Tres amigos fijan un objetivo cada uno y deciden grabar un vídeo esperando poder cumplirlos en un año... pero las situaciones alterarían los planes iniciales.
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Capítulo 1
Estoy reunido con mis amigos Jonathan y Pedro comiendo en un centro comercial, pues acostumbramos realizar este tipo de reuniones.
En eso, Jonathan sorprende con una propuesta: “Quería proponer una idea. ¿Qué les parece si nos fijamos un objetivo a cumplir de aquí a un año y lo grabamos en video?. Algo que puede ser solo para nosotros.”
Pedro: “Pues en realidad, yo ya tengo un objetivo en mente y no me incomoda compartirlo con ustedes.”
Digo: “Bueno, yo también tengo un objetivo en mente y sé que dirán que no voy a poder cumplirlo en un año, pero siendo mis amigos, se los puedo compartir.”
Jonathan: “Genial. Entonces grabemos el vídeo.”
Ponemos un celular para grabar el vídeo y después desde ese celular compartiremos el vídeo hacia los otros 2.
Jonathan empieza diciendo: “Como saben, me gusta jugar ajedrez. No busco participar de momento en torneos muy complejos, sino más en partidas locales. He tenido pocas derrotas, pero lo más importante… es que hasta ahora ninguna mujer me ha derrotado. Sé que puede parecer una meta sexista, pero quisiera pasar un año más sin ser derrotado en una partida de ajedrez por una mujer que participe en los torneos locales. Claro que he investigado y se que los campeones mundiales de ajedrez siempre han sido hombres, por lo que es posible que haya alguna ventaja de género, pero si así es, eso facilitará completar mi objetivo.”
Sé que Jonathan tiene un conocimiento aceptable de ajedrez porque lo he visto jugar. Nunca le he dicho que yo también sé jugar y que participé en eventos mucho más complejos que torneos locales hace años. Como me retiré del ajedrez antes de que llegue a ser mi amigo, estoy seguro de que él no sabe que tengo mucha experiencia en el ajedrez, pero aunque no esté participando activamente en torneos, lo que recuerdo aún permanece y creo que debo mencionar algo con respecto a su objetivo.
Digo: “Jonathan, debes saber algo. Es cierto que los campeones mundiales de ajedrez siempre han sido hombres, pero eso se debe a que estadísticamente los que participan en este deporte son en su gran mayoría hombres. Cuando participaba en torneos de ajedrez hubieron varias mujeres que me derrotaron y aunque espero que cumplas tu meta, si te confías podrías ser derrotado por una mujer incluso en un torneo local.”
Jonathan: “Espera. ¿Tú jugabas ajedrez en torneos?”
Digo: “Hace años que ya no juego, pero sí, participé en torneos. En cualquier caso, no olvides lo que te dije.”
Jonathan: “Ok. Tendré en cuenta todo lo que me has dicho.”
Toca el turno de Pedro y él dice: “Como saben, tengo una tienda donde ambos me compran. Pero, ¿Saben cuánto tiempo llevo con la tienda abierta al público?”
Después de que Jonathan y yo decimos nuestro cálculo de más de 1 año, Pedro dice: “Hoy cumplo 2 años con mi tienda abierta. ¿Saben cuántas veces me han robado? Cero. Ningún robo a mi tienda en 2 años. Espero llegar con cero robos al tercer año.”
Digo: “Es excelente que nunca te hayan robado, pero como vivo a pocas cuadras de distancia, sé que vivimos en un barrio tranquilo. No se ha escuchado de tiroteos ni de nada parecido por el lugar, pero no te confíes. Lo que no ha pasado en años, puede pasar en segundos.”
Después de eso, les cuento mi objetivo y después de que ambos tengan una interesante conversación conmigo al respecto, terminamos el vídeo, se comparte a los otros 2 celulares y nos despedimos para retirarnos a nuestras viviendas.
Al día siguiente, Jonathan me llama a decirme: “Voy a participar en un torneo de ajedrez local. Es un torneo privado, solo entre amigos y es de eliminación simple. Si ganas continuas, si pierdes te retiras. Calculo que serán 3 o 4 partidas, pero en cuanto pierdas te puedes ir. Te llevo solo para completar el número de jugadores.”
No puedo evitar pensar por un momento en la idea: “Claro. Iré, te veré participando contra una mujer, veré cómo ella te derrota y te me voy a reír.”
Pero entonces recupero la compostura y digo: “Entiendo, pero tengo años sin participar y no tengo tablero ni reloj de ajedrez.”
Jonathan: “Tranquilo. Acá tenemos todo el material necesario y basta con que recuerdes como mover las piezas. Es solo ocupar un puesto y jugar con coherencia básica que de ganar el torneo me encargo yo.”
Digo: “está bien. Envíame la ubicación e iré para allá.”
No pregunto por premio para el ganador porque en realidad no me interesa, pues solo voy por la diversión del juego.
Si hay algún trofeo o medalla y yo quedo en primer lugar, no tengo inconveniente en que se lo quede Jonathan.
De camino al lugar, paso por la tienda de Pedro, y lo veo enojado. Digo: “¿Te ocurre algo Pedro?”
Pedro: “Sí. Un problema familiar. Igual no interrumpiré mi trabajo aquí en la tienda, pero esto me tiene de mal humor porque al terminar aquí voy a tener que ir a atenderlo. Espero que me actualicen por mensaje aunque dudo que se solucione.”
Digo: “Bueno, espero que tu día mejore. Debo ir a ayudar a Jonathan con un asunto de última hora. Nos vemos más tarde.”
Me despido de Pedro y sigo mi camino.
Al llegar al lugar, veo que una mujer recibe a Jonathan y se saludan como amigos.
Allí me entero de que se llama Gipsy, pero yo no la conozco y al verme queda claro que ella tampoco me conoce.
Gipsy le dice a Jonathan: “aclaramos que el torneo solo es entre personas que conozcamos bien y viceversa.”
Jonathan dice señalándome: “A él lo conozco bien y él me conoce.”
Después de presentarme, Gipsy me hace preguntas sobre Jonathan que sólo un amigo sabría.
Las respondo todas con precisión, pero está situación me empieza a generar dudas.
La seguridad para mí es importante, pero me parece que esto es un poco exagerado.
Al final Gipsy me dice: “Es un torneo privado de ajedrez. ¿Ya conoces los detalles?”
Jonathan le responde: “Yo ya le expliqué todo. En cuanto pierda una partida se irá. Viene solo a completar el número de participantes.”
Gipsy mirándome dice: “En ese caso, bienvenido. El torneo está por comenzar.”