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Enamorada De Mi Suegro

Enamorada De Mi Suegro

Status: Terminada
Genre:Casada Con Mi Ex's Familiar / Padre soltero / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Ayzel descubre que su novio le es infiel después de tres años de relación. Ella quiere destruirlo y para eso utilizará a su suegro, un CEO muy famoso y millonario.

Lo que Ayzel no sabe es que su suegro, desde hace mucho la desea y no le importaría que ella lo use mientras se quede a su lado.

¿Podrán Ayzel llegar a enamorarse perdidamente de su suegro o solo seguirá con el plan original?



Espero que les guste. ¡Síganme para más!

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El encuentro y la sombra

El café al que Axel la había citado estaba en el barrio de Mitte, un lugar pequeño y acogedor que solían frecuentar al inicio de su relación. Ayzel llegó puntual, vestida con un conjunto elegante pero sobrio: pantalones negros de vestir, una blusa de seda color marfil y un abrigo largo. Quería dejar claro que había pasado página, que ya no era la misma mujer que lloraba por él.

Axel ya estaba allí, sentado en una mesa junto a la ventana. Al verla entrar, se puso de pie, nervioso. Llevaba una camisa arrugada, el cabello despeinado, y ojeras que delataban una noche en vela. Parecía preocupado, pero Ayzel sabía que esa preocupación no era por ella, sino por lo que ella pudiera arruinarle.

—Gracias por venir —dijo él, con voz temblorosa, mientras ella tomaba asiento sin besarlo ni saludarlo.

—Dijiste que era importante. Habla rápido, no tengo mucho tiempo.

—Ayzel, por favor... —él se sentó frente a ella, juntando las manos sobre la mesa—. Sé que cometí un error. Un error horrible. Pero te amo. Siempre te he amado. Laura no significa nada para mí, solo fue un desliz.

—¿Un desliz que duró un año? —preguntó ella, con una ceja arqueada—. Por favor, Axel, no me subestimes. Sé todo. Los mensajes, los regalos, los fines de semana que pasaste con ella mientras yo cubría tu trabajo. No tienes derecho a llamarme para pedirme otra oportunidad.

—Pero es que tú eres mi todo —insistió él, con desesperación—. Sin ti no soy nada. Lo he entendido esta noche, cuando supe que estabas con mi padre.

Ayzel sintió un vuelco. Así que ya lo sabía. El detective que él había contratado le había informado.

—¿Ah, sí? —preguntó, con fingida inocencia—. ¿Y qué es lo que sabes?

—Que te fuiste con él. A su casa. Que pasaste la noche allí. —Los ojos de Axel se llenaron de lágrimas de rabia—. ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Con mi propio padre?

—¿Hacértelo yo? —Ayzel soltó una risa amarga—. Tú te acostaste con otra durante un año. Tú me engañaste, me humillaste, me usaste. ¿Y ahora vienes a reclamarme porque yo sigo adelante con mi vida? No, Axel. No tienes ningún derecho.

—Pero es mi padre. Es mi padre, Ayzel. ¿No entiendes lo que eso significa? Es una traición.

—La traición la comenzaste tú. Yo solo estoy recogiendo los pedazos que dejaste.

Axel apretó los puños, la rabia deformando su rostro.

—Lo haces a propósito, ¿verdad? Quieres vengarte. Quieres quedarte con la empresa. Sabes que él es el dueño de todo, y quieres arrebatármelo.

Ayzel no respondió. No podía negarlo, porque era cierto. Pero tampoco podía admitirlo, porque entonces todo el plan se vendría abajo.

—No sé de qué hablas —dijo, con frialdad—. Alexander y yo... es algo que surgió. No lo planeé.

—Mientes. —La voz de Axel se elevó, atrayendo miradas de otros clientes—. Siempre has sido una mentirosa. Te creías mejor que yo, pero solo eres una trepadora.

—¿Trepadora? —Ayzel se puso de pie, fulminándolo con la mirada—. Mírate al espejo. Vives del dinero de tu padre, no trabajas, no aportas nada. Si alguien es un trepador aquí, eres tú. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer que escuchar tus berrinches.

Dio media vuelta y caminó hacia la salida. Axel la siguió, agarrándola del brazo.

—¡No te vayas! ¡No he terminado de hablar!

—Suéltame, Axel. —Su voz era helada, cortante como una cuchilla.

—No. Vas a escucharme.

Antes de que ella pudiera responder, una voz grave y autoritaria sonó detrás de ellos.

—Suéltala. Ahora.

Ambos se giraron. Allí estaba Alexander, de pie en la entrada del café, con el rostro tenso y los ojos llameantes. Vestía un traje oscuro, y su presencia imponente llenaba el espacio.

—Papá... —balbuceó Axel, soltando el brazo de Ayzel.

—He dicho que la sueltes. —Alexander se acercó, interponiéndose entre ellos—. ¿Qué crees que estás haciendo? ¿Agarrotar a una mujer en público? ¿Ya no te queda ni un gramo de dignidad?

—Ella es mi novia. Tengo derecho a hablar con ella.

—Era tu novia. Ya no. Y perdiste ese derecho cuando decidiste meterte con otra.

Axel miró a su padre, luego a Ayzel, y una mueca de desprecio se dibujó en su rostro.

—Ya veo. Así que tú también caíste, papá. La gran CEO, el hombre de acero, rendido a los pies de una mujer que te está utilizando. —Rió con amargura—. Eres patético.

—Vete, Axel. Antes de que haga algo de lo que ambos nos arrepintamos.

El joven dudó, pero finalmente dio media vuelta y salió del café, dando un portazo que hizo temblar los cristales.

El silencio se hizo en el local. Varios clientes los miraban con curiosidad, pero Ayzel solo tenía ojos para Alexander.

—¿Cómo supiste que estaba aquí?

—Le pedí a mi chofer que te siguiera. No confiaba en que Axel se comportara civilizadamente. —La tomó del brazo, guiándola hacia la salida—. Vamos. Salgamos de aquí.

Ya en el coche, Ayzel se dejó caer en el asiento, exhalando un suspiro tembloroso.

—Gracias. No sé qué habría pasado si no llegas.

—No tienes que agradecerme. —Alexander la miró, con una mezcla de ternura y preocupación—. Pero necesito preguntarte algo, y quiero que seas honesta conmigo.

Ella sintió un nudo en el estómago.

—Lo que quieras.

—¿Esto es real para ti? ¿O solo estás usando esto para vengarte de mi hijo?

La pregunta cayó como un peso sobre ella. Ayzel miró sus manos, sintiendo el peso de la mentira en su conciencia. Pero no podía decir la verdad. No ahora. No cuando estaba tan cerca.

—Es real —respondió, levantando la vista—. Al principio, quizás, hubo confusión. Pero después de anoche... sé que lo que siento por ti es verdadero.

Alexander la miró largamente, buscando en sus ojos alguna señal de engaño. Finalmente, asintió.

—Te creo. Y quiero que sepas que, pase lo que pase, estaré a tu lado. No voy a dejar que mi hijo te haga más daño.

Ayzel sonrió, pero en su interior, las palabras del mensaje anónimo resonaban como una advertencia.

"Bien jugado, señorita Hudson. Pero no confíes demasiado en tu suegro."

¿Quién era esa persona? ¿Y qué sabía que ella no supiera?

---

Esa noche, mientras Alexander dormía plácidamente a su lado, Ayzel revisó su teléfono. El número desconocido no había enviado más mensajes. Intentó devolver la llamada, pero obtenía un tono de fuera de servicio.

Algo no cuadraba.

Se levantó sigilosamente y fue al estudio de Alexander, donde había un ordenador portátil. Lo encendió y buscó información sobre el número en internet. No encontró nada. Era una tarjeta SIM desechable, imposible de rastrear.

Pero entonces, se fijó en algo. En el escritorio de Alexander había una carpeta que no había visto antes. Abierta, con documentos esparcidos. Se acercó y los examinó a la luz de la pantalla.

Lo que vio la dejó sin aliento.

Eran informes de un detective privado. Pero no sobre Axel. Sobre ella.

Había fotos de ella entrando al hotel, de ella saliendo con Alexander, de la cena, del beso. Todo documentado, fechado, anotado con comentarios.

Y al final del informe, una nota manuscrita: "La señorita Hudson tiene motivos ocultos. Proceda con cautela. No confíe en ella."

Ayzel sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

Alexander había ordenado investigarla. Sabía de sus intenciones desde el principio.

Y aun así, la había llevado a su cama. Le había hecho el amor como si la amara.

¿Qué significaba eso? ¿La estaba manipulando a ella también?

Oyó pasos detrás de ella. Se giró, con el corazón en un puño.

Allí estaba Alexander, apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión seria.

—Veo que encontraste los informes —dijo, con voz tranquila.

—¿Me has estado investigando? —preguntó ella, con la voz quebrada.

—Sí. Desde el día que descubriste a Axel. Quería saber si eras sincera.

—¿Y qué conclusión sacaste?

Alexander se acercó lentamente. Cuando estuvo frente a ella, tomó su rostro entre sus manos, obligándola a mirarlo.

—Que no me importa si al principio solo querías venganza. Porque lo que sentí anoche, lo que siento ahora, es real. Puedes haberme engañado al principio, Ayzel, pero no puedes engañarme en esto. Tú también sientes algo por mí.

Ella quiso negarlo, quiso mantener la fachada. Pero las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

—Tenía miedo —susurró—. Miedo de que si te decía la verdad, me odiaras.

—No te odio. —Él la besó en la frente—. Te entiendo. Y quiero ayudarte a superar esto. Juntos.

Ayzel se derrumbó en sus brazos, llorando en silencio. Era la primera vez que se permitía ser vulnerable, la primera vez que dejaba caer la máscara.

Quizás, después de todo, el amor había encontrado la manera de abrirse paso entre las mentiras y las venganzas.

Pero en algún lugar, una sombra seguía acechando. Y esa sombra no descansaría hasta verla caer.

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1
Jipsianay Garcia
gracias autora
Aura Prieto MPH
😈
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