Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.
Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.
Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.
Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.
Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.
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02
La oficina del Dr. Henderson olía a café rancio y a papel viejo. Noah llegó cinco minutos antes de las nueve, una mochila llena de carpetas coloridas y una libreta donde ya había esbozado tres posibles cronogramas para el evento. La mesa de conferencias estaba impecablemente ordenada, con un espacio asignado para cada uno de sus materiales.
Leo entró exactamente a las nueve, sin mochila, solo con un cuaderno negro y un termo de metal que olía a canela. Asintió a Noah con una sonrisa cansada antes de sentarse.
—Noches de estudio —dijo Leo, por way de explicación, mientras se servía café de la jarra que el Dr. Henderson había dejado sobre la mesa—. ¿O es que también preparas una maqueta del evento con palillos de dientes?
Noah apretó la mandíbula. —Organización es eficiencia. Eficiencia es éxito. Algo que tú, con tus entrenamientos nocturnos, parecerías no entender.
—Ah, ¿entonces es por eso que siempre te veo en la biblioteca a las once de la noche? —Leo se rio, sin ofensa—. Pensaba que eras insomne.
—Estoy optimizando mi tiempo —respondió Noah, sintiendo cómo se elevaba una bandera roja en su interior—. Mientras tú patinas sobre hielo, yo estoy avanzando.
—Patinar es cómo pienso —replicó Leo, su tono suave pero firme—. Es mi método. ¿No tienes uno, Sullivan? ¿O solo piensas con listas y horarios?
El Dr. Henderson entró antes de que Noah pudiera idear una respuesta lo suficientemente cortante.
—Buenos días, muchachos. Supongo que ya se presentaron formalmente. Su proyecto es el evento anual de recaudación de fondos para el programa de becas de verano. El año pasado recaudamos diecisiete mil dólares. Este año, el comité espera un veinte por ciento más.
Diecisiete mil. La cifra resonó en la mente de Noah. Podía hacerlo. Podía planificarlo. Podía ejecutarlo. Podía ganarlo.
—¿Hay alguna restricción? —preguntó Noah, su voz ahora completamente profesional—. ¿Presupuesto? ¿Alcance?
—Tienen acceso a todos los recursos del departamento de estudiantil —dijo el Dr. Henderson—. Y un presupuesto inicial de mil dólares para gastos. El resto depende de su creatividad. Les daré tres semanas. Quiero un plan detallado para el viernes.
Tres semanas. Noah sintió una punzada de pánico seguida de una oleada de adrenalina. Era justo lo que necesitaba para demostrar su superioridad.
—¿Qué tipo de evento hizo el año pasado? —preguntó Leo, interrumpiendo los cálculos mentales de Noah—. ¿Una cena formal? ¿Una subasta?
—Una combinación de ambas —respondió el Dr. Henderson—. Pero el comité está abierto a nuevas ideas. De hecho, las valora. Demuestran iniciativa.
Leo asintió, sus ojos perdidos en el horizonte por un momento. Noah vio su oportunidad.
—Podríamos organizar un gala benéfica con una subasta silenciosa —propuso Noah, sacando una de sus carpetas—. He investigado a exalumnos con capacidad adquisitiva y he preparado una lista de posibles patrocinadores. Podríamos asegurar los locales sin costo...
—O podríamos hacer algo diferente —dijo Leo, mirando directamente a Noah—. Algo que involucre a más estudiantes. Un festival en el campus con música, arte, comida local y una competición de talentos. Los exalumnos podrían patrocinar los premios.
Noah sintió una oleada de irritación. ¿Un festival? ¿Caótico, impredecible, imposible de cuantificar?
—Es demasiado riesgoso —replicó Noah—. No hay forma de garantizar los ingresos con un enfoque tan informal. La gala es segura. Predecible.
—Segura es aburrido —dijo Leo—. Y aburrido no atrae donantes jóvenes ni genera entusiasmo. Quieres ganar, Sullivan. Yo también. Pero creo que podemos hacerlo de una manera que realmente importe.
El Dr. Henderson observaba el intercambio con interés evidente.
—Les daré hasta mañana para que decidan el concepto —dijo, levantándose—. Y muchachos —se detuvo en la puerta—. Recuerden que su capacidad para colaborar es tan importante como el concepto que elijan.
La puerta se cerró detrás de él, dejando a Noah y Leo en un silencio tenso.
—Festival —dijo Noah, con una finalidad que no admitía discusión—. Es una idea terrible.
—Gala —replicó Leo, con la misma firmeza—. Es una idea sin alma.
Se quedaron mirándose, el desafío flotando entre ellos como el olor a café en la oficina. Ninguno estaba dispuesto a ceder.
—Mira, Moreau —dijo Noah, rompiendo el silencio—. Tengo un plan detallado, contactos, proyecciones. Tú tienes una idea vaga y un optimismo delirante. Seamos lógicos.
—Y yo digo que la lógica sin corazón es matemáticas frías —respondió Leo—. Estamos intentando recaudar dinero para que otros estudiantes puedan tener las oportunidades que tenemos. ¿No debería eso sentirse humano?
La pregunta golpeó a Noah en un lugar vulnerable que prefería no explorar. Su humanidad no era relevante. Su eficiencia sí.
—No podemos tomar una decisión ahora —dijo Noah, recogiendo sus carpetas—. Reunámonos esta noche en la biblioteca. Trae tus ideas. Te mostraré por qué las mías son superiores.
Leo se rio, esa risa baja y genuina que parecía desarmar a Noah.
—¿La biblioteca a las nueve? —dijo Leo—. Perfecto. Pero trae también algo más que listas, Sullivan. Tráete tu curiosidad.
Noah no respondió. Simplemente salió de la oficina, sintiendo el peso de este nuevo desafío. No era solo la beca Richardson. Era Leo Moreau. Era su forma de pensar, de sonreír, de desafiarlo sin parecer arrogante. Era la forma en que su presencia parecía expandir el universo de posibilidades que Noah había pasado años encogiendo y controlando.
Esa noche, mientras se preparaba para su segunda batalla con Leo, Noah se encontró revisando su propio expediente académico. Tres años de notas perfectas, de logros, de sacrificios. Y de repente, todo parecía insuficiente. Porque por primera vez, no estaba compitiendo contra una métrica, sino contra una persona. Una persona que parecía ver el mundo de una manera completamente diferente, una manera que Noah no podía descartar tan fácilmente como le gustaría.
—Curiosidad —murmuró Noah, mirando su reflejo en el monitor de su laptop—. Como si no supiera todo lo que necesito saber.
Pero una voz en su cabeza, una voz que sonaba sospechosamente como la de su hermana, susurró: —Quizás esa sea la cuestión, ¿no crees?
Noah negó con la cabeza, cerrando su laptop con un chasquido. Tenía un plan que ejecutar. Y un rival que vencer. Aunque por primera vez en mucho tiempo, no estaba seguro de qué significaba exactamente "vencer".