Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
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Capítulo 15 – La fotografía olvidada
Valeria permaneció inmóvil.
Sus dedos temblaban mientras sostenía la vieja fotografía.
No podía apartar la vista del hombre que aparecía al fondo de la imagen.
Víctor Moretti.
Estaba de pie bajo la sombra de un enorme árbol, observando a la niña con una expresión imposible de interpretar.
—¿Dónde encontraste esta fotografía? —preguntó Valeria sin levantar la vista.
Adrián cerró la puerta de la habitación antes de responder.
—Estaba escondida dentro de uno de los expedientes que no llegaron a robar.
—¿La vio tu padre?
—No.
Valeria respiró aliviada sin saber exactamente por qué.
Volvió a mirar la imagen.
La niña sonreía mientras sostenía una pequeña pelota entre las manos.
Detrás de ella podía verse una fuente de piedra.
Y, unos metros más atrás...
El mismo reloj antiguo que aparecía en otras fotografías.
Siempre detenido.
Siempre marcando las 8:17.
—No puede ser una coincidencia... —susurró.
Adrián se acercó.
—Yo tampoco lo creo.
Durante unos segundos ambos observaron la fotografía en silencio.
Por primera vez estaban investigando juntos.
No como un matrimonio obligado.
Sino como dos personas que necesitaban descubrir la verdad.
—Hay algo más —dijo Adrián.
Sacó un sobre del bolsillo interior de su saco.
—Lo encontré detrás de la fotografía.
Valeria lo tomó con cuidado.
Era un sobre muy antiguo.
En el frente solo había una palabra escrita con tinta negra.
"Esperanza."
—¿Lo abriste?
Adrián negó.
—Quería hacerlo con vos.
Valeria levantó la vista.
Aquella respuesta la sorprendió.
Semanas atrás él lo habría abierto sin preguntarle.
Ahora esperaba que ambos lo hicieran juntos.
Con delicadeza rompió el sello.
Dentro había una única hoja.
La letra era elegante y parecía escrita por una mujer.
"Si algún día esta carta llega a tus manos, significa que fracasamos en proteger aquello que más amábamos."
Valeria sintió un escalofrío.
Continuó leyendo.
"No busques culpables demasiado rápido. Las personas que parecen enemigas no siempre lo son... y quienes se muestran como amigos pueden esconder las peores intenciones."
No había firma.
Solo una pequeña rosa dibujada al final del mensaje.
La misma rosa grabada en la llave de bronce.
Un suave golpe en la puerta interrumpió el silencio.
—¿Señor Adrián?
Era Ernesto.
—¿Qué ocurre?
—Su padre pidió verlos inmediatamente.
Adrián intercambió una mirada con Valeria.
Algo había pasado.
Al llegar al despacho encontraron a Víctor, Isabella, Alessandro y Camila.
El ambiente era más tenso que de costumbre.
Sobre el escritorio descansaba un viejo mapa de la propiedad.
Víctor levantó la vista.
—Acabamos de descubrir algo.
Señaló el plano.
—La mansión que conocen hoy no está completa.
Valeria frunció el ceño.
—¿Cómo que no?
Víctor deslizó otro plano, mucho más antiguo.
Ambos eran casi idénticos...
Excepto por un detalle.
En el plano antiguo aparecía un pasillo oculto que conectaba la torre con una habitación secreta debajo de la mansión.
—Ese pasillo desapareció de todos los registros hace más de veinte años.
Adrián observó el mapa con sorpresa.
—Yo nunca lo vi.
—Porque alguien quiso que nadie volviera a encontrarlo.
En ese instante, Valeria recordó la nota que decía:
"La primera puerta se abrirá..."
Tal vez...
Aquella puerta nunca había sido un símbolo.
Tal vez existía de verdad.
Y estaba escondida dentro de la mansión Moretti.
En ese mismo momento, un guardia irrumpió en el despacho sin llamar.
Respiraba agitado.
—¡Señor!
—¿Qué pasó?
—Encontramos la entrada del pasadizo...
Pero alguien acaba de entrar antes que nosotros.
Un silencio pesado cayó sobre el despacho.
Víctor fue el primero en reaccionar.
—¿Cómo que alguien entró antes que ustedes?
El guardia intentó recuperar el aliento.
—Encontramos la entrada detrás de una estantería en el ala antigua. La puerta estaba entreabierta... y escuchamos pasos en el interior.
Adrián no esperó un segundo más.
—Vamos.
Todos salieron del despacho a toda prisa.
Valeria caminaba junto a Adrián, sintiendo cómo la ansiedad crecía con cada paso.
Atravesaron largos pasillos hasta llegar a una biblioteca que casi nunca se utilizaba.
Era un lugar silencioso, cubierto por el olor de los libros antiguos y la madera envejecida.
Dos guardias esperaban junto a una enorme estantería.
Uno de ellos señaló un espacio vacío.
—La encontramos por accidente, señor.
Movieron uno de los libros y el mecanismo se activó.
La estantería se había desplazado unos centímetros, dejando al descubierto una abertura de piedra.
Adrián tomó una linterna.
—Quédense atentos.
Si alguien sigue ahí dentro, no quiero que escape.
Descendieron por una estrecha escalera de piedra.
El aire era frío y húmedo.
Las paredes mostraban marcas del paso del tiempo y antiguas lámparas de hierro colgaban del techo, completamente apagadas.
Valeria pasó la mano por una de las paredes.
—Este lugar debe tener muchísimos años...
Víctor asintió.
—Más de los que imaginás.
Nadie volvió a hablar.
Solo se escuchaban sus pasos y el eco que recorría el túnel.
Después de varios minutos, el pasadizo desembocó en una sala circular.
Había estanterías vacías, muebles cubiertos por polvo y un gran escritorio de madera.
Pero lo que más llamó la atención de Valeria fue una chimenea de piedra.
Encima de ella descansaba un retrato cubierto por una tela blanca.
—Revisen todo —ordenó Adrián.
Los guardias comenzaron a inspeccionar la habitación.
Uno abrió antiguos cajones.
Otro revisó los estantes.
No encontraron a nadie.
—Llegamos tarde... —murmuró Adrián.
Valeria caminó lentamente hasta el escritorio.
Sobre la madera había una fina capa de polvo... excepto en un pequeño espacio rectangular.
Alguien había retirado un objeto hacía muy poco tiempo.
—Adrián...
Él se acercó.
—¿Qué encontraste?
—Mirá esto.
Adrián observó la marca.
—Había una caja... o un libro.
Y quien entró primero se lo llevó.
Valeria sintió una mezcla de frustración y curiosidad.
Cada vez que estaban cerca de una respuesta, alguien se adelantaba.
Mientras tanto, Isabella se acercó a la chimenea.
Con cuidado retiró la tela que cubría el retrato.
Todos quedaron inmóviles.
La pintura mostraba a dos familias reunidas en los jardines de la mansión.
Los Moretti.
Y otra familia.
Sonreían.
Se abrazaban.
No había rastro de odio.
Valeria dio un paso adelante.
—Es igual a la fotografía...
Víctor permaneció completamente inmóvil.
Su mirada estaba clavada en el cuadro.
—Nunca pensé que volvería a verlo...
Camila observó la pintura desde el fondo de la sala.
Por un instante, su expresión reflejó auténtico miedo.
Intentó disimularlo enseguida.
Pero Valeria lo alcanzó a notar.
Uno de los guardias levantó la voz.
—¡Señor!
Había encontrado una pequeña caja de madera escondida detrás de la chimenea.
No estaba cerrada.
Adrián la abrió con cuidado.
Dentro solo había una hoja doblada.
La desdobló lentamente.
Leyó las primeras líneas.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Qué dice? —preguntó Valeria.
Adrián levantó la vista.
—Es una lista de nombres.
—¿Qué nombres?
Él guardó silencio unos segundos.
—Los nombres de todas las personas que estuvieron presentes el día en que comenzó la guerra entre las dos familias.
Víctor tomó la hoja con manos temblorosas.
Comenzó a leer.
De pronto se detuvo.
Su rostro perdió todo el color.
—No...
—¿Qué pasa? —preguntó Alessandro.
Víctor señaló uno de los nombres escritos casi al final de la lista.
—Esto es imposible...
Valeria se acercó para mirar.
Entre todos los nombres había uno que estaba rodeado con tinta roja.
No pertenecía a un Moretti.
Tampoco a la familia enemiga.
Era un apellido que ninguno de los presentes esperaba encontrar.
Salvatierra.
El mismo apellido del abogado Gabriel.
Y debajo, escrita con otra caligrafía, aparecía una frase que dejó a todos sin palabras:
"El traidor nunca perteneció a ninguna de las dos familias."