Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capítulo 2- El primer encuentro
"Hay personas que llegan a tu vida para cambiarla. Otras llegan para ponerla de cabeza desde el primer segundo."
La noche de la gala había llegado.
El histórico Palacio Bellavista, iluminado por cientos de lámparas de cristal, recibía a empresarios, jueces, diplomáticos y representantes de algunas de las familias más influyentes del país.
La lluvia había cesado.
El mármol del enorme vestíbulo reflejaba la luz de los candelabros, mientras una orquesta interpretaba una melodía elegante.
En la residencia Vesperi...
Dante terminó de acomodarse la corbata negra frente al espejo.
Vestía un traje hecho a medida que resaltaba su porte serio y elegante.
Enzo apareció apoyado en el marco de la puerta.
—Debo admitirlo...
Te ves menos amargado cuando usas esmoquin.
Dante soltó una risa apenas perceptible.
—Eso ha sido un cumplido muy extraño.
—Es el único que recibirás este mes.
Raffaele entró sosteniendo las llaves del automóvil.
—Será mejor que nos vayamos antes de que Enzo empiece a decir poesía.
Los tres rieron.
Bianca bajó por la escalera con un vestido azul oscuro.
—No hagan quedar mal a la familia.
—Nosotros nunca hacemos eso —respondió Enzo.
Bianca arqueó una ceja.
—No estaba hablando contigo.
Todos volvieron a reír.
Por unos instantes dejaron atrás las preocupaciones de los últimos días.
En la residencia Russo...
Valentina observaba varios vestidos extendidos sobre la cama.
Camila negó con la cabeza.
—Llevamos cuarenta minutos aquí.
Sofía levantó uno de color vino.
—Este es perfecto.
—No.
—¿Y el negro?
—Muy serio.
Camila cruzó los brazos.
—Entonces el verde.
Valentina sonrió.
—Ese.
Las tres comenzaron a arreglarse entre bromas y risas.
Minutos después, Isabella entró en la habitación.
Se quedó contemplando a su hija durante unos segundos.
—Estás preciosa.
Valentina sonrió.
—Gracias, mamá.
Isabella acomodó un mechón de su cabello.
—No importa cuántos años pasen...
Siempre seguiré viendo a la niña que corría por el jardín.
Valentina la abrazó con cariño.
—Y yo siempre necesitaré uno de tus abrazos.
Poco después...
Las dos familias llegaron al Palacio Bellavista por entradas distintas.
Ninguna imaginaba que aquella noche marcaría el inicio de una historia imposible.
Dante recorría el salón saludando a algunos invitados.
No disfrutaba demasiado ese tipo de eventos.
Prefería terminar rápido las conversaciones.
Mientras tanto...
Valentina conversaba animadamente con Camila y Sofía cerca de una de las terrazas.
—Después de esto quiero una hamburguesa enorme —dijo Camila.
Sofía soltó una carcajada.
—Acabamos de llegar.
—Precisamente.
Aquí sirven comida elegante.
Yo quiero comida de verdad.
Valentina no pudo evitar reír.
En ese mismo instante, uno de los camareros pasó demasiado rápido entre los invitados.
Tropezó levemente.
La bandeja se inclinó.
Varias copas estuvieron a punto de caer.
Dante reaccionó primero y sostuvo la bandeja para evitar el desastre.
Al mismo tiempo, Valentina sujetó una de las copas antes de que terminara en el suelo.
Los dos levantaron la mirada.
Por primera vez.
Sus ojos se encontraron.
Ninguno habló durante un par de segundos.
Valentina rompió el silencio.
—Buen reflejo.
Dante respondió con tranquilidad.
—Tú tampoco reaccionaste mal.
Ella sonrió apenas.
—Parece que evitamos un problema.
—Eso parece.
Un organizador del evento se acercó apresurado.
—Muchas gracias a los dos.
Nos habrían salvado de una verdadera catástrofe.
Valentina entregó la copa al camarero.
—No fue nada.
Dante hizo un gesto con la cabeza y se dispuso a continuar su camino.
Antes de alejarse, ambos se miraron una vez más.
No había odio.
No había simpatía.
Solo curiosidad.
Una extraña sensación de haber conocido a alguien diferente.
Sin saberlo...
La música de la orquesta continuaba llenando el enorme salón.
Durante unos segundos, ninguno de los dos apartó la mirada.
Fue Valentina quien habló primero.
—Supongo que hoy evitamos que alguien tuviera una noche desastrosa.
Dante dibujó una leve sonrisa.
—Aunque el mérito fue compartido.
—No suelo aceptar que me quiten el protagonismo.
—Entonces tendremos un problema.
Valentina soltó una risa breve.
—Qué confianza tienes.
—Solo digo la verdad.
Antes de que pudiera responder, Camila apareció a su lado.
—¡Valentina! Llevamos diez minutos buscándote.
Sofía observó discretamente al desconocido.
—¿Interrumpimos algo?
—No —respondió Valentina—. Solo evitamos un accidente.
Camila sonrió con picardía.
—Pues el accidente se veía bastante elegante.
Valentina le lanzó una mirada de advertencia.
Dante escuchó el comentario y soltó una pequeña risa.
En ese momento Enzo y Raffaele llegaron junto a él.
—¿Ya hiciste nuevos amigos? —preguntó Enzo.
—No exactamente.
—Qué raro. Pensé que habías decidido ser amable por una noche.
—No exageres.
Los seis quedaron frente a frente durante unos instantes.
El ambiente era tranquilo.
Hasta que el presentador del evento anunció una subasta benéfica para recaudar fondos destinados a un hospital infantil.
Los invitados comenzaron a tomar asiento.
Valentina, Camila y Sofía ocuparon una mesa cercana.
Dante hizo lo mismo unos metros más atrás.
La subasta transcurría con normalidad.
Cuadros.
Esculturas.
Libros antiguos.
Todo se vendía para apoyar la causa.
Cuando apareció una pintura muy antigua, tanto Dante como Valentina levantaron la paleta al mismo tiempo.
—Cien mil.
—Ciento veinte mil.
—Ciento cincuenta mil.
Valentina giró la cabeza al reconocer la voz.
Era el hombre con el que había hablado hacía unos minutos.
Dante también la observó.
Los dos sonrieron con competitividad.
—Doscientos mil —dijo ella.
—Doscientos cincuenta.
Camila abrió los ojos.
—No pienso dejar que gane por orgullo.
Valentina respiró hondo.
No quería convertir una obra benéfica en una competencia personal.
Bajó lentamente la paleta.
El martillo sonó.
—¡Vendido!
El salón aplaudió.
Cuando terminó la subasta, varios invitados felicitaron a Dante por su contribución.
Mientras tanto, Isabella se acercó a Valentina.
—Hiciste bien.
—¿En qué sentido?
—Recordaste cuál era el verdadero motivo de esta noche.
Valentina sonrió.
—No valía la pena competir.
A unos metros, Dante escuchó esas palabras sin querer.
Por un instante creyó haberla juzgado mal.
Pensó que intentaría ganar a cualquier precio.
En cambio, había decidido dar un paso atrás por una buena causa.
—Interesante... —murmuró para sí.
Valentina levantó la vista por casualidad.
Sus miradas volvieron a encontrarse.
Esta vez ninguno sonrió.
Solo intercambiaron un gesto educado antes de seguir caminos distintos.
No sabían sus nombres.
No conocían sus historias.
Pero ambos se quedaron con la misma sensación...
Que aquel desconocido volvería a cruzarse en su vida mucho antes de lo que imaginaban.
Y cuando eso ocurriera...
Las apariencias ya no serían suficientes para evitar el conflicto.
La gala estaba llegando a su fin.
Los invitados comenzaban a despedirse mientras el murmullo de las conversaciones sustituía la música de la orquesta.
Valentina salió a una de las terrazas para tomar aire.
La lluvia había dejado un aroma fresco sobre los jardines.
Camila apareció con dos copas de jugo.
—Sabía que estarías aquí.
—Necesitaba un momento de tranquilidad.
Camila le entregó una copa.
—¿En qué piensas?
Valentina apoyó los brazos sobre la baranda.
—En ese hombre.
Camila sonrió con curiosidad.
—¿El de la subasta?
—Sí.
—¿Te llamó la atención?
Valentina negó enseguida.
—No de esa forma.
Solo me pareció... diferente.
Seguro de sí mismo.
Aunque un poco arrogante.
—Entonces sí te llamó la atención.
Valentina soltó una risa.
—No saques conclusiones tan rápido.
Dentro del salón, Enzo acomodaba su saco mientras observaba a Dante.
—No apartaste la vista de esa chica durante un buen rato.
—Estás imaginando cosas.
—¿Ah, sí?
Raffaele intervino divertido.
—Es la primera mujer con la que hablas más de treinta segundos sin querer terminar la conversación.
Dante negó con una sonrisa.
—Simplemente parecía alguien con carácter.
—Y eso te sorprendió.
—No.
Me dio curiosidad.
Enzo levantó una ceja.
—Eso ya es un avance.
Dante decidió no responder.
Hacía mucho tiempo que nadie despertaba siquiera un poco de interés en él.
Pero tampoco estaba dispuesto a darle importancia.
Mientras los invitados abandonaban el palacio, un hombre observaba discretamente desde el segundo piso.
Vestía un traje gris.
Nadie parecía conocerlo.
Con calma cerró una carpeta que llevaba bajo el brazo.
Dentro había fotografías de varias familias influyentes.
Entre ellas...
Los Vesperi.
Los Russo.
El desconocido sonrió apenas.
—Todo está saliendo según lo planeado...
Guardó la carpeta y desapareció entre la multitud sin llamar la atención.
A la mañana siguiente...
Los periódicos hablaban del éxito de la gala benéfica.
Las fotografías mostraban sonrisas, discursos y donaciones.
Pero también comenzaban a circular rumores sobre documentos confidenciales que alguien intentaba obtener para perjudicar a varias familias importantes.
Nadie sabía si era verdad.
O simplemente un intento de sembrar desconfianza.
En la residencia Russo...
Marco dejó el periódico sobre la mesa.
—Esto no me gusta.
Alessandro levantó la vista.
—¿Los rumores?
—Sí.
Alguien quiere enfrentar a personas que hasta ahora solo mantenían una relación profesional.
Isabella suspiró.
—Esperemos que todo quede en rumores.
Valentina tomó una tostada.
—Antes de sacar conclusiones prefiero conocer los hechos.
Su padre sonrió con orgullo.
—Esa es la actitud correcta.
En la residencia Vesperi...
Vittorio también observaba el mismo periódico.
—No tomen decisiones apresuradas.
Las apariencias engañan.
Alessandro asintió.
—Investigaremos antes de actuar.
Dante cerró el diario.
Las palabras de su padre coincidían con lo que él mismo pensaba.
No le gustaban los rumores.
Prefería descubrir la verdad por sus propios medios.
Sin embargo...
Una imagen llamó su atención.
Era una fotografía tomada durante la gala.
En un extremo aparecía él.
Y al fondo, casi por casualidad, estaba aquella joven de vestido verde.
No conocía su nombre.
Pero volvió a recordar la firmeza con la que había sostenido su mirada.
Dobló el periódico y lo dejó sobre la mesa.
—Qué extraño...
Bianca lo observó con curiosidad.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
Solo pensé en alguien que conocí anoche.
Bianca sonrió con picardía.
—Tal vez el destino quiera volver a cruzarlos.
Dante soltó una risa breve.
—No creo en esas cosas.
Pero el destino...
No necesitaba que él creyera en él.
Ya había comenzado a mover sus piezas.
Quiero agradecerles de todo corazón por darle una oportunidad a Entre tu odio y mi lealtad. Esta es una historia completamente nueva, creada con mucho cariño, dedicación e ilusión para todos ustedes.
Apenas estamos comenzando este viaje. Poco a poco conocerán más sobre Dante, Valentina y los personajes que los rodean. Cada uno tiene una historia que contar, secretos que guardar y decisiones que cambiarán su destino.
Espero que hayan disfrutado este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo. Si les gustó, no olviden dejar su comentario, votar y compartir la novela. Leer sus opiniones y teorías me motiva muchísimo a seguir creando esta historia.
Nos vemos en el próximo capítulo... y les prometo que lo mejor aún está por comenzar.
Con cariño,
Zahira#🖤