Qué harías si después de una desastrosa relación conocieras al hombre perfecto, pero éste te pide algo imposible, que elijas entre él y al padre que nunca has conocido, pero que has amado siempre.
¿Qué harías?
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Alicia
Ese primer contacto se siente como el cielo, tan suave y tierno a la vez. Sus manos sostienen mi rostro y frota sus pulgares en mis pómulos.
Besa mi labio inferior y pasa su lengua por él, jadeo. Aprovecha mi movimiento y me besa de verdad. Su lengua me provoca, y yo lo acaricio con la mía tímidamente al principio, pero luego Benjamín profundiza el beso, abrazándome más fuerte.
El deseo se dispara en mi cuerpo como nunca antes, siento que ardo, pero es un calor tan agradable, tanto que parece mentira. Subo mis manos por sus brazos, disfrutando de poder tocarlo y sentirlo, es un hombre muy fuerte. Paso mis manos por su rostro y luego las cruzo en su cuello para acercarlo más aún. Gimo bajito en sus labios sin poder evitarlo. Benjamín gruñe y me toma por los muslos levantándome del suelo. Cruzo mis piernas en su cadera y me afirmo en sus hombros, jadeo al sentir su excitación.
Se siente tan bien que suspiro.
Él baja sus manos hasta situarlas en mi trasero acariciándolo, es tan placentero que no lo detengo. Sus labios muerden despacio mi labio inferior tirando de él, gimo asustada. Asustada de lo que me provoca, asustada de no poder detenerlo si las cosas siguen evolucionando y asustada de que se detenga. Lo necesito tanto, que me da miedo.
Lo beso más ávidamente disfrutando de su sabor y del sonido que hace cuando acaricio su pelo y me froto contra él.
Un sonido rompe el hechizo y me hace más consciente de la realidad que nos rodea. Estamos en un campo, con dos caballos mirándonos atentamente. El sonido sigue y me doy cuenta que es un celular.
Benjamín me mira y sonríe, sus ojos se deleitan mirándome con tanta dulzura que de pronto me siento tímida de nuevo. Me pone en el suelo y me acaricia el rostro. Me sonrojo al ser consciente de lo que estábamos haciendo y de como yo me frotaba contra él por algo de fricción. Dios, que vergüenza.
–Hey, no te avergüences –me pide, acariciando mi mejilla, que estoy segura arde al rojo vivo.
–Es que…esto…yo… lo siento –digo sin poder expresar lo que siento. No sé por qué en su presencia pierdo mi habilidad natural de hablar.
–Ángel, no lo sientas. Eres increíble. –Lo miro desconfiando de lo que dice. Las palabras de Felipe las escucho claramente, hiriéndome como la primera vez que lo dijo. “No eres una buena hembra, Alicia. Eres linda sí, eso nadie lo duda, pero no logras subirle la temperatura a nadie”
No me crees, ¿verdad? –Su pregunta me devuelve al presente.
–Si... yo te creo –le digo de manera poco convincente, creo, por la expresión dolida en su rostro.
–Ángel, lo eres. Me encantas. –Su sonrisa se va y su mirada se endurece–. ¿Es por ese tal Felipe?
–No quiero hablar de eso, ¿sí? –le pido, suplicándole con mi mirada, no quiero recordar eso. Levanto mi mano y acaricio su dura mandíbula. Cuando no cambia su expresión tiro de su patilla logrando que sonría.
Su mirada se vuelve a dulcificar
–Está bien, pero no me gusta verte así. Si necesita algo Alicia, solo dime. –Cuando asiento, se relaja.
Me abraza. Mi cara queda en su pecho y disfruto de su aroma. Como me gustaría embotellarlo para tenerlo siempre. Cuando acaricia mi espalda, de alguna manera me siento protegida. Es una sensación tan nueva para mí, nunca me he sentido así de segura con nadie. Puedo confiar en él, lo sé.
–Gracias.
–De nada. ¿Nos vamos? –Asiento.
Me toma de la mano, entrelazando sus dedos con los míos. Se siente tan bien, como si tuvieran que estar así, siempre.
Nos despedimos de don Luis y caminamos hacia el auto, me abre la puerta, no sin antes darme un beso rápido, haciéndome suspirar. En unos segundos empezamos el viaje de retorno.
–Gracias por este paseo, Benjamín. –Hace una mueca, casi como si no soportara que le diga por su nombre. Eso es raro–. ¿Pasa algo?
–No, tranquila –dice evitando mi mirada. Algo en su gesto hace que me sienta incomoda.
–¿No te gusta tu nombre? –pregunto bromeando, pero solo provoco que su gesto se endurezca más.
Pasa su mano por su pelo, frustrado, creo.
El celular vuelve a sonar, pero él no le presta atención, casi como si no lo escuchara. Veo la pantalla y dice Bárbara. Espero que no sea nada importante.
–Bueno, de todas maneras, gracias. Me gustó mucho andar a caballo. Después que se me quitó el miedo lo disfrute aún más.
Me mira y sus ojos brillan. Cambio de humor de nuevo. A lo mejor tiene personalidades múltiples.
–Estoy feliz de que te haya gustado. Hay personas que nunca disfrutarían de algo así.
–Bueno, pues están locas, fue muy emocionante. Además, me fascina el campo, su olor, su color, el polvo seco, las hojas en el suelo, en fin, todo. Es maravilloso.
–Lo es y contigo fue mucho mejor –dice guiñando un ojo en mi dirección.
Me remuevo tímidamente en mi asiento.
–Primera vez que pareces tú. No sé cómo explicarlo, pero siento que hoy conocí al verdadero Benjamín, el otro, él que va a la Universidad, él que usa esas ropas no eres tú –digo mirando su ropa de hoy. Lleva un jeans negro, con unos zapatos oscuros y una polera blanca, que resalta su maravilloso color de piel. El sweater rojo oscuro está olvidado en el asiento de atrás. Se ve tan atractivo.
Suspiro, resignada. Es imposible que él sea para mí, seguramente soy solo una distracción.
–Eres perceptiva, Ángel. –Sonrío cuando me llama así. Ahora que me confesó la verdad, me encanta que me diga Ángel–. Tienes razón, este soy yo, soy un hombre de campo –dice encogiéndose de hombros.
–Te sienta –le digo y me sonrojo de nuevo.
–Te ves hermosa –me dice.
Le sonrío agradecida. La forma en que me mira me hace sentir hermosa. Hace tiempo que no me sentía así.
Seguimos hablando de campo y otras cosas, hasta que llegamos a la ciudad, interrumpidos solo por su celular que no dejaba de sonar. Cuando se detiene afuera de mi casa, se saca su cinturón y se acerca a mí.
Yo me saco torpemente el mío.
–Gracias, por esta maravillosa tarde –dice mientras acaricia mi mejilla.
Se acerca más y me besa.
Su lengua me provoca encendiendo mi cuerpo. Tomo su pelo y lo acerco más. Gruñe satisfecho. Mi lengua emprende su viaje, primero de reconocimiento y después conquistando todo lo que puede. Lo escucho gemir y eso hace que mi pulso se acelere.
Suspiro cuando muerde mi labio inferior.
Lo siento sonreír. Decido pagarle con la misma moneda, tomo su labio inferior con mis dientes y tiro de él. Gruñe fuerte, se aleja de mis labios y besa mi barbilla, pasando por mi mandíbula, hasta que llega a mi cuello, pasa sus labios, besando y succionando todo, logrando un gemido largo y tortuoso de mi boca.
–Benjamín…–digo. Su nombre suena como una advertencia cuando siento sus manos subiendo por mi
estómago, con dirección a mis pechos. Esto va muy rápido.
Se aleja, sorprendido también por su reacción, creo.
Me mira, sonríe y me da otro beso rápido.
–Creo que es mejor para ambos que bajes ahora.
Sonríe con un brillo malicioso en su mirada. Sonrío también en respuesta. Acaricio su mejilla y tiro de su patilla,
haciéndolo sonreír antes de bajar del auto.
Cuando pongo mis pies sobre el suelo, me siento inestable, como si el suelo fuera de arcilla blanda. Camino como puedo hasta mi casa. Antes de entrar vuelvo a mirar hacia Benjamín y le sonrío. Me guiña un ojo en respuesta.
Cuando cierro la puerta detrás de mí, escucho que el auto se va. Afirmo mi cabeza en la puerta y sonrío llevando mis dedos a mis labios inflamados, recordando sus besos y lo que sentía. Sé que nunca me he sentido así de feliz y viva, me siento tan dichosa que creo que puedo volar.
Espero seguir sintiéndome así, por lo que me queda de vida.