Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.
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Capitulo 12
Nueva York
Tres días.
Dante permanecía sentado detrás del escritorio, con una carpeta abierta frente a él.
Había hablado con su padre hacía menos de una hora.
Las noticias desde Japón eran claras.
Los Kuroda seguían adelante.
Takeshi viajaría a Nueva York.
Misaki también.
El acuerdo no se había debilitado.
Todo lo contrario.
En tres días estarían frente a frente.
Dante apoyó la espalda contra el sillón.
Tres días.
Tres días para conocer a la mujer que posiblemente se convertiría en su esposa.
Todavía resultaba extraño pensarlo.
Misaki Kuroda.
Había visto fotografías.
Había leído informes.
Había escuchado historias durante años.
Incluso se había cruzado con ella aquella noche sin saber, en ese momento, que pocas horas después encontraría a su hermano muerto.
Pero nunca habían hablado.
En tres días eso cambiaría.
Dante estaba por volver a los documentos cuando la puerta del despacho se abrió violentamente.
Levantó los ojos.
Carmen.
Entró sin pedir permiso.
—¿Vas a casarte con esa mujer?
Dante permaneció sentado.
La observó durante unos segundos.
Después volvió la mirada hacia el documento.
—Salí y volvé a entrar.
Carmen quedó desconcertada.
—¿Qué?
—La puerta.
Dante señaló sin mirarla.
—Cerrala. Tocá. Y esperá a que te dé permiso.
—Dante, estoy hablando en serio.
Él levantó los ojos.
—Yo también.
Carmen lo miró incrédula.
—Me acabo de enterar de que vas a casarte y ¿te preocupa cómo entré?
—Me preocupa que hayas olvidado dónde estás.
—¡Soy la madre de tu hijo!
Dante cerró lentamente la carpeta.
—Y yo soy Dante De Luca.
Silencio.
—Ahora cerrá la puerta.
Carmen lo hizo.
No salió.
Simplemente la cerró.
Dante arqueó una ceja.
—¿Qué parte no entendiste?
—Necesito hablar con vos.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Carmen apretó los labios.
—¿Es verdad?
Dante no contestó.
—Dante.
Silencio.
—¿Vas a casarte con Misaki Kuroda?
Esta vez la miró.
—¿Quién te lo dijo?
—Eso no importa.
—Entonces tampoco importa mi respuesta.
—¡Claro que importa!
Dante volvió a abrir la carpeta.
—No para vos.
Carmen se acercó al escritorio.
—¿Cómo podés hacerme esto?
Dante dejó de leer.
Muy lentamente levantó los ojos.
—Elegí con cuidado lo próximo que vas a decir.
Carmen se quedó quieta.
—¿Cómo podés hacerme esto? —repitió, esta vez más bajo—. Después de todos estos años...
—¿Hacerte qué?
—Casarte con otra mujer.
Dante la observó.
—¿Otra?
Carmen guardó silencio.
—Para que exista otra mujer, Carmen, primero tendría que haber existido una.
La expresión de ella cambió.
—No hagas esto.
—Vos entraste en mi despacho.
Se levantó.
—Vos exigiste respuestas.
Rodeó lentamente el escritorio.
—Ahora vas a escuchar una.
Se detuvo frente a ella.
—No sos mi mujer.
Carmen tragó saliva.
—Dante...
—No sos mi novia. Nunca fuiste mi amante de manera permanente. Nunca tuvimos una relación y jamás te prometí una.
—Tenemos un hijo.
Los ojos de Dante se endurecieron.
—No vuelvas a usar a Matteo para cambiar esa realidad.
—¡No lo estoy usando!
—Entonces no lo nombres.
Carmen retrocedió medio paso.
Dante continuó:
—Concebiste a mi hijo. Lo llevaste en tu vientre. Y por eso Matteo tiene todo lo que necesita.
Pausa.
—Y vos tenés bastante más de lo que necesitás.
Carmen palideció.
—¿Qué querés decir?
Dante recorrió lentamente su figura.
El vestido.
Los pendientes.
El reloj.
El bolso.
Volvió a sus ojos.
—Sabés perfectamente lo que quiero decir.
—Yo no estoy con vos por dinero.
Dante casi sonrió.
Casi.
—No me insultes.
—Te quiero.
Nada cambió en su rostro.
—No me interesa.
Carmen pareció quedarse sin aire.
—Dante...
—Tus sentimientos son tuyos. Ocupate de ellos.
Volvió hacia el escritorio.
—Ahora andate.
—¡Esa mujer va a venir acá!
Dante se detuvo.
—Carmen.
—¡Va a entrar en esta casa! ¿En qué me convierte eso?
Dante giró lentamente.
La miró.
Y entonces comprendió.
Ahí estaba la verdadera preocupación.
—Ah.
Carmen frunció el ceño.
—¿Qué?
—Ahora entiendo.
—¿Qué cosa?
Dante miró alrededor.
El despacho.
La casa.
Todo aquello a lo que Carmen se había acostumbrado durante cinco años.
—No te preocupa mi matrimonio.
Carmen se quedó inmóvil.
—Te preocupa tu lugar.
—Eso no es verdad.
—¿No?
Dante señaló sus pendientes.
—¿Cuánto cuestan?
Carmen parpadeó.
—¿Qué?
—Los pendientes.
—No sé.
—Yo tampoco.
Se acercó.
—Porque probablemente ni siquiera fui yo quien los eligió.
Carmen guardó silencio.
—¿El auto?
Nada.
—¿La casa?
Nada.
—¿Las tarjetas?
—Dante...
—¿Los viajes?
—Basta.
—No.
Su voz siguió siendo tranquila.
—Vos entraste acá reclamando respuestas. Ahora quedate y escuchalas.
Carmen apretó los labios.
—Ser la madre de Matteo te dio una vida que nunca habrías tenido conmigo de otra manera.
—Sos un miserable.
—Y aun así disfrutás bastante de lo que paga este miserable.
Carmen lo miró con odio.
Pero no respondió.
Porque ambos sabían que era cierto.
—Antes de Matteo trabajabas por cien dólares la noche.
Ella palideció.
—No te atrevas.
—¿Te avergüenza?
—¡Callate!
Dante dio un paso hacia ella.
Carmen retrocedió.
—No levantes la voz en mi casa.
El silencio cayó inmediatamente.
—Yo nunca te juzgué por dónde trabajabas —continuó—. Nunca me importó.
Sus ojos descendieron brevemente hacia las joyas.
—Pero tampoco voy a permitir que olvides quién eras mientras me exigís explicaciones sobre con quién voy a casarme.
Carmen respiraba rápido.
—Yo solo...
—No.
Dante levantó una mano.
—No quiero escucharlo.
—Pero Matteo...
La expresión de Dante cambió.
Carmen lo vio.
Y se arrepintió demasiado tarde.
Dante caminó hacia ella.
—Te dije que no lo nombraras.
—Es su hijo también, Dante. Tengo derecho a preocuparme por quién va a estar cerca de él.
—Matteo es mi hijo.
—También es mío.
—Entonces comportate como su madre y dejá de utilizarlo para proteger tus privilegios.
Carmen retrocedió.
—No estoy haciendo eso.
Dante quedó frente a ella.
—Misaki no va a tocar el lugar de Matteo.
—¿Cómo podés saberlo?
—Porque yo lo digo.
Nada más.
No una explicación.
No una defensa de Misaki.
Una decisión.
Carmen lo miró.
—¿Y si ella no lo quiere?
—No importa.
—¿Cómo que no importa?
—Matteo es un De Luca.
La voz de Dante se volvió todavía más fría.
—Es mi primogénito. Nadie va a desplazarlo. Nadie va a decidir sobre su lugar. Ni Misaki, ni vos, ni nadie.
Carmen guardó silencio.
—Así que no vuelvas a utilizar a mi hijo como argumento para una conversación que en realidad trata sobre vos.
Carmen bajó la mirada.
—Solo tengo miedo.
Dante la observó.
—Lo sé.
Ella levantó los ojos, quizá esperando algo parecido a compasión.
No llegó.
—Pero tu miedo tampoco es problema mío.
Carmen tragó saliva.
—¿Ella va a vivir acá?
Dante permaneció en silencio.
—¿Va a vivir en esta casa?
—No te incumbe.
—Dante...
—No te incumbe.
Dos veces.
La segunda bastó.
Carmen apretó el bolso contra su cuerpo.
—¿Y qué esperás que haga cuando llegue?
—Nada.
—¿Nada?
—No te acerques a ella. No la provoques. No hables de mi hermano. No hables de Ren. Y, sobre todo...
Dante se acercó un poco.
—No la faltes el respeto.
Carmen abrió los ojos.
—¿Tengo que respetar a la mujer que mató a tu hermano?
—Sí.
—Estás enfermo.
Dante ni siquiera pestañeó.
—Puede ser.
—Yo jamás voy a...
—Entonces te vas.
Carmen se calló.
—¿Qué?
—Si Misaki Kuroda se convierte en mi esposa, esta será su casa.
La frase cayó como una piedra.
—Y vos vas a respetarla cuando estés acá.
Carmen negó lentamente con la cabeza.
—No podés echarme.
Dante la miró con absoluta indiferencia.
—Probame.
Carmen quedó inmóvil.
—¿Y Matteo?
—Mi hijo nunca va a perder nada.
Dante hizo una pausa.
—Vos sí podés.
El color desapareció de su rostro.
Ahí estaba.
El verdadero miedo.
Dante lo vio perfectamente.
—Podés conservar la casa. El auto. Las cuentas. Las joyas. La vida a la que te acostumbraste.
Se acercó.
—O podés seguir entrando en mi despacho exigiéndome explicaciones que no te corresponden y descubrir cuánto de todo eso llevaba realmente tu nombre.
Carmen no respondió.
—Vos elegís.
Durante unos segundos solo se escuchó el reloj del despacho.
Finalmente Carmen bajó la mirada.
—Es que me preocupa Matteo.
Dante soltó una pequeña risa sin humor.
—Claro.
—Soy su madre.
—Entonces ocupate de serlo.
Carmen lo miró.
Dante señaló la puerta.
—Fuera.
Esta vez ella obedeció.
Llegó hasta la puerta.
—Dante...
Él ya había vuelto a sentarse.
—¿Qué?
Carmen permaneció unos segundos en silencio.
—Nada.
Abrió.
—Carmen.
Se detuvo.
Dante ni siquiera levantó la vista de la carpeta.
—La próxima vez que entres a mi despacho sin permiso, voy a hacer que seguridad te saque.
Carmen lo miró.
Dante pasó una página.
—Cerrá la puerta al salir.
Ella salió.
La puerta se cerró.
Dante continuó leyendo.
Ni siquiera volvió a pensar en la conversación hasta que su teléfono sonó.
Padre.
Atendió.
—¿Qué?
—Necesitás comprarle una joya a Misaki un regalo de bienvenida.
Dante cerró los ojos.
Aquello sí consiguió irritarlo.
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
pero yo cada vez que estos estás juntos saltan chispas /Sly//Sly//Sly//Sly/