"El arrepentimiento llega cuando el silencio comienza."
Vera y Nadia Smirnov siempre fueron las sombras de los gemelos Vane, hasta que escucharon lo que ellos realmente pensaban: que eran solo unas "chiquillas malcriadas" y un "estorbo" en sus vidas.
Ahora, las gemelas han decidido darles lo que pidieron: ausencia total.
En medio de la boda de Aria y Ethan, Evans y Edans Vane descubren que el poder y la tecnología no sirven de nada contra el hielo de las mujeres que despreciaron. Mientras ellos se desesperan por recuperar su atención, se enfrentan a un obstáculo mayor: la furia de sus padres, Killian y Damián, quienes no perdonarán que hayan roto el corazón de sus niñas.
En esta guerra de egos y orgullo, los enemigos son ellos mismos. ¿Podrán los gemelos Vane convencer a las Smirnov de que ya no son un juego, o las perdieron para siempre?
cuarta parte
_mis hijos hackearon al CEO
_heredero del Pecado
_Dinastía del Leon y la luna
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Capitulo 2
La Catedral de San Patricio estaba sumergida en una atmósfera de perfección absoluta. El aroma a incienso y flores blancas se mezclaba con el perfume costoso de los invitados más peligrosos del mundo. Al frente, Aria y Ethan se miraban como si el resto del universo no existiera, mientras sus dos pequeños, Leonidas y Alexander, daban sus primeros pasos torpes cerca del altar, custodiados por una Elara que no dejaba de sonreír.
Sin embargo, en los bancos laterales, el aire era tan pesado que amenazaba con asfixiar a los presentes.
Evans Vane mantenía su mirada fija en el altar, pero sus pensamientos estaban a kilómetros de la ceremonia. Sus ojos, generalmente fríos y calculadores, buscaban desesperadamente una señal en el perfil de Vera Smirnov. Ella estaba sentada a tres bancos de distancia, luciendo un vestido de seda rojo que parecía hecho de fuego. Pero no lo miraba. Ni una sola vez en toda la mañana sus ojos azules se habían cruzado con los de él.
A su lado, su hermano Edans estaba en una situación similar con Nadia. Nadia, la gemela que siempre encontraba una excusa para chocar con él o robarle el café en la oficina, ahora actuaba como si Edans fuera parte del mobiliario de la iglesia.
La mente de los gemelos Vane voló hacia atrás, a esa tarde en la oficina de seguridad hace tres meses. Creían estar solos. El estrés de una operación fallida los había puesto de mal humor.
—Estoy harto, Edans —había dicho Evans aquel día, lanzando su tablet sobre el escritorio—. Vera y Nadia están todo el día pegadas a nosotros. Son unas malcriadas, unas chiquillas que no saben cuándo detenerse. Solo estorban en el trabajo serio. Necesito que se alejen y nos dejen respirar.
—Lo sé —había respondido Edans con frialdad—. Ya cansan. No se dan cuenta de que no estamos para juegos de niños.
Lo que no sabían era que, detrás de la puerta entreabierta, dos corazones se rompían en mil pedazos. Las gemelas habían ido a darles una sorpresa, pero la sorpresa se la llevaron ellas. Desde ese día, la "sombra" de las Smirnov desapareció de sus vidas. No más visitas, no más bromas, no más miradas. Solo un silencio profesional y gélido.
Al terminar la ceremonia, los invitados se trasladaron a la mansión para el banquete. Mientras los niños jugaban en el césped bajo la vigilancia de los hombres de la Bratva, Killian se acercó a sus hijos, notando su distracción.
—¿Qué les pasa a ustedes dos? —preguntó Killian, ajustándose la chaqueta—. Parecen dos estatuas de sal. Disfruten, ¡su hermana se casó! ¡Y mis nietos ya caminan!
—Estamos bien, papá —mintió Evans, viendo cómo Vera aceptaba una copa de champagne de un joven heredero de Chicago y le sonreía de una forma que nunca le había sonreído a él.
Damián Smirnov, que estaba cerca, entrecerró los ojos. Sus instintos de padre estaban en alerta máxima. Él amaba a los gemelos Vane como si fueran sus hijos, pero en los últimos meses había notado el cambio de humor en sus hijas.
—Vane... —dijo Damián, acercándose a Killian—, tus hijos están mirando a mis hijas como si quisieran devorarlas o pedirles perdón. Y no sé cuál de las dos opciones me gusta menos.
—Si se atreven a hacerle algo a mis niñas, los cuelgo del puente de Brooklyn —añadió Damián, su voz volviéndose gélida.
En un momento de la recepción, Evans logró interceptar a Vera cerca de la fuente del jardín.
—Vera, tenemos que hablar —dijo él, intentando usar esa voz de autoridad que siempre le había funcionado.
Vera se detuvo, pero no se giró. Se limitó a mirar el agua con una indiferencia que le dolió a Evans más que un disparo.
—No tenemos nada de qué hablar, Evans —respondió ella, su voz suave pero firme—. Ya hice lo que querías. Me alejé. Ya no soy la "chiquilla malcriada" que te estorba, ¿no? Ahora tienes todo el aire que necesitabas para respirar.
Evans sintió un nudo en la garganta. La había subestimado.
—Vera, yo no quería decir...
—Lo dijiste —lo interrumpió ella, girándose finalmente para clavarle sus ojos azules llenos de una chispa de orgullo herido—. Y te agradezco. Me ayudaste a darme cuenta de que estaba perdiendo el tiempo con alguien que no sabe valorar lo que tiene enfrente.
Vera caminó hacia donde estaba su padre y Damián la rodeó con el brazo protectoramente, lanzándole una mirada de advertencia a Evans.
Al otro lado del jardín, Edans intentaba acercarse a Nadia, pero ella simplemente se puso a jugar con los gemelos chiquitos, Leonidas y Alexander, usándolos como un escudo humano para no tener que dirigirle la palabra al hombre que la había llamado "estorbo".
Los gemelos Vane se quedaron solos en medio de la fiesta más feliz de la familia, dándose cuenta de que habían ganado la libertad que pidieron... pero que esa libertad era el infierno más grande que habían conocido.
Espero que el orgullo de las gemelas no sea tan drástico
Ellos se equivocaron pero ellas están siendo demasiado duras 🤦🤦😅