En medio de una guerra que destruyó mundos, un niño será preparado para proteger un Imperio y una heredera será enviada a la Tierra para sobrevivir.
Mientras que él creció para aceptar su destino, ella creció sin saber quién era realmente ni por qué el universo parecía perseguirla en silencio.
Pero la mayor batalla que librarían ambos no sería por un trono, sería por el amor.
A lo largo de sus vidas, amarán con una intensidad que los llevará a tocar el cielo y a enfrentarse a pérdidas que marcarán su historia para siempre.
Descubrirán que no todo amor basta, que no siempre es suficiente querer quedarse, y que hay destinos que se interponen incluso cuando nadie está dispuesto a rendirse.
Mientras fuerzas antiguas despiertan y el poder que duerme en ellos reclaman su lugar, tendrán que decidir qué significa realmente ser fuerte, porque gobernar un imperio es sencillo comparado con proteger aquello que amas, aun cuando amar también tenga un precio.
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1. La princesa heredera nació
Desde las terrazas superiores del Palacio Imperial de Andovia podían verse fracturas de luz atravesando el vacío. A lo lejos, enormes naves de guerra cruzaban los cielos del planeta dejando rastros metálicos y destellos rojos sobre las capas atmosféricas.
La guerra todavía no terminaba, pero Andovia resistía. Dentro del ala más privada del palacio, lejos de las cámaras oficiales y de los salones imperiales, el ambiente era completamente distinto al que debía acompañar el nacimiento de una heredera real.
No había celebración, ni música, sólo existía miedo. La reina Anymza apenas lograba respirar sobre la plataforma médica mientras las proyecciones holográficas monitoreaban cada alteración de su cuerpo.
El sudor resbalaba por sus sienes y sus dedos permanecían aferrados a las sábanas con una fuerza desesperada.
A su alrededor trabajaban únicamente personas elegidas por absoluta confianza, dos médicos reales, una especialista energética, y el propio rey Firniah, incapaz de separarse de ella. Nadie más, porque lo que estaba por nacer debía permanecer en secreto.
- “Los niveles continúan aumentando”, murmuró uno de los científicos mientras revisaba las lecturas suspendidas en el aire.
Las cifras seguían ascendiendo, demasiado rápido. Firniah observó las pantallas con el rostro endurecido.
- “¿Cuánto falta?”, preguntó Firniah.
- “Muy poco, majestad”, respondió un médico.
La especialista energética tragó saliva al mirar uno de los indicadores principales.
- “La resonancia sigue activa…”, dijo la especialista.
Anymza cerró los ojos cuando una nueva contracción atravesó su cuerpo. Un quejido escapó de sus labios. Firniah sostuvo su mano inmediatamente.
- “Mírame, ya casi termina”, susurró él.
Pero ni siquiera él estaba seguro de aquello, porque el problema nunca había sido el parto, era la niña.
Habían ocultado los registros, bloqueado los satélites imperiales y manipulado diagnósticos.
Desde que Zoter, el hombre que había derrotado a los portadores corruptos antes de desaparecer junto con las piedras jalistas, cubierto de sangre, apenas era capaz de mantenerse consciente mientras el sistema médico intentaba estabilizarlo inútilmente.
- “Las escondí…”, le había dicho a la reina Anymza, “pero aún así, necesito dejar una llave, siento siempre terminar lastimándote Any”.
Cuando apoyó su mano sobre el vientre de Anymza, las lecturas energéticas colapsaron. Y entonces la reina comprendió el horror. Zoter había sellado la llave dentro de la bebé, dentro de Kaleask.
- “¡Majestad!”, exclamó la especialista energética y levantó la vista de golpe
Las luces comenzaron a parpadear violentamente. Los monitores se llenaron de interferencias. Un zumbido grave atravesó las paredes metálicas de la habitación.
Anymza gritó y la niña nació. El universo pareció detenerse durante un instante. Después, una explosión de luz amatista consumió la sala. Las estructuras vibraron, los sistemas de seguridad se activaron automáticamente, varias pantallas holográficas estallaron en partículas luminosas. Uno de los médicos cayó de espaldas..Las lecturas energéticas se dispararon a niveles imposibles.
La recién nacida lloró por primera vez mientras el resplandor recorría su pequeño cuerpo como corrientes vivas de energía. Firniah sintió un escalofrío recorrerle la espalda, porque conocía ese poder.
Todos los sobrevivientes de la guerra lo conocían.
Las piedras jalistas décadas atrás habían sido antiguas reliquias inactivas, hasta que guerreros y científicos de distintos mundos, entre ellos Andovia, Triotenia, Fentosabia y Meriselva, encontraron la manera de transformarlas.
Así nacieron los Excélsior, guerreros capaces de canalizar habilidades que superaban cualquier límite conocido. Debían convertirse en los protectores del universo, pero las piedras fueron robadas cuando cayeron en manos equivocadas, comenzaron las masacres.
Los portadores oscuros fueron consumidos lentamente por el poder, transformándose en monstruos capaces de destruir civilizaciones enteras. Triotenia cayó primero, después vinieron otros mundos, hasta que Zoter utilizó Excélsior Diamante para detenerlos. A costa de su propia vida.
Y ahora, la llave para acceder nuevamente a todas las piedras acababa de despertar dentro de una recién nacida.
La bebé volvió a llorar. Las lecturas descendieron bruscamente.
- “¡Su cuerpo no soporta la conexión!”, gritó uno de los médicos.
La luz comenzó a quebrarse alrededor de la niña como pequeñas fracturas flotando sobre su piel.
Anymza sintió que el terror le paralizaba el pecho.
- “No… por favor…”, suplicó Anymza.
Firniah tomó a la bebé con cuidado mientras los especialistas intentaban estabilizarla. Era tan pequeña, tan frágil. Y aun así cargaba algo capaz de destruir el universo entero. El rey levantó lentamente la vista.
- “Nadie puede saberlo”, ordenó el rey Firniah.
El silencio dentro de la sala fue absoluto, porque todos comprendían lo mismo, si descubrían lo que Kaleask era, la convertirían en un arma, o intentarían arrancarle la llave aunque para ello tuvieran que convertirla en una esclava.
Horas después, los cielos de Andovia se cubrieron de negro. Millones de paneles lumínicos aparecieron sobre las ciudades proyectando el emblema imperial envuelto en señales de duelo.
La noticia se expandió por el planeta en segundos.
- “La princesa heredera nació con graves complicaciones.”
- “Los especialistas imperiales no esperan que sobreviva la noche.”
- “El reino acompaña a sus majestades en este difícil momento.”
En los templos tecnológicos, estaciones militares y distritos flotantes comenzaron los preparativos para las exequias reales. Andovia lloraba a una princesa que seguía viva.
Mientras tanto, en una cámara privada del palacio, Firniah observaba al hombre frente a él. Lord Nahor de KaoB, comandante supremo de las fuerzas armadas, héroe de guerra. El hombre en quien más confiaba.
Nahor permaneció en silencio mientras escuchaba la verdad. La pequeña Kaleask dormía en brazos de Anymza, envuelta cuidadosamente entre mantos oscuros que ocultaban los débiles destellos amatistas que aún aparecían sobre su piel.
- “Necesito que el universo entero crea que mi hija murió”, dijo Firniah finalmente.
Nahor sostuvo su mirada. Y comprendió de inmediato el peso de aquellas palabras.
- “Prepararé las exequias imperiales”, expresó Nahor.
Anymza abrazó más fuerte a la niña, todavía podía sentir miedo cada vez que la observaba. No porque fuera un monstruo, sino porque seguía siendo solo un bebé.
- “Nos iremos esta misma noche”, susurró la reina.
Nahor frunció levemente el ceño, la reina y él eran mejores amigos.
Firniah caminó lentamente hacia el enorme ventanal desde donde podía verse la capital de Andovia iluminada por anuncios funerarios.
- “Viajaremos a la Tierra”, dijo el rey Firniah. El comandante levantó la mirada.
- “¿Richard Bonte?”, preguntó Nahor.
Anymza asintió despacio. Rein, su hermano menor, abandonó Andovia años atrás para vivir oculto entre humanos bajo otra identidad; aquella que le había conseguido el mismo Lord Nahor para proteger al hermano de su mejor amiga.
El único lugar donde podrían esconderla, era la Tierra, un planeta tan alejado de donde estaba ocurriendo la guerra que llevaba muchos años.
Firniah observó nuevamente a su hija. La pequeña Kaleask dormía ajena al caos que acababa de provocar con solo existir. El rey de Andovia sintió verdadero miedo del futuro.