Elías murió de la forma más absurda… y despertó dentro de su novela omegaverse favorita.
Ahora es Adrian Valmont, el omega dulce destinado a ser ignorado, humillado y finalmente morir de amor a manos de su esposo: el frío y arrogante duque alfa Cassian Armand.
Pero hay un problema.
Él ya conoce la historia.
Y esta vez no piensa esperar a que lo abandonen.
Decidido a cambiar su destino, Adrian exige el divorcio desde el principio. Sin embargo, el duque se niega a dejarlo ir. Lo que comienza como un matrimonio político sin amor se convierte en una batalla de orgullo, deseo y poder, donde el alfa que nunca miró atrás empieza a obsesionarse con el omega que ya no lo ama.
¿Podrá Adrian romper el destino que ya fue escrito…
o el duque hará todo lo posible por mantenerlo a su lado?
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¿CELOS?
CAPITULO 4
Adrian cometió un error.
Uno pequeño.
Uno estratégico.
Uno que definitivamente no tenía nada que ver con diversión personal.
Decidió volverse popular.
Si el duque no aceptaba el divorcio, entonces al menos podría construir una red de apoyo sólida dentro del ducado. Nobles menores, comerciantes, líderes de aldeas, incluso algunos jóvenes alfas influyentes que admiraban la gestión moderna.
Nada romántico.
Nada sospechoso.
Solo política inteligente.
Totalmente inocente.
Probablemente.
El primer evento fue una reunión benéfica para recaudar fondos destinados a las aldeas del este —las mismas cuyos impuestos había reducido discretamente tras exponer la corrupción.
La noticia se había propagado rápido.
“Su Excelencia es amable.”
“El consorte escucha al pueblo.”
“El omega del duque no es tan frágil.”
Adrian estaba encantado.
Cassian menos.
El salón principal estaba lleno de música suave, conversaciones refinadas y copas de cristal tintineando. Adrian llevaba un traje elegante en tonos marfil con bordados plateados que resaltaban su figura delicada sin parecer ostentoso.
Varios jóvenes nobles se acercaron a felicitarlo.
—Su Excelencia, su intervención en el este fue admirable.
—Gracias. Solo hice lo que era justo.
—Es raro ver a alguien de la alta nobleza preocuparse tanto.
Adrian sonrió con diplomacia.
—Es raro ver a alguien pagar impuestos injustos sin quejarse.
Risas suaves.
Desde el extremo opuesto del salón, Cassian observaba.
En silencio.
Con una copa intacta en la mano.
El capitán de la guardia, que estaba a su lado, murmuró:
—Su esposo parece… popular esta noche.
Cassian no respondió.
Pero su mirada se endureció ligeramente cuando uno de los jóvenes alfas —alto, atractivo, excesivamente sonriente— se inclinó un poco más de lo necesario hacia Adrian.
—Si alguna vez necesita apoyo en proyectos futuros, estaré encantado de colaborar personalmente —dijo el noble con un tono apenas insinuante.
Adrian, completamente consciente de la dinámica, respondió con una sonrisa impecable.
—Aprecio la oferta. Siempre es bueno contar con aliados.
Aliados.
Palabra clave.
Nada indebido.
Pero el joven alfa se permitió rozar levemente los dedos de Adrian al entregar una tarjeta con su sello familiar.
El contacto fue breve.
Inofensivo.
Y completamente innecesario.
El aire del salón cambió.
No de forma evidente.
Pero varios alfas presentes enderezaron la postura instintivamente.
Cassian dejó su copa sobre una mesa.
Y comenzó a caminar.
Lento.
Controlado.
Directo hacia el grupo.
Adrian notó la sombra antes que al hombre.
Oh.
Oh no.
“Eso no estaba en el capítulo.”
—Lord Esteban —saludó Cassian con voz calmada.
Demasiado calmada.
El joven alfa se tensó de inmediato.
—Su Excelencia.
Cassian se detuvo justo al lado de Adrian.
No lo tocó.
Pero su presencia era abrumadora.
—¿Disfruta del evento? —preguntó el duque.
—Mucho, gracias al consorte —respondió Esteban.
Cassian inclinó ligeramente la cabeza.
—Me alegra que lo encuentres… entretenido.
Silencio.
Adrian sonrió como si no estuviera en medio de una batalla territorial silenciosa.
—Estábamos hablando de proyectos comunitarios —aclaró.
Cassian lo miró de reojo.
—¿Proyectos?
—Financiamiento agrícola. Educación básica. Cosas poco emocionantes.
—Entiendo.
Pero no sonó como si entendiera.
El joven alfa carraspeó.
—Creo que debo saludar a otros invitados.
Excelente decisión estratégica.
En cuanto se alejó, Adrian suspiró suavemente.
—No era necesario asustarlo.
—No estaba asustado.
—Parecía que iba a presentar su renuncia a la nobleza.
Cassian lo miró directamente.
—Se tomó demasiadas libertades.
Adrian parpadeó.
—¿Libertades?
—Contacto físico innecesario.
Adrian bajó la vista hacia su propia mano.
Luego volvió a alzarla.
—Fue un roce accidental.
—No lo fue.
Oh.
Así que el duque sí estaba prestando atención.
—¿Está… celoso? —preguntó Adrian con inocencia cuidadosamente exagerada.
Cassian no respondió de inmediato.
Eso ya era respuesta suficiente.
—No —dijo finalmente.
Adrian sonrió.
—Claro.
—Estoy siendo prudente.
—Por supuesto.
Cassian se inclinó ligeramente hacia él.
—Eres mi esposo.
Ahí estaba otra vez.
Esa palabra.
Con peso.
Con advertencia.
—Y usted es mi esposo —respondió Adrian suavemente—. Pero eso no significa que no pueda hablar con otras personas.
—Hablar no.
—¿Entonces qué exactamente le molestó?
Silencio.
Cassian no parecía dispuesto a formularlo.
Adrian decidió ayudar.
—¿El roce? ¿La sonrisa? ¿O que alguien más pudiera encontrarme interesante?
Error.
Pequeño error.
Los ojos grises se oscurecieron apenas.
—No juegues con eso —murmuró Cassian.
La voz fue baja.
No amenazante.
Pero intensa.
Adrian sintió un pequeño escalofrío.
“Anotado. Punto sensible.”
—No estoy jugando —respondió, aunque una parte de él sí lo estaba haciendo un poco—. Solo estoy viviendo. Algo que planeo seguir haciendo incluso si usted rechaza el divorcio eternamente.
Cassian frunció el ceño.
—No habrá divorcio.
—Ya lo sé. Tiene un discurso grabado para eso.
Por primera vez en la noche, Cassian exhaló con algo parecido a frustración.
—No entiendo tu comportamiento.
—Estoy siendo sociable.
—Estás provocando.
Adrian se llevó una mano al pecho dramáticamente.
—¿Yo? Jamás.
Cassian lo observó unos segundos más.
Luego, sin previo aviso, apoyó una mano firme en la cintura de Adrian.
No fue brusco.
Pero sí claro.
Posesivo.
Visible.
Algunos nobles cercanos desviaron la mirada de inmediato.
Mensaje enviado.
Adrian sintió el calor de esa mano incluso a través de la tela.
—Eso sí fue innecesario —murmuró.
—Estoy siendo prudente.
—Hipócrita.
Cassian casi sonrió.
Casi.
—Acompáñame —dijo finalmente.
—¿Es una orden?
—Sí.
—Qué romántico.
Lo llevó hacia el balcón exterior, lejos del bullicio.
El aire nocturno era fresco.
Silencioso.
Más honesto que el salón lleno de máscaras sociales.
Cassian soltó su cintura, pero permaneció cerca.
Demasiado cerca.
—No me gusta que otros alfas te miren así —dijo finalmente.
Directo.
Sin rodeos.
Adrian abrió los ojos ligeramente.
Confesión detectada.
—No pueden evitar tener ojos —respondió.
—No me agrada.
—¿Por qué?
Cassian sostuvo su mirada.
Y por primera vez desde que Adrian llegó a este mundo…
No hubo política en su respuesta.
—Porque eres mío.
No lo dijo como propiedad legal.
Lo dijo como algo más profundo.
Algo instintivo.
Algo que ni él parecía comprender del todo.
El corazón de Adrian dio un pequeño vuelco traicionero.
—Eso no es una explicación lógica.
—No estoy hablando de lógica.
Silencio.
El viento movió suavemente el cabello claro de Adrian.
Cassian lo observó como si estuviera viendo algo nuevo.
No un adorno.
No una obligación.
Sino un hombre que podía irse.
Que podía elegir.
Y que otros podían desear.
—Si te incomoda mi cercanía —dijo Adrian suavemente—, podemos reconsiderar el divorcio.
Cassian reaccionó de inmediato.
—No.
Adrian sonrió, pequeño pero satisfecho.
—Pensé que diría eso.
Cassian suspiró, algo inusual en él.
—Eres problemático.
—Estoy evolucionando.
—Eso es discutible.
Se quedaron en silencio unos segundos más.
Luego Adrian habló con tono más suave.
—No planeo traicionarlo. Pero tampoco dejaré de existir para tranquilizar su orgullo.
Cassian lo miró.
Largo.
Intenso.
—No quiero que dejes de existir —dijo en voz baja.
Y esa frase…
Esa frase no estaba en ningún capítulo original.
Adrian sintió que algo dentro de la historia acababa de romperse definitivamente.
Ya no era una repetición.
Era algo nuevo.
Y mucho más peligroso.
Porque si Cassian empezaba a sentir antes de tiempo…
Entonces el final podía cambiar.
Y quizá…
Solo quizá…
El divorcio dejaría de ser el objetivo principal.
Lo cual era, honestamente, un problema
Dando margen a que te diga, no. 😒. Deberías de haber llegado con el papel de divorcio o "¡quiero el divorcio!".
Y si te rechaza ir al consejo y exigir el divorcio.🤨🤨