Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
NovelToon tiene autorización de Nani para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4: Los visitantes del bosque
Capítulo 4
Los visitantes del bosque
Desde que tengo memoria, los límites territoriales siempre fueron respetados entre las distintas razas.
Nuestra manada MoonBlack compartía fronteras con un aquelarre de vampiros al noroeste y con una ciudad humana al otro extremo del bosque.
Los acuerdos existían desde hacía siglos.
Cada territorio tenía sus reglas.
Los humanos no debían cruzar demasiado profundo en el bosque.
Los vampiros no podían acercarse a nuestras aldeas.
Y nosotros manteníamos alejados a los lobos salvajes y criaturas hostiles.
Pero siempre existían idiotas que creían poder desafiar las normas.
Humanos curiosos.
Cazadores.
O hordas desesperadas que pensaban que podían arrebatarnos nuestras tierras.
Me encontraba en mi despacho intentando trabajar después de la interminable reprimenda de mi luna.
Andrea seguía molesta porque Bella había decidido entrenar nuevamente hasta el agotamiento.
Y peor aún…
Rafael y Andy la habían alentado.
Escuché la alarma atravesar toda la manada.
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
Salí de la oficina y vi el caos organizándose con rapidez.
Andrea ya estaba dando órdenes.
—Evacuen a los niños hacia las zonas seguras.
—Las mujeres embarazadas y ancianos al refugio principal.
—¡Los guerreros al perímetro norte!
Mi luna podía parecer delicada…
pero en momentos como ese demostraba por qué era la Luna de MoonBlack.
Sentí el enlace mental de mi beta.
Antonio.
—Alfa, entraron por el lado noroeste.
Fruncí el ceño.
La frontera con vampiros y humanos.
Algo no estaba bien.
Sin perder tiempo, dejé que Altair tomara el control.
El dolor familiar recorrió mi cuerpo mientras huesos y músculos cambiaban.
Segundos después, un gigantesco lobo negro atravesaba la aldea a toda velocidad seguido por varios guerreros.
El viento golpeaba mi pelaje mientras corríamos.
Entonces sentí el enlace de Andrea.
Su preocupación llegó antes que sus palabras.
—Vicente… los chicos no llegaron a la habitación segura.
Mi corazón dio un fuerte golpe.
Bella.
Respondí intentando mantener la calma.
—Debe estar con Charles.
Sentí cómo Andrea se tranquilizaba apenas un poco.
Pero la verdad era que yo también esperaba que fuera así.
Porque si Bella no estaba allí…
No quería imaginarlo.
Llegamos al límite noroeste en pocos minutos.
Pero lo primero que noté fue que Charles ya estaba allí.
Junto a Antonio.
Y frente a ellos…
niños.
Mis enormes patas se detuvieron lentamente sobre la tierra húmeda.
Había varios pequeños de distintas edades.
Algunos parecían incluso menores que Bella.
Otros un poco mayores.
Parecían asustados.
Perdidos.
Di un paso hacia adelante.
Pero Charles levantó una mano y la apoyó sobre mi pecho.
Lo miré mostrando los colmillos.
Él habló en voz baja.
—No son niños. Ten cuidado.
Mis ojos volvieron hacia ellos.
Entonces lo sentí.
Su esencia.
Su aroma no era humano.
Tampoco vampiro.
Ni lobo.
—Salgan inmediatamente del territorio MoonBlack —gruñí con la voz profunda de Altair.
Uno de los pequeños dio un paso al frente.
Tenía cabello marrón desordenado, orejas ligeramente puntiagudas y unos ojos verdes demasiado inteligentes para aparentar tan poca edad.
—Buenos días, Alfa —dijo con educación—. No venimos buscando problemas. Queremos hacer una solicitud.
Antonio frunció el ceño.
—¿Quiénes son ustedes?
El niño inclinó ligeramente la cabeza.
—Somos duendes. Yo soy Graham… y ellos son mi grupo.
El ambiente se volvió pesado.
Duendes.
Hacía siglos que no aparecían cerca de MoonBlack.
Charles se acercó lentamente hasta mí y habló cerca de mi oído.
Después de escuchar sus palabras, lo miré incrédulo.
¿Acaso estaba loco?
Mi hija estaba escondida en su casa… y aun así quería llevar a esas criaturas allí.
Antes de responder, sentí nuevamente el enlace mental de Andrea.
—Llévalos a la casa principal —dijo ella—. Charles tiene razón.
Apreté la mandíbula.
No me gustaba.
Nada de aquello me gustaba.
Usé el enlace mental.
—Antonio, revísalos. Que los lleven atados.
Mi beta dudó.
—¿No sería mejor interrogarlos aquí?
Miré hacia el bosque oscuro.
Podía sentirlos acercándose.
Los nocturnos.
Y si ellos encontraban a esos duendes primero…
tendríamos un problema mucho peor.
—No es buena idea que los nocturnos los vean.
Antonio asintió lentamente.
—¿Los llevamos a las celdas?
—No. A la casa de la manada.
Antonio abrió los ojos sorprendido.
—Pero Alfa… la princesa Bella…
—Mi hija está en la casa de Charles.
Corté el enlace antes de seguir hablando.
No tenía tiempo para explicaciones.
Giré mi enorme cuerpo y comencé a regresar hacia el territorio.
Detrás de mí, Antonio volvió a su forma humana y empezó a guiar al pequeño grupo de duendes.
Pero mientras avanzábamos…
sentí algo extraño.
Un olor.
Viejo.
Antiguo.
Como polvo, lluvia y magia olvidada.
Altair gruñó dentro de mi cabeza.
Reconocía ese aroma.
Y eso no era bueno.
ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ
Muy lejos de allí…
Bella dormía profundamente.
Acurrucada entre mantas dentro de la habitación de Charles.
Rafael estaba sentado cerca de la ventana cuando de repente llevó una mano a su pecho.
Su expresión cambió.
Andy lo observó en silencio.
—Cada vez pasa más seguido —murmuró.
Rafael bajó la mirada.
—Sí… parece que muy pronto tendré que irme para prepararme como futuro Alfa bajo el mando del Rey Alfa.
El ambiente quedó en silencio.
Andy suspiró mientras miraba a Bella dormir.
—Bella te va a extrañar mucho.
Rafael sonrió apenas.
Luego observó a su pequeña hermana haciendo un leve puchero dormida entre las mantas.
—Sí… lo sé.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Hasta que Bella comenzó a moverse inquieta entre sueños.
Su respiración se aceleró.
Pequeñas gotas de sudor cubrieron su frente.
Andy frunció el ceño.
—¿Bella?
Pero ella no respondió.
Porque en ese momento…
Bella estaba soñando.
Y dentro de aquel sueño…
unos enormes ojos dorados acababan de abrirse.