Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 3: La hija que nunca conoció
Alessandro De Luca llevaba cinco años evitando volver a aquella parte de la ciudad.
No porque tuviera miedo.
Él no le temía a nada.
Al menos eso era lo que todos creían.
Pero aquella casa representaba algo que había intentado enterrar durante demasiado tiempo.
Valeria.
El único nombre capaz de romper la fría máscara que había construido frente al mundo.
Mientras el automóvil avanzaba por las calles antiguas, Alessandro observaba por la ventana en silencio.
Recordaba la primera vez que la vio.
Ella no se parecía a nadie que hubiera conocido.
No le tenía miedo.
No le importaba su apellido.
No le importaba el poder que tenía.
Cuando todos se acercaban a él por interés, Valeria fue la única persona que lo miró como si fuera simplemente un hombre.
Un hombre que también podía sentir.
Un hombre que también podía amar.
Y quizás por eso la pérdida había dolido tanto.
Porque no solo había perdido a una mujer.
Había perdido la única parte de él que todavía era humana.
—Llegamos, señor.
La voz del conductor lo sacó de sus pensamientos.
Alessandro levantó la mirada.
Frente a él estaba la antigua casa Moretti.
La misma donde había pasado momentos que jamás olvidaría.
Bajó del vehículo.
Dos hombres de seguridad lo acompañaban a unos metros de distancia.
No necesitaba más.
Su presencia era suficiente para imponer respeto.
Caminó hasta la entrada.
Pero antes de tocar la puerta...
Escuchó una risa.
Una risa infantil.
Alessandro se quedó inmóvil.
No sabía por qué, pero esa pequeña voz provocó algo extraño dentro de él.
Como un recuerdo que no lograba alcanzar.
La puerta del jardín estaba entreabierta.
Sin pensarlo demasiado, avanzó unos pasos.
Y entonces la vio.
Una niña pequeña corría detrás de una pelota.
Cabello oscuro.
Ojos grises.
La misma mirada que él veía todas las mañanas frente al espejo.
Alessandro sintió que el mundo se detenía.
La niña se detuvo al verlo.
Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.
Era una sensación imposible de explicar.
Como si se hubieran conocido antes.
Como si una parte de él reconociera algo que su mente todavía no entendía.
—¿Quién eres? —preguntó la niña con curiosidad.
Alessandro abrió la boca, pero no encontró una respuesta.
Él, que podía negociar con los hombres más peligrosos del mundo.
Él, que jamás dudaba.
Ahora estaba completamente confundido frente a una niña.
—Mi nombre es Alessandro.
La pequeña sonrió.
—Es un nombre lindo.
Él sintió algo extraño en el pecho.
—¿Y tú cómo te llamas?
La niña iba a responder cuando una voz desesperada interrumpió el momento.
—¡Sofía!
Valeria salió de la casa y se quedó completamente paralizada.
Su mirada pasó de su hija a Alessandro.
Y el miedo apareció en sus ojos.
Cinco años de secretos.
Cinco años protegiendo a su hija.
Cinco años intentando olvidar a ese hombre.
Todo acababa de terminar.
—Alessandro...
Su voz apenas salió como un susurro.
Él la miró.
Por primera vez en cinco años la tenía frente a él.
No era un recuerdo.
No era una fotografía.
Era real.
Más hermosa de lo que recordaba.
Pero sus ojos ya no tenían la misma luz.
Había dolor.
Había heridas.
Y había algo más.
Miedo.
—Valeria...
Pronunciar su nombre fue como abrir una herida que nunca había cerrado.
La niña miró a ambos.
Confundida.
—¿Mamá, ustedes se conocen?
Ninguno respondió.
Porque en ese instante los dos entendieron que la vida acababa de cambiar para siempre.
Alessandro observó a Sofía nuevamente.
Luego miró a Valeria.
Y una pregunta comenzó a formarse en su mente.
Una pregunta que podía destruir todo lo que creía saber.
¿Por qué esa niña tenía sus ojos?El silencio que quedó después de aquella pregunta fue más fuerte que cualquier palabra.
Valeria sintió que sus manos comenzaban a temblar.
Había imaginado ese momento muchas veces durante los últimos cinco años.
Había pensado qué diría.
Cómo reaccionaría.
Cómo protegería a Sofía.
Pero ninguna de sus imaginaciones se parecía a la realidad.
Porque en sus sueños siempre tenía tiempo para prepararse.
Ahora Alessandro estaba frente a ella.
Mirándola como si intentara descubrir todos los secretos que ella había guardado.
—Mamá... —Sofía volvió a preguntar—. ¿Quién es él?
Valeria tragó saliva.
No podía permitir que su hija sintiera su miedo.
Se acercó a ella y tomó su mano.
—Es un viejo conocido.
La respuesta hizo que Alessandro frunciera el ceño.
¿Un viejo conocido?
Después de todo lo que habían vivido...
¿Eso era todo lo que él era para ella?
—¿Un conocido? —repitió él con una voz baja.
Valeria sostuvo su mirada.
—Sí.
Pero ambos sabían que era mentira.
Habían sido mucho más que eso.
Habían sido dos personas que creyeron que pasarían la vida juntas.
Hasta que una mentira destruyó todo.
Alessandro dio un paso hacia adelante.
—Necesito hablar contigo.
Valeria sintió que su corazón se aceleraba.
—No tenemos nada que hablar.
Aquella respuesta lo sorprendió.
Cinco años atrás, Valeria jamás le habría hablado así.
Ella era dulce.
Paciente.
Siempre intentaba entenderlo.
La mujer que tenía delante era diferente.
Más fuerte.
Más distante.
—Creo que sí tenemos mucho de qué hablar.
Los ojos de Valeria brillaron con dolor.
—¿Ahora?
Su voz se quebró apenas.
—¿Después de cinco años?
Alessandro apretó la mandíbula.
Sabía que tenía razón.
Pero también sabía que había preguntas que necesitaba responder.
—Desapareciste.
La expresión de Valeria cambió.
Como si esas palabras hubieran despertado todos los recuerdos que intentaba olvidar.
—¿Desaparecí?
Soltó una pequeña risa sin humor.
—Eso es lo que te dijeron, ¿verdad?
Alessandro se quedó callado.
Porque no sabía qué responder.
La noche de la traición seguía siendo un recuerdo doloroso.
Los documentos encontrados.
Las pruebas.
Las imágenes que le hicieron creer que Valeria había vendido información de su familia.
Todo apuntaba hacia ella.
O eso había creído.
—Yo confiaba en vos —dijo él finalmente.
Valeria lo miró con incredulidad.
—No.
Una lágrima amenazó con caer, pero ella la contuvo.
—Vos confiabas en las pruebas que pusieron delante de tus ojos.
Aquella frase golpeó más fuerte de lo que Alessandro esperaba.
Porque una parte de él siempre había tenido dudas.
Dudas que había enterrado porque aceptar que podía haberse equivocado significaba aceptar que había destruido la vida de la mujer que amaba.
Antes de que pudiera responder, Sofía soltó la mano de su madre y miró a Alessandro.
—¿Vos conocés a mi mamá desde hace mucho?
Él bajó la mirada hacia ella.
No sabía por qué, pero estar cerca de esa niña le provocaba una sensación inexplicable.
—Sí.
—¿Eran amigos?
Alessandro miró a Valeria.
Ella apartó la vista.
—Éramos algo más.
La respuesta salió sin pensar.
El aire quedó congelado.
Valeria lo miró sorprendida.
Sofía sonrió.
—Entonces sos alguien importante.
Alessandro sintió un golpe en el pecho.
Una frase tan simple.
Pero dicha por una niña que no sabía nada de la historia que los separaba.
—Sofía, entrá con la bisabuela —pidió Valeria suavemente.
La niña obedeció, aunque antes de entrar miró nuevamente a Alessandro.
—Espero verte otra vez.
Cuando la puerta se cerró, quedaron solos.
Alessandro volvió a mirar a Valeria.
—Tiene cinco años.
Valeria no respondió.
—Valeria...
El tono de su voz cambió.
Ya no era el hombre frío y poderoso.
Era el hombre que estaba empezando a entender.
—¿Ella es mi hija?
El mundo pareció detenerse.
Valeria cerró los ojos.
Sabía que ese momento llegaría.
Solo había esperado tener más tiempo.
Al abrirlos nuevamente, ya no había miedo.
Solo cansancio.
—Sí.
La palabra cayó como una bomba.
Alessandro se quedó inmóvil.
Por primera vez en muchos años, el hombre que todos temían no encontró qué decir.
Cinco años.
Había perdido cinco años de la vida de su hija.
Cinco años de abrazos.
Primeras palabras.
Primeros pasos.
Primeros recuerdos.
Todo ese tiempo había estado viviendo sin saber que existía una pequeña niña que llevaba su sangre.
Valeria observó cómo el dolor aparecía en sus ojos.
Pero ella también tenía heridas.
—Ahora entendés por qué no podía volver.
Alessandro levantó la mirada.
Y en ese instante hizo una promesa silenciosa.
Una promesa que cambiaría sus vidas para siempre.
No iba a perder a su hija.
No otra vez.