Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
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La invitación.
Alessandro Lobo❤️🔥
Todo está… en calma.
Y eso, en nuestro mundo, no es precisamente algo que me relaje.
Estoy sentado detrás del escritorio de la oficina, con los planos extendidos frente a mí y un vaso de whisky a medio terminar que ya ha perdido el hielo. Afuera, Nueva York sigue rugiendo como siempre… indiferente, imponente… pero aquí dentro, todo marcha con una precisión casi perfecta.
Demasiado perfecta.
—No me gusta —murmuro, sin apartar la mirada de los documentos.
—¿Qué cosa? —responde Gabriele desde el otro lado, revisando su tablet con esa calma irritante que lo caracteriza.
—Esto… —golpeo suavemente el escritorio—. Todo está funcionando demasiado bien.
Gabriele alza la vista y sonríe de lado.
—¿Te estás quejando porque no tenemos problemas?
—Me estoy quejando porque no encontramos al maldito impostor.
Ahí está.
La espina.
El verdadero motivo por el que estamos aquí.
Dos semanas en Nueva York… y ni una sola pista.
Ni un nombre.
Ni un error.
Ni una maldita huella.
Solo un fantasma jugando a ser nosotros.
Aprieto la mandíbula.
—Ese bastardo está usando nuestro sello… nuestro nombre… —escupo con desprecio—. Y lo está haciendo bien.
—Por eso no lo hemos encontrado —responde Gabriele con tranquilidad—. Porque no es un idiota.
Lo miro. Y sé que tiene razón.
Eso es lo más jodido de todo.
No estamos cazando a un aficionado… estamos detrás de alguien que sabe exactamente cómo moverse en la oscuridad sin dejar rastro.
Pero todos cometen errores.
—Va a caer —digo finalmente, con voz baja pero firme—. Solo necesitamos que falle… una sola maldita vez.
Gabriele deja la tablet sobre la mesa y se inclina hacia adelante.
—Y cuando lo haga…
Sonrío.
—Lo vamos a destrozar.
El silencio que sigue no es incómodo.
Es… entendimiento, es acuerdo.
Porque ambos sabemos que esto no es solo negocios.
Es territorio. Es respeto. Es poder.
Y nadie… absolutamente nadie… juega con eso y sale intacto.
...❤️🔥...❤️🔥...
Las videoconferencias se han vuelto parte de la rutina.
Hoy no es la excepción.
La pantalla frente a nosotros se enciende y aparecen los rostros familiares.
Nuestros padres. Y también Emiliano… y Efraín.
Autoridad. Peso. Historia.
—Alessandro, Gabriele —la voz firme de Efraín llena la sala—. Reporte.
Intercambiamos una mirada rápida antes de empezar.
Le explicamos todo. Movimiento de negocios, alianzas, operaciones, el comportamiento de la célula en Nueva York… incluso el líder anterior ha resultado ser más útil de lo esperado.
—Ha sido inteligente —comento—. No se resiste al cambio… y sabe adaptarse.
—Nos ha facilitado mucho las cosas —añade Gabriele—. La transición ha sido limpia.
Efraín asiente.
Emiliano, en cambio, nos observa con esa sonrisa que ya conozco demasiado bien.
—¿Y del impostor?
Niego con la cabeza.
—Nada.
—Ni una mierda —agrega Gabriele.
Un silencio tenso se instala por un momento.
—Entonces esperen —dice finalmente Efraín—. Nadie es perfecto. Va a fallar.
—Y cuando lo haga —interviene mi padre con voz grave—, no duden en enseñarle quienes mandan.
—No lo haremos —respondo sin titubear.
Luego de unos segundos más de conversación estratégica…
Mi madre aparece en pantalla.
Y todo cambia.
—¿Estás comiendo bien? —pregunta de inmediato, frunciendo el ceño.
No puedo evitar rodar los ojos.
—Sí, mamá.
—No te creo —insiste—. Tienes mala cara.
—Siempre tengo mala cara.
Gabriele suelta una risa baja.
—Se alimenta bien, tía. Aunque a base de whisky, pero…
—¡Gabriele! —me lanzo hacia él, pero ya es tarde.
Ella suspira.
—Alessandro…
—Estoy bien —la interrumpo, suavizando el tono—. Te lo prometo.
No parece convencida… pero asiente y se va, no sin antes lanzarme un beso.
Y entonces… Emiliano carraspea.
Mala señal.
—Bueno… ya que terminamos con lo importante…
Lo miro con sospecha.
—¿Qué?
Su sonrisa se ensancha.
—¿Cuántas orgías llevan en estas dos semanas?
Silencio.
Luego… Gabriele y yo nos miramos.
Y eso… eso es suficiente respuesta.
Emiliano suelta una carcajada.
—Sabía que no se iban a comportar.
—Idiotas —murmura Efraín, aunque claramente está aguantando la risa.
—Concéntrense —añade—. No están allá de vacaciones.
—Trabajamos —respondo con calma—. Pero también sabemos liberar tensión.
—Con piernas bonitas y bocas talentosas, ¿no? —lanza Emiliano.
—Exacto —dice Gabriele sin vergüenza.
Niego con la cabeza, aunque una sonrisa se me escapa.
—Relájense —digo—. Todo está bajo control.
—Más les vale —responde el tío Stiven antes de que la llamada termine.
La pantalla se apaga. Y el silencio vuelve.
—Extraño esa casa… —murmura Gabriele.
—Yo también —respondo, tomando el vaso de whisky—. Aunque aquí tenemos un poco más de libertad.
—Y problemas —añade.
Sonrío.
—Eso es lo divertido.
...❤️🔥...❤️🔥...
La empresa de arquitectura marcha impecable.
Los empleados son eficientes, discretos… y saben hacer su trabajo sin hacer preguntas innecesarias. El edificio es moderno, elegante… con ventanales enormes que dejan ver la ciudad como si fuera nuestra.
Control. Orden. Todo fluye.
Esa tarde estamos almorzando en la oficina. Comida sencilla… pero suficiente.
—Oye… —dice Gabriele entre bocado y bocado—. Mañana tenemos esa invitación.
Lo miro sin interés.
—¿Cuál?
—El club… el que está de moda.
Frunzo el ceño.
—No voy.
—¿Qué?
—No me interesa —respondo, encogiéndome de hombros—. Ve tú.
Gabriele deja el tenedor sobre el plato, claramente molesto.
—Ni de broma voy solo.
—No seas dramático.
—No es dramatismo —se inclina hacia adelante—. Es estrategia.
Alzo una ceja.
—¿Estrategia para qué? ¿Beber y mirar mujeres?
—Para observar —corrige—. Ese tipo de lugares siempre atraen información… contactos… oportunidades.
Lo miro unos segundos.
—No.
Él bufa.
—Nadie sabrá quiénes somos, Alessandro. No iremos como Lobo… iremos como clientes más.
Sigo en silencio.
—El lugar es seguro —continúa—. Ya investigué todo. Desde los dueños hasta el personal. Es limpio… organizado… discreto.
—Aún así no voy.
—Además… —me interrumpe, sonriendo con malicia—. dicen que las mujeres ahí… no son cualquier cosa.
Lo miro.
—No me vendas fantasías.
—No son fantasías —dice con una sonrisa ladeada—. Son realidades muy… bien esculpidas.
Suelto una risa seca.
—Eres un imbécil.
—Pero convincente.
Suspiro.
Me paso la mano por el rostro.
Pienso. No por el club. No por las mujeres. Sino por la posibilidad…Porque en nuestro mundo… cualquier lugar puede ser una pieza del tablero.
—Una hora —digo finalmente—. No más.
Gabriele sonríe como si hubiera ganado una guerra.
—Sabía que dirías que sí.
—No te emociones.
—Oh, me voy a emocionar… —responde, levantándose—. Porque algo me dice… que esa noche va a ser interesante.
Lo observo mientras sale de la oficina.
Y por alguna razón… Siento lo mismo.
Como si algo estuviera a punto de moverse.
Y cuando eso pasa… siempre hay sangre de por medio.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.