porque algo en ese silencio…
en ese espacio cerrado…
en la presencia frente a mí…
me hizo comprender una cosa.
Había escapado de un peligro.
Solo para entrar…
en otro completamente distinto.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭