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El Mafioso Que Me Eligió

El Mafioso Que Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria del Rosario González

Soraya es una estudiante común cuya vida se rompe cuando la deuda de su padre la vincula con un mundo peligroso dominado por intereses ocultos. Entre Víctor, su novio, y Sebastián, un hombre enigmático ligado a esa deuda, su realidad comienza a distorsionarse.
Lo que parece un triángulo amoroso pronto revela algo más profundo: fuerzas invisibles que intentan influir en su vida, definir quién es y controlar sus decisiones.
Cuando todo contacto con su pasado empieza a cortarse, Soraya descubre que no está eligiendo entre dos hombres, sino entre ser moldeada por otros o reconstruirse desde cero.
Al final, su mayor decisión no es amorosa… es identitaria: dejar de ser definida por todos para convertirse en sí misma.

NovelToon tiene autorización de Maria del Rosario González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: La letra de la condena

​La atmósfera en el apartamento de Soraya se había vuelto densa, casi metálica. El aroma a trementina y aguarrás, que durante años había sido el perfume de su libertad creativa, ahora parecía una fragancia agridulce, un recordatorio de un tiempo que se desvanecía. Soraya recorrió con la yema de sus dedos el borde de un lienzo inacabado: el retrato de un bosque bañado por la luz del amanecer. Sus manos, siempre manchadas de pigmentos terrosos y azules profundos, temblaban imperceptiblemente.

​Al girarse, la sombra que proyectaba el marco de la puerta le pareció más alargada, casi como una garra que intentaba reclamar el espacio. Se obligó a apartar la mirada y buscó en su cuello el collar de plata, un fino hilo metálico que su madre le había regalado. Lo acarició con nerviosismo, buscando en ese metal frío una ancla que la mantuviera unida a su propia realidad.

​—Papá, por favor, dime qué está pasando —suplicó ella, acercándose a la mesa donde su padre seguía sentado, convertido en un espectro de sí mismo.

​Su padre levantó la cabeza. Sus ojos, antes llenos de una calidez bonachona, ahora eran dos cuencas vacías, hundidas en un rostro surcado por líneas de angustia que parecían haber aparecido en cuestión de segundos.

​—Es una deuda de sangre, Soraya —respondió él, con voz rota—. No es dinero. El dinero se puede ganar, se puede pedir prestado. Esto... esto es un compromiso que adquirí cuando tú apenas eras una niña. Pensé que el tiempo lo enterraría, que el hombre al que se lo debía habría olvidado la existencia de este pobre diablo. Pero los hombres como él no olvidan. Ellos coleccionan vidas.

​En el centro financiero, a kilómetros de distancia, Sebastián observaba la ciudad desde su despacho. El cristal templado de su ventanal, de tres metros de altura, ofrecía una vista panorámica de la metrópoli, que desde allí arriba parecía una maqueta sin vida. Sebastian no miraba los edificios; observaba el movimiento de los coches, las luces que se encendían como pequeñas luciérnagas, sintiendo el poder de saber que, con una simple llamada, podría detener el pulso de cualquiera de ellas.

​Sebastián ajustó sus gemelos de plata con precisión quirúrgica, un tic que ejecutaba siempre que sentía la proximidad del triunfo. Se acercó a una vitrina lateral y extrajo un pequeño objeto: un boceto desgastado, hecho con carboncillo, que mostraba a una Soraya adolescente sentada en un banco de plaza. Lo conservaba en un marco de caoba fina, como si fuera una reliquia.

​—La paciencia es el arte de dejar que la presa corra hacia la red —murmuró para sí mismo, con una voz que era como el roce de seda sobre una cuchilla. No necesitaba levantar la voz; su autoridad emanaba de un silencio absoluto, una calma gélida que hacía que sus subordinados bajaran la vista al entrar en la estancia.

​Mientras tanto, en casa de Soraya, el ambiente era todo lo contrario. Era un caos emocional contenido.

​—Sebastián no es un hombre, es un mecanismo —continuó el padre de Soraya, arrojando el fajo de papeles sobre la mesa—. Y ahora, ha venido a cobrar su interés. Y no quiere el apartamento, ni las pinturas, ni mis ahorros. Él quiere la única pieza que completa su colección.

​—¿De qué hablas? —el corazón de Soraya latía contra sus costillas como un pájaro enjaulado.

​—Te quiere a ti, Soraya. Fuiste el precio pactado hace mucho tiempo.

​El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el sonido de la lluvia que empezaba a golpear el cristal del balcón. Soraya sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Aquella premonición de ser "escrita" por alguien más se materializó en una verdad brutal. Su vida, sus sueños, su amor por Víctor, todo parecía estar siendo borrado por una goma agresiva, dejando espacio para un diseño que ella no había elegido.

​En ese momento, su teléfono vibró en el bolsillo de su delantal. Era Víctor. La pantalla iluminó su rostro demacrado. Víctor, con su sonrisa perfecta, con sus ojos que sabían cómo calmar sus tormentas.

​—Víctor... —susurró ella al contestar, con la voz quebrada.

​—¿Qué ocurre, mi amor? Te siento rara. ¿Estás en casa? Iré para allá de inmediato, noté algo extraño en el camino hacia aquí, como si me siguieran...

​Soraya miró a su padre, quien negaba con la cabeza desesperadamente, con los ojos llenos de terror. El hombre que amaba, su único refugio, estaba a punto de entrar en el centro de un huracán que lo destruiría.

​—No vengas, Víctor —dijo ella, tratando de mantener la compostura mientras las lágrimas se le acumulaban en los ojos—. Por favor, no vengas.

​Pero era demasiado tarde. Al otro lado de la calle, un sedán negro, pulcro y siniestro, se detuvo bajo un farol. La luz anaranjada reflejó el metal reluciente del vehículo. La puerta se abrió y, con una elegancia que resultaba aterradora, una figura alta y oscura emergió del interior. Sebastián había llegado. El destino, con su pluma de hierro, acababa de escribir la primera frase del capítulo más oscuro de la vida de Soraya.

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pryz
Hola belleza, leí y no entendí nada pero parece buena, sigamos adelante 😉
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