NovelToon NovelToon
Orbita De Ternura

Orbita De Ternura

Status: En proceso
Genre:Fantasía LGBT / Mundo de fantasía
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Mica94

Para sellar un acuerdo diplomático, un imponente emperador galáctico acepta comprometerse con un omega del salvaje planeta de las bestias. Sin embargo, un inesperado error en los registros altera los planes: en su lugar, recibe a un dulce e inocente gamma. A pesar de la confusión y el choque cultural, este tierno e inesperado compañero empezará a derretir el frío corazón del soberano.

NovelToon tiene autorización de Mica94 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 19

Los pesados pasos militares de Zarek resonaban con una cadencia sombría por los pasillos de obsidiana del ala residencial. Las palabras de Alistair se habían quedado clavadas en su mente como esquirlas de hielo, repitiéndose en bucle. «Su pureza no sobrevivirá a Astris... Devuélvelo a su planeta». El emperador apretaba los puños enguantados con frustración. Por primera vez en su vida, el soberano absoluto de la galaxia experimentaba una duda interna que no podía resolver con un mapa táctico o una orden de ejecución. Sabía que su palacio era un nido de víboras, pero la sola idea de ordenar que prepararan una nave para llevarse al felino despertaba en su pecho una renuencia feroz y posesiva.

​Al doblar la esquina que conducía hacia los aposentos imperiales, Zarek detuvo su marcha de golpe. Alistair lo seguía un par de pasos por detrás, interrumpiendo también su andar.

​Frente a las inmensas puertas blindadas de la habitación privada del emperador, la nana Martha los estaba esperando de pie. La anciana mujer mantenía las manos entrelazadas sobre su túnica gris, pero en su rostro de líneas amables se dibujaba una sonrisa que mezclaba la resignación, la ternura y una sutil diversión.

​—Martha —habló Zarek, su voz ronca rompiendo el silencio del pasillo mientras apresuraba el paso—. ¿Qué haces aquí afuera? Te di la orden de que instalaras a Nesta en una de las suites de invitados del ala este. ¿Ocurrió algo con el gamma?

​La anciana soltó un suave suspiro maternal y negó con la cabeza, mirando a su antiguo pupilo con ojos sabios.

​—Ay, mi querido Zarek… —comenzó Martha con voz pausada—. Planificar estrategias de guerra es muy fácil para ti, pero no sabes absolutamente nada sobre el corazón de un gamma, y mucho menos de uno tan extremadamente tierno y dependiente como ese pequeño. Lo intenté, de verdad lo intenté. Lo llevé a la suite real de invitados, pero en el momento en que me dispuse a prepararle la cama, el niño se rehusó rotundamente a quedarse allí.

​—¿Lloró otra vez? —preguntó el emperador, sintiendo una punzada instantánea de preocupación en el pecho.

​—No llegó a llorar, pero se puso muy terco —explicó la nana, ensanchando su sonrisa—. No confiaba en la habitación, decía que el lugar era demasiado grande, que olía a frío y que él no se iba a dormir en un sitio donde no estuviera su "nuevo amigo". No paraba de pedir por ti, Zarek. Como no sabía qué más hacer para calmar su ansiedad, y al ver que buscaba desesperadamente tu aroma, no tuve más remedio que traerlo a tus aposentos privados. Pero… bueno, creo que es mucho mejor que veas por ti mismo lo que hizo el gamma apenas pisó tu territorio.

​Zarek enarcó una ceja, intrigado y extrañamente ansioso. Dio un paso al frente y colocó su mano sobre el escáner biométrico de la entrada. Las inmensas puertas de obsidiana se deslizaron hacia los lados con un siseo hidráulico, revelando la penumbra de la alcoba imperial.

​Alistair y la nana se quedaron un paso por detrás en el umbral, mientras el emperador se adentraba en la habitación. Las luces automáticas se encendieron con una intensidad sutil y cálida, y lo que Zarek presenció en mitad de la estancia lo dejó completamente estupefacto, congelándolo en su sitio.

​Su enorme e imponente cama matrimonial, usualmente ordenada con sábanas de seda gris de manera geométrica y perfecta, era ahora un auténtico caos de texturas. Nesta, guiado por los instintos biológicos más puros y primitivos de su casta gamma, había saqueado por completo los armarios imperiales del soberano. Utilizando una cantidad impresionante de las costosas capas de gala de Zarek, sus chaquetas militares de hilos de oro, sus abrigos de piel de zorro ártico y las mantas de felpa más gruesas que encontró, el muchacho había construido un nido gigante, circular y sumamente afelpado justo en el centro del colchón.

​En mitad de ese colosal nido de telas que apestaban deliciosamente al aroma a madera, tabaco y cuero del emperador, se encontraba Nesta. El pequeño gamma ya se había quitado sus botas de viaje y vestía un suéter holgado que le quedaba enorme. Estaba acurrucado en posición fetal, abrazando fuertemente a su pequeña mascota esponjosa contra su pecho. Sus orejas pomposas se movían levemente al ritmo de su respiración y su hermosa cola felina estaba enroscada con total comodidad alrededor de una de las capas militares de Zarek, como si buscara aferrarse a la presencia del alfa incluso mientras dormía. El muchacho desprendía un sutil y dulce aroma a vainilla que había transformado por completo la gélida atmósfera de la habitación.

​Al ver ingresar al monarca, el tierno felino abrió los ojos a medias. Sus orejas se alzaron de inmediato con alegría al reconocer la silueta de Zarek y un suave, rítmico y fuerte ronroneo de satisfacción comenzó a resonar en el nido, llenando el silencio de la alcoba. Nesta se frotó los ojos con el puño de su suéter y formó un tierno puchero, mirando al emperador con una mezcla de sueño y demanda infantil.

​—Te tardaste mucho, Zarek… —murmuró Nesta con voz ronca por el sueño, batiendo su colita despacio—. Te extrañé. Y Bibi también te extrañó. Tu cama es muy grande, pero tu ropa es suave y huele rico, por eso hice un nido para esperarte. ¿Me trajiste los chocolates que me prometiste?

​Alistair, que observaba desde la puerta, se llevó una mano a la boca, completamente impactado. Como político, sabía que el hecho de que un gamma construyera un nido con las ropas de un alfa era la declaración biológica más sagrada de pertenencia y sumisión que existía en el universo. Miró a Zarek, esperando ver alguna reacción de molestia por el desorden en sus pertenencias más sagradas.

​Sin embargo, el emperador ya no escuchaba a su canciller. Toda la duda, la frialdad y las advertencias de peligro que Alistair le había inculcado en la sala del consejo se evaporaron de su mente en un milisegundo. Ver a esa criatura tan extremadamente pura, inocente y dependiente, habiendo tomado sus ropas para protegerse y construir un hogar en medio de su frío palacio, despertó en Zarek un instinto territorial y protector de una magnitud destructiva.

​Zarek se quitó los guantes negros, los dejó caer sobre una mesa cercana y caminó con pasos suaves hacia el nido. Se sentó en el borde de la cama, contemplando al dulce muchacho que ya estiraba sus manitas hacia él esperando ser mimado. El emperador metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, sacó una pequeña barra de chocolate fino que había ordenado traer de las cocinas y se la entregó.

​Nesta dejó escapar un tierno chillido de felicidad, enderezando sus orejas pomposas mientras abría el dulce. Sin pedir permiso, el gamma se arrastró por el nido, acomodó su cabeza directamente sobre el regazo de Zarek y comenzó a morder el chocolate, frotando su colita afelpada contra la cintura del monarca en una perfecta demostración de confianza absoluta.

​Zarek bajó la mano y comenzó a acariciar los suaves cabellos de Nesta, sintiendo cómo el ronroneo del muchacho vibraba con fuerza en sus dedos. El emperador miró de reojo a Alistair sobre su hombro, y sus ojos grises brillaron con una determinación implacable y letal que hizo que el canciller diera un paso atrás.

​—Ya lo viste, Alistair —sentenció Zarek con una voz profunda que no admitía réplicas—. Mi respuesta final es no.

​Nesta, con los labios manchados de chocolate, levantó la mirada y sonrió con total inocencia, asintiendo con la cabeza ante las palabras del emperador sin entender la magnitud de lo Zarek acababa de decir. Alistair suspiró, dándose cuenta de que la guerra contra los bandidos espaciales sería un juego de niños comparado con el poder destructivo que el emperador desataría con tal de proteger la desvalida dulzura de su nuevo y tierno consorte.

1
Rem Jimenez
esooo me parece el plan perfecto👏🧐
Rem Jimenez
pero que preciosa criatura 🥰
Rem Jimenez
pobre bebé😭🤭
Rem Jimenez
Se viene lo vuelo 🤭🥰
Rem Jimenez
Dio miio que rico hombre de chocolate blanco. 🥰😭
MollyMoll
i love so much
MollyMoll: pero es verdad, Rul se nota que es un gran hombre con bonitos sentimientos, dolería un chingo si lo lástiman
total 1 replies
MollyMoll
No es un lobo, ES UN MALDITO ZORRO DESCARADO
MollyMoll
con el niño NO
MollyMoll
jugar de juguemos un juego que normalmente juegan los niños como... las escondidas o la casita
MollyMoll
mmm huele a otro lobo domésticado
MollyMoll
💘💘💘💘
MollyMoll
como se decía? tortura dulce?
MollyMoll
"se le pararon los pensamientos" de paso se le paró otra cosa😐
MollyMoll
como era la frase del lobo domésticado?... "su voluntad es mí ley"😔😌
MollyMoll
"su voluntad es mí ley" proclamó el lobo doméstico por un lindo y adorable gatinho
MollyMoll
el padre y los hermanos: ESTO ES GUERRAAA
MollyMoll
🤭🤭🤭 me recuerda a Caesar de "rosas y champaña" jajaja ni el propio padre podía tocar a leewon porque el loco ya lo contaba como infidelidad 🤣🤣🤣
MollyMoll
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Martini
Y ese guapo
MollyMoll
básicamente "ya cai rendido ante él y el que me lo quité, desaparece"
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play