Ella comienza a tener sueños de otra vida.. y cuando reencarna, se da cuenta, que al parecer, esos sueños son ahora su propia vida.. así que decide cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Irvin 1
Toda la tarde Adele permaneció inquieta.
Intentó trabajar.
De verdad lo intentó.
Se sentó en la oficina.
Revisó cuentas.
Escribió ideas.
Incluso abrió tres veces el mismo documento fingiendo concentración.
Pero no podía enfocarse.
Porque sabía que Irvin vendría.
Y su cuerpo reaccionaba antes incluso que su mente.
Cada sonido del exterior la ponía tensa.
Cada carruaje que pasaba hacía que levantara la cabeza.
Y aunque intentaba mantener calma…
Sentía el pecho incómodamente apretado.
A media tarde finalmente escuchó el sonido de ruedas acercándose a la residencia.
Luego voces.
Guardias.
Caballos.
Y después…
La voz de Irvin.
Adele cerró lentamente los ojos apenas un segundo.
El simple sonido de aquella voz hizo que un escalofrío desagradable recorriera su espalda.
[Tengo que soportarlo.]
Porque sí.
Ahora eran cuñados.
No podía esconderse eternamente.
Además…
Ella ya no era la antigua Adele Roberts.
Ya no era la mujer asustada atrapada en aquel matrimonio horrible.
Ahora era la duquesa Farrel.
Y necesitaba recordarlo.
Así que respiró profundamente varias veces antes de salir finalmente al salón principal.
Cuando Irvin entró, todo en él seguía viéndose exactamente igual que en sus recuerdos.
Alto.
Elegante.
Cabello oscuro perfectamente acomodado.
Aquella sonrisa refinada que hacía que todos confiaran en él inmediatamente.
Y Adele sintió exactamente el mismo rechazo de siempre.
Solo que esta vez logró ocultarlo mejor.
Mucho mejor.
Irvin también se detuvo apenas al verla.
Porque sinceramente…
Adele había cambiado muchísimo.
La mujer frente a él ya no parecía la joven tímida y sumisa que recordaba.
Ahora había algo distinto en ella.
Más calma.
Más firmeza.
Más distancia.
Adele inclinó ligeramente la cabeza con elegancia impecable.
—Lord Irvin.
Su voz fue perfectamente correcta.
Perfectamente formal.
Y completamente fría.
Irvin respondió con la misma cortesía refinada.
—Duquesa Farrel.
Ni una palabra fuera de lugar.
Ni una expresión indebida.
Desde afuera parecían dos nobles manteniendo una conversación impecablemente educada.
Pero el ambiente…
El ambiente estaba extrañamente tenso.
Irvin habló primero..
—Vine por algunos documentos relacionados con las propiedades del oeste.
Adele asintió inmediatamente.
—Ya fueron preparados.
Le entregó los documentos con movimientos tranquilos y precisos.
Sin temblar.
Sin titubear.
Sin siquiera rozar innecesariamente las manos de Irvin al hacerlo.
Y aquello llamó muchísimo la atención de todos los presentes.
Porque Adele normalmente era cálida.
Sonreía a los sirvientes.
Conversaba amablemente.
Agradecía todo.
Pero ahora…
Parecía otra persona.
Más fría.
Más distante.
Más… duquesa.
Berys observaba discretamente desde un lado del salón.
Y notó inmediatamente algo importante.
Adele estaba tensa.
Muchísimo.
Aunque apenas lo demostrara externamente.
Sus hombros estaban demasiado rectos.
Sus movimientos demasiado medidos.
Incluso su sonrisa educada parecía cuidadosamente construida.
Los guardias también lo notaron.
Especialmente porque la duquesa evitaba mirar demasiado tiempo a Irvin.
Como si compartir demasiado contacto visual le resultara incómodo.
Irvin, mientras tanto, comenzaba a sentirse extrañamente confundido.
Porque la Adele que recordaba siempre parecía buscar aprobación.
Era suave.
Nerviosa.
Demasiado complaciente.
Pero la mujer frente a él…
Parecía mantener una distancia absoluta.
Como si deliberadamente quisiera dejar claro que no existía cercanía entre ellos.
Y honestamente…
Eso molestó un poco a Irvin sin que entendiera por qué.
—Espero que la residencia ducal esté siendo cómoda para usted —comentó él educadamente.
Adele sostuvo su mirada apenas unos segundos.
—Muy cómoda.
Su respuesta fue correcta.
Formal.
Pero completamente cerrada.
Y aquello hizo que incluso los sirvientes sintieran la incomodidad flotando en el aire.
Finalmente Irvin tomó los documentos y habló nuevamente..
—Entonces no tomaré más de su tiempo, duquesa.
Adele inclinó apenas la cabeza.
—Que tenga buen viaje, lord Irvin.
Perfecta.
Elegante.
Distante.
Irvin la observó un segundo más antes de retirarse.
Y solo cuando el sonido del carruaje comenzó a alejarse…
Adele soltó lentamente el aire que llevaba conteniendo todo ese tiempo.
Como si finalmente pudiera respirar otra vez.
Berys se acercó discretamente.
—¿Se encuentra bien, duquesa?
Adele tardó apenas un segundo en recomponerse y sonreír suavemente otra vez.
La cálida Adele habitual regresó casi inmediatamente.
—Sí… estoy bien.
Pero Berys no estuvo completamente convencida.
Porque durante unos minutos…
La duquesa había parecido una mujer completamente distinta.
Y arriba, en la habitación silenciosa…
Ivan había escuchado absolutamente todo.
El abuelo, no tiene perdón. Trabajar...no se le debe haber pasado por la cabeza, viejo vago y sinvergüenza!
🥰