En un mundo donde lobos y vampiros se odian desde generaciones, Aiden descubre que no es solo un joven universitario ordinario, sino el heredero de una de las más poderosas líneas Alfa. Criado en el mundo humano, sin saber quién es, su vida cambia cuando empieza a tener visiones, sueños extraños y un poder que no puede controlar. Junto a Lyra, una guardiana de la que se enamora, Aiden se enfrenta a un enemigo ancestral: la sombra, nacida del miedo de la creación. En su búsqueda de identidad, Aiden deberá descubrir quién es realmente, equilibrar las fuerzas que lo han perseguido y, solo a través del amor y la elección, cambiar el destino de su mundo, donde la verdad es la única fuerza capaz de unir aquello que el odio dividió.
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Capítulo 3: El llamado de la sangre
Aquella noche, Liam no pudo dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de la joven del parque. Sus ojos color ámbar parecían perseguirlo incluso en la oscuridad.
No entendía qué le ocurría.
Nunca antes había sentido una conexión tan intensa con alguien a quien acababa de conocer.
Se dio la vuelta en la cama.
—¿Qué demonios me pasa...?
Finalmente, el cansancio lo venció.
Y entonces comenzó el sueño.
Corría por un bosque cubierto de nieve.
No llevaba ropa.
Sus manos eran garras.
Su respiración era pesada.
Frente a él, un inmenso lobo de pelaje negro lo observaba con unos ojos dorados llenos de orgullo.
—Has llegado demasiado tarde... —dijo una voz profunda.
El bosque cambió.
Ahora todo estaba envuelto en llamas.
Un castillo se derrumbaba.
Guerreros caían uno tras otro.
Una mujer de cabello plateado lloraba mientras extendía los brazos hacia él.
—¡Corre!
Después...
Un rugido ensordecedor sacudió la tierra.
Liam despertó sobresaltado.
Su respiración era agitada.
Las sábanas estaban empapadas de sudor.
Pero lo que más lo asustó fue otra cosa.
Podía oler el café que Rowan estaba preparando en la cocina.
Y también el perfume de las flores del jardín.
Incluso escuchaba el tic-tac del reloj de la sala con una claridad imposible.
—¿Qué...?
Se llevó las manos a los oídos.
Los sonidos eran demasiado intensos.
Como si el mundo entero hubiera subido de volumen.
Durante el desayuno apenas probó la comida.
Rowan lo observó en silencio.
Había esperado ese momento durante diecinueve años.
Y aun así, no estaba preparado.
—¿Dormiste mal? —preguntó con aparente calma.
Liam levantó la mirada.
—Tuve un sueño muy extraño.
El anciano sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué soñaste?
—Un castillo... fuego... un lobo enorme... y una mujer que me pedía que corriera.
Por un instante, Rowan dejó caer la taza que sostenía.
El golpe contra el suelo rompió el silencio.
Ambos se quedaron inmóviles.
—¿Rowan?
El anciano respiró hondo.
—No es nada...
Pero sus manos temblaban.
Ese mismo día, mientras entrenaba con el equipo universitario, ocurrió algo que nadie pudo explicar.
Liam se colocó en la línea de salida para una carrera amistosa.
—¡Listos!
—¡Ya!
Salió disparado.
Los demás apenas habían dado tres pasos cuando él ya les llevaba varios metros de ventaja.
No solo ganó.
Rompió el récord de la universidad por casi tres segundos.
Todos quedaron en silencio.
—¡Eso es imposible! —gritó uno de los entrenadores.
Noah se acercó riendo.
—¿Desde cuándo eres un superhéroe?
Liam intentó bromear, pero por dentro estaba asustado.
Él tampoco entendía cómo había corrido tan rápido.
Al caer la tarde, decidió volver al parque.
No sabía por qué.
Algo lo impulsaba a regresar.
Tal vez esperaba volver a encontrar a aquella misteriosa chica.
Sin embargo, quien apareció fue otra persona.
Un anciano vestido con una larga gabardina gris alimentaba a unas palomas.
Sin mirarlo siquiera, habló.
—Llevas la sangre de un rey.
Liam se detuvo.
—¿Perdón?
El anciano sonrió.
—Pronto lo recordarás todo.
Cuando Liam dio un paso hacia él, una fuerte ráfaga de viento levantó las hojas secas del suelo.
Solo duró un segundo.
Pero cuando el viento desapareció...
El anciano ya no estaba.
Había desaparecido.
Como si nunca hubiera existido.
Liam sintió un escalofrío.
Por primera vez en su vida, tuvo la certeza de que algo imposible estaba ocurriendo.
Y de que su vida normal estaba llegando a su fin.
A varios kilómetros de allí, oculto entre los árboles de un bosque donde ningún humano se atrevía a entrar, un enorme lobo blanco levantó la cabeza hacia la luna.
—Lo ha sentido... —murmuró.
A su alrededor, decenas de lobos hicieron una reverencia.
—¿Debemos traer al heredero, Alfa? —preguntó uno de ellos.
El lobo blanco contempló el cielo durante unos segundos antes de responder.
—Todavía no.
Primero...
Debemos asegurarnos de que sobreviva a quienes ya lo están buscando.
En ese mismo instante, dos ojos rojos brillaron entre la oscuridad del bosque.
Los vampiros también habían encontrado el rastro del heredero.
La carrera por el último Alfa acababa de comenzar.