Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.
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Capítulo 24: Por defenderme Narra Susana
Toda mi vida crecí escuchando a mi papá decir que el peligro siempre estaba cerca.
—Nunca baje la guardia —me repetía Santiago Beltrán desde niña.
Y aunque muchas veces pensé que exageraba… ese día entendí que no.
Había salido con unas amigas en Pereira. Los escoltas estaban cerca como siempre, vigilando desde lejos para no llamar tanto la atención.
Yo odiaba sentirme observada todo el tiempo.
Pero esa noche todo salió mal.
Ya era tarde cuando decidí regresar a la camioneta. Iba caminando mientras revisaba el celular cuando noté que unos hombres empezaron a seguirme.
Al principio intenté ignorarlos.
Pero comenzaron a acercarse demasiado.
Los escoltas reaccionaron rápido, pero todo se volvió un caos horrible. Hubo gritos, empujones y gente corriendo.
Uno de esos hombres me sujetó fuerte del brazo.
El miedo que sentí fue horrible.
Escuchaba a los escoltas peleando cerca mientras otro intentaba acercarse a mí de forma agresiva.
Y ahí recordé algo.
Meses atrás mi papá había guardado una pequeña arma dentro de mi mochila.
Yo me había molestado muchísimo.
—¿En serio cree que necesito esto?
Y él me respondió serio:
—Espero que nunca tenga que usarla.
Pero esa noche… la usé.
Todo pasó rápido.
Saqué el arma temblando mientras esos hombres seguían acercándose y disparé para defenderme.
El sonido dejó todo en silencio unos segundos.
Los hombres cayeron y los demás retrocedieron asustados mientras los escoltas finalmente lograban rodearme y sacarme de ahí.
Yo estaba temblando completamente.
Ni siquiera quería mirar atrás.
Solo quería llegar a casa.
Durante todo el camino nadie habló.
Porque todos sabían perfectamente cómo reaccionaría Santiago Beltrán cuando supiera lo que pasó.
Cuando llegamos a la mansión, mi papá ya estaba esperando abajo.
Con solo verme entendió que algo estaba mal.
Caminó rápidamente hacia mí.
—¿Qué pasó?
Yo apenas podía hablar.
Tenía lágrimas en los ojos y las manos todavía temblando.
Scarlett apareció detrás de él preocupada.
—Susana…
Respiré profundo.
—Intentaron hacerme daño…
El rostro de mi papá cambió completamente.
Nunca voy a olvidar esa mirada.
Parecía lleno de furia y miedo al mismo tiempo.
—¿Le hicieron algo? —preguntó acercándose más.
Negué rápidamente.
—No… pero…
Y le conté todo.
Cómo me defendí.
Cómo usé el arma.
Cómo los escoltas no lograron detener todo a tiempo.
La mansión quedó en silencio.
Mi mamá bajó desesperada y me abrazó inmediatamente.
—Dios mío…
Pero mi papá ya no escuchaba nada.
Solo miraba a los escoltas.
Ellos intentaron explicar que reaccionaron apenas pudieron, que todo pasó rápido y que lograron protegerme después.
Pero para Santiago Beltrán solo existía una verdad:
su hija había estado en peligro.
Y eso era imperdonable.
—¿Se supone que ese era su trabajo? —preguntó con una voz fría que daba miedo.
Nadie respondió.
Porque todos sabían que habían fallado.
Scarlett intentó calmarlo.
—Santiago, piense bien—
Pero él no quería escuchar.
Los escoltas seguían explicando nerviosos mientras mi papá caminaba lentamente hacia ellos.
Y entonces todo pasó demasiado rápido.
Sacó su arma.
El sonido de los disparos hizo que mi mamá gritara y que yo me quedara congelada.
Scarlett cerró los ojos unos segundos.
Y después solo hubo silencio.
Yo seguía sentada en el sofá temblando.
Mirando a mi papá respirar agitado mientras sostenía el arma.
La mansión completa parecía paralizada.
Mi mamá estaba en shock.
Karina acababa de bajar las escaleras sin entender qué ocurría.
Y mi papá solo me miró a mí.
Caminó lentamente hasta acercarse.
Después se arrodilló frente a mí y tomó mi rostro con cuidado.
—Nadie vuelve a tocarla nunca más.
Yo tenía miedo.
Pero al mismo tiempo… conocía perfectamente a Santiago Beltrán.
Mi papá era capaz de matar por mí sin pensarlo dos veces.
Y sinceramente… terminé soltando una pequeña risa nerviosa entre lágrimas.
Scarlett me miró sorprendida.
Pero yo ya sabía algo desde hace muchos años:
para Santiago Beltrán…
yo era lo único que jamás permitiría perder.