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Curvas De Acero

Curvas De Acero

Status: Terminada
Genre:Grandes Curvas / CEO / Romance / Completas
Popularitas:14k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Él era solo un niño de 20 años; ella, una guerrera de 28 huyendo de una traición.
Cuando Elena despierta en una casa de seguridad, lo último que espera es encontrarse con un joven de mirada color miel y una confianza que la descoloca. Tras una noche de pasión que ella jura olvidar, Elena lo desprecia: "Niño, busca a tu padre, no tengo tiempo para juegos".
Él solo le responde con una promesa que le quema el alma: "Este niño acaba de darte el mejor recuerdo de tu vida... y voy a volver por ti".
Diez años después, el niño se ha convertido en un hombre implacable. Elena ha sobrevivido a todo, pero no está lista para el regreso de aquel extraño. Él no ha olvidado su aroma, su fuerza, ni a su "gordita". Esta vez, no aceptará un "no" por respuesta.
Una historia de reencuentro, poder y una obsesión que el tiempo no pudo borrar.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

El yate finalmente ancló frente a una costa que parecía sacada de un sueño febril. La propiedad de Alexander en las Bahamas no era una simple villa; era una fortaleza de cristal y piedra blanca incrustada en un acantilado privado, rodeada de selva virgen y custodiada por una barrera de arrecifes que mantenía el mundo exterior a raya.

Hugo bajó de la lancha motora con el pelo todavía encrespado por el incidente del "rescate", sosteniendo su bolso de mano como si fuera un tesoro nacional. En cuanto puso un pie en el vestíbulo de mármol de Carrara, que brillaba tanto que podía verse el alma en el reflejo, soltó un bufido de indignación.

—Alexander, nena, vamos a ver… mucho mármol, mucho músculo y mucho cristal antibalas, pero he pasado por la que dicen que es mi habitación y estas sábanas no son de 1,000 hilos de seda —Hugo lanzó su pamela sobre una mesa de diseño—. ¡Mis nalgas han pasado por un trauma oceánico y merecen respeto, no algodón egipcio de segunda categoría! ¡Esto es un ultraje a mi cutis!

Alexander ni siquiera se detuvo a escucharlo. Tenía la mano firmemente anclada en la base de la nuca de Elena, guiándola con una urgencia que no admitía réplicas.

—Hugo, hay tres mil hilos de seda en el vestidor. Búscalos y deja de gritar antes de que te mande de vuelta en una balsa —gruñó Alexander sin mirar atrás.

—¡Grosero! ¡Vikingo desconsiderado! —gritó Hugo, mientras empezaba a pelearse con una maleta que se había quedado atascada en el umbral—. ¡Elena, si mañana no salgo de aquí por falta de suavidad, dile a mi madre que la quiero, pero que me herede los zapatos!

Alexander arrastró a Elena fuera de la casa principal, ignorando los lujos de la mansión. Caminaron por un sendero oculto entre palmeras hasta llegar a una cabaña de madera oscura situada justo donde la arena blanca se encontraba con el agua turquesa. Era un refugio privado, sin paredes de cristal, solo cortinas de lino blanco que bailaban con la brisa marina.

En cuanto entraron, Alexander la empujó contra uno de los postes de madera de la cabaña. El sonido del mar era el único testigo.

—Me has tenido aguantando a tu amigo y sus dramas todo el viaje —susurró él, su voz era un rugido bajo que hizo que Elena vibrara hasta los huesos—. Ahora la arena es nuestra, y no pienso dejar un solo centímetro de tu piel sin marcar.

Alexander no fue delicado. Sus manos, expertas y posesivas, rasgaron el vestido de lino de Elena, dejando que los botones saltaran por el suelo de madera. La dejó expuesta bajo la luz de la luna que se filtraba por las cortinas. Ella sintió el contraste del aire fresco de la noche contra el calor abrasador que emanaba de Alexander.

Él la tomó por los muslos y la alzó, obligándola a enredar sus piernas alrededor de su cintura. La llevó hacia la arena fina que cubría el centro de la cabaña, una zona diseñada específicamente para ese tipo de encuentros salvajes. Al caer sobre la arena, Elena sintió la textura granulada contra su espalda, un recordatorio constante de que estaban fuera de toda civilización.

—Dime qué quieres, Elena —exigió él, apresando sus manos por encima de su cabeza y hundiéndolas en la arena—. Dime que quieres que te reclame aquí, donde nadie puede salvarte.

—No quiero que nadie me salve… —jadeó ella, arqueándose cuando sintió los labios de Alexander descendiendo por su cuello, mordiendo y succionando con un hambre que parecía no tener fin—. Solo quiero que no te detengas.

Alexander la poseyó con una furia rítmica que imitaba el vaivén de las olas, pero con una fuerza destructiva. Sus cuerpos, sudorosos y cubiertos de finos granos de arena, se movían en una danza de poder y entrega. Él la giró, la puso sobre sus manos y rodillas, hundiéndose en ella con una profundidad que la hacía ver estrellas. Elena se aferraba a la arena, sintiendo cómo Alexander marcaba su ritmo, dictando cada uno de sus suspiros y gemidos.

—Eres mía, Elena —gruñó él en su oído, su respiración quemándole la piel—. En la oficina, en el yate y en este maldito paraíso. Nadie te ha tocado así, y nadie lo hará nunca.

El placer fue tan intenso que Elena sintió que sus sentidos se fracturaban. Cada embestida de Alexander era una declaración de propiedad que ella aceptaba con gusto, devolviéndole el fuego con la misma intensidad. El clímax los alcanzó como una tormenta tropical, dejándolos exhaustos y entrelazados en la arena, mientras el sonido del Caribe arrullaba su victoria.

Minutos después, Elena descansaba sobre el pecho de Alexander, todavía temblando.

—Alexander… —susurró ella.

—¿Mmm?

—Creo que Hugo tenía razón sobre una cosa.

Alexander soltó una risotada baja, besándole la coronilla. —¿Sobre qué?

—Mañana voy a necesitar que alguien me lleve cargada a la casa. Mis piernas ya no funcionan.

—Ese es el plan, guerrera —respondió él, estrechándola más fuerte—. Ese ha sido el plan desde hace diez años.

Mientras tanto, en la mansión, se escuchaba a lo lejos el grito de Hugo: —¡Alexander! ¡He encontrado la seda, pero el color es crema y yo soy más de blanco hueso! ¡Esto es una crisis estética!

Elena y Alexander se miraron y, por primera vez en mucho tiempo, se permitieron reír en la oscuridad, sabiendo que el mundo podía arder afuera, pero que en esa cabaña, ellos eran los únicos soberanos.

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Maria Silvia Curbelo Trigo
hermosa novela me encanto
Marelis Hernandez
este Hugo es un bacilon 🤣🤣🤣🤣 y el pobre Marcus 🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Gracias autora me encantó la historia bendiciones y éxitos 🙏👏
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
Cristina Alvarado
FOTOS por favorr4rrrrrrrrr
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente historia me encanta 👏👏❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
😈😈😈🔥🔥
Isela Aguirre
excelente novela
Yennifer Paola
excelente trabajo
Yennifer Paola
buenísima buenísima 👏👏🥰
Yolimar Pop
Una divinura de novela gracias autora te felicito hiciste un gran trabajo 🫶
Yolimar Pop
Escritora me encantó tú novela felicidades sigue escribiendo más novelas gracias
Isela Aguirre
buenísimo comienzo felicidades autora
Yolimar Pop
Está muy divina tú novela escritora🥳🤭👏☺️🥳🤭👏☺️
Yolimar Pop
Escritora está excelente tú novela de verdad bendiciones 🥳🤭👏☺️🥳🤭👏☺️
Nairobis Cardozo Portillo
Excelentes capitulos buenísimos 👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Pasado pisado y olvidado
Nairobis Cardozo Portillo
🔥😈🔥🔥😈😈
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
Rudmy
súper me encanta
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