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El Latido De Tus Silencios.

El Latido De Tus Silencios.

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Historia sobre el amor que trasciende las limitaciones , sobre el arte como puente entre dos mundos y sobre la certeza de que a veces las personas más luminosas son aquellas que aprendieron a brillar en la oscuridad.

NovelToon tiene autorización de piscis 1 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dos años después.

El tiempo, ese escultor paciente que moldea las vidas con la delicadeza de un orfebre, transcurrió con la cadencia suave de una melodía bien afinada. Dos años después de su boda, Diego y Alicia se habían instalado en una casa con jardín a las afueras de la ciudad, un lugar espacioso y luminoso donde cada uno tenía su estudio y donde Max —ya un poco mayor, con algunas canas en el hocico— correteaba a sus anchas persiguiendo mariposas imaginarias.

La vida les había tratado bien. El segundo álbum de Diego, «Renacer», había consolidado su carrera como compositor. Ya no necesitaba tocar en el café para ganarse la vida —aunque seguía haciéndolo de vez en cuando, por amistad con Laura y porque aquel lugar era una segunda casa—. Ahora recibía encargos para componer bandas sonoras de documentales y cortometrajes, y estaba trabajando en su tercer disco.

Alicia, por su parte, había publicado su primer libro ilustrado: una historia infantil sobre un perro guía y su dueño pianista, que había tenido muy buena acogida. Estaba inmersa en el segundo, y soñaba con hacer una trilogía.

—El otro día recibí una carta de una niña —le contó a Diego durante el desayuno—. Dice que su hermano pequeño es ciego y que el libro le ha ayudado a entender mejor cómo ve el mundo. Me he emocionado muchísimo.

—Eso es maravilloso. Tu libro está haciendo exactamente lo que querías: tender puentes.

—Como nosotros.

—Como nosotros.

Pero la gran noticia, la que cambiaría sus vidas para siempre, llegó una mañana de otoño, cuando Alicia salió del baño con una expresión entre incrédula y radiante y le puso a Diego en las manos una pequeña tira de plástico.

—¿Qué es esto? —preguntó él, palpándola.

—Un test de embarazo. Positivo.

Diego se quedó en silencio unos segundos, procesando la información. Luego su rostro se iluminó con una sonrisa tan grande que parecía que le iba a partir la cara.

—¿Vamos a ser padres? —dijo, con la voz temblorosa.

—Sí. Vas a ser padre.

—Y tú madre.

—Eso es un poco obvio.

Diego se levantó de la silla y abrazó a Alicia con una fuerza inusitada. Max, contagiado por la emoción, empezó a ladrar y a dar vueltas a su alrededor sin entender muy bien qué pasaba pero sabiendo que era algo bueno.

—Tenemos que contárselo a Elena. Y a Clara. Y a Laura. Y a todo el mundo.

—Tranquilo. De uno en uno. —Alicia se rió, acariciándole el pelo—. Tenemos nueve meses por delante.

Los meses de embarazo fueron una etapa dulce y, al mismo tiempo, plagada de pequeñas incertidumbres. Diego, que ya de por sí era protector, se volvió aún más atento. Insistía en acompañar a Alicia a todas las consultas médicas, memorizaba las indicaciones de la matrona, preparaba infusiones y cenas nutritivas con la ayuda de Elena.

—Te estás convirtiendo en un marido perfecto —bromeaba Alicia.

—Es que no quiero perderme nada. Ya me he perdido muchas cosas por no poder verlas. Esto no.

—Pero sí puedes verlo. El embarazo no es solo visual. Está lleno de sensaciones: los movimientos del bebé, los cambios de humor, los antojos, el cansancio. Tú puedes sentir todo eso conmigo.

—Y lo hago. Pero me gustaría ver tu barriga crecer, ver la ecografía, ver la cara del bebé cuando nazca.

—Diego... —Alicia le tomó la mano y la puso sobre su vientre, ya ligeramente abultado—. Tú verás a nuestro hijo con las manos, con los oídos, con el olfato. Como has hecho siempre con todo. Y será una forma de ver tan válida como cualquier otra.

Diego asintió, aunque una parte de él seguía anhelando lo imposible. No era la primera vez que le ocurría, ni sería la última. Pero había aprendido a convivir con esa pequeña melancolía, a aceptarla sin dejar que le amargara los momentos felices.

El bebé nació una madrugada de junio, después de un parto largo pero sin complicaciones. Era una niña. Pesó tres kilos y medio y tenía, según la enfermera, los ojos muy claros y el pelo oscuro como el de su padre.

—¿Es morena? —preguntó Diego, con la recién nacida en brazos.

—Sí. Y tiene tus pecas. Es preciosa.

—¿Cómo vamos a llamarla?

—Luna. Siempre me ha gustado Luna.

—Luna. Me encanta.

Diego sostuvo a su hija contra el pecho y sintió que el mundo se detenía. No podía verla, pero podía olerla —ese aroma a talco y a recién nacido—, podía tocarla —su piel suave como el terciopelo— y podía oír su respiración entrecortada, su pequeño llanto, sus gemidos de satisfacción cuando se acomodaba contra su calor.

—Hola, Luna —susurró—. Soy papá. No puedo verte, pero voy a quererte más que nadie en el mundo. Te lo prometo.

Luna, como si lo entendiera, dejó de llorar.

La llegada del bebé transformó la casa. Lo que antes era un espacio tranquilo y ordenado se convirtió en un caos de biberones, pañales, sonajeros y peluches. Max, al principio receloso, terminó aceptando a la recién llegada y se convirtió en su guardián, durmiendo junto a la cuna y acudiendo cada vez que la niña lloraba.

Clara, que se había mudado a un apartamento cercano para estar más cerca de su nieta, se ofrecía voluntaria para cuidar a Luna cada vez que Alicia y Diego necesitaban tiempo para trabajar. Elena ejercía de tía orgullosa con un entusiasmo que rozaba lo empalagoso. Y Laura, desde el café, ya estaba planeando el primer concierto de Luna al piano.

—Va a ser pianista, como su padre —decía.

—O ilustradora, como su madre —replicaba Alicia.

—O las dos cosas.

—Eso sería ideal.

Diego, en medio de aquel torbellino, se sentía pleno. La paternidad le había aportado una nueva dimensión, una nueva forma de entender el amor. Antes de Luna, creía que querer a Alicia era lo máximo a lo que podía aspirar. Ahora sabía que el corazón humano era como una esponja: se expandía para hacer sitio a más amor, sin que el anterior se diluyera.

Una noche, mientras Alicia dormía agotada y Luna mamaba tranquilamente en sus brazos, Diego se sentó al piano y compuso una nueva pieza. Era una nana, dulce y repetitiva, con un ritmo que imitaba el balanceo de una cuna. La llamó «Luna de junio», y se prometió que sería la primera canción que su hija aprendería a reconocer.

Cuando terminó, notó una presencia a su lado. Alicia se había despertado y le observaba desde el umbral de la puerta.

—Es preciosa —dijo—. La nana, digo.

—Es para Luna. Para que sepa que su padre, aunque no pueda verla, la ve de otras formas.

—Lo sabe. Estoy segura de que lo sabe.

Se abrazaron en la penumbra, mientras la luna —la del cielo, no la de la cuna— se filtraba por la ventana y plateaba los contornos del piano. Max dormía a los pies de la cuna. Luna había terminado de mamar y se había quedado dormida con una sonrisa de satisfacción en sus pequeños labios.

Todo estaba en calma. Todo estaba bien.

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Yunior Rodríguez García
Megusto mucho esta novela👏
Maria luisa
Excelente trabajo.
Sara
Preciosa . Me gustó
Salma
preciosa🥰
Salma
Muy bonita novela
Salma
Muy linda novela👏
Loba
👏👏👏👏👏👏hermosa
Loba
muy bonita historia de amor.
Loba
Muy bonita historia 👏🥰
Sonia
Excelente 👌
Melody
Qué belleza de novela🥰
Jaly
Espectacular👏
Jaly
Excelente novela 👍👌
Betty
muy bien🥰
Betty
muy bonita la novela promete ser una buena
Liane
me gustó mucho la novela
Liane
super excelente ❤️
Virgo
Me gusta mucho la novela 🤩🤩🤩
Virgo
👏👏👏👏👏
Ceni
Me gustó mucho
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