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Entre La Vida Y El Silencio

Entre La Vida Y El Silencio

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Un joven sufre un accidente automovilístico después de una noche Que se borracha porque pierde la mujer que amaba y queda en coma durante dos años. En el hospital, una doctora se encarga de su cuidado diario y nunca pierde la esperanza de que despierte.
Con el tiempo, su dedicación crea un vínculo especial entre ambos, más allá de lo médico. Cuando el chico finalmente despierta, comienza una nueva etapa de recuperación donde poco a poco ambos descubren que lo que los une se convierte en amor.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El cumpleaños que me devolvió un poco la vida

Después del susto con la moto y la “sorpresa” que casi me infarta, la finca se fue llenando de un ambiente que yo ya había olvidado cómo se sentía.

Música fuerte, gente riéndose, vasos chocando, alguien gritando mi nombre de vez en cuando… todo era un caos bonito, de ese que no hace daño, de ese que solo existe cuando uno está rodeado de gente que, de verdad, quiere verlo a uno bien.

Yo todavía estaba medio en shock.

Me quedé un rato parado mirando la decoración.

—“Parcero… ustedes sí están locos” —dije negando con la cabeza.

Mateo se me acercó con una sonrisa.

—“Eso era la idea, que te salieras de la rutina, pues.”

Yo solté aire por la nariz.

—“Pues casi me da un paro del susto.”

Todos se rieron.

La música subió más.

Alguien me pasó un vaso.

—“Tome, hoy no piense tanto.”

Lo agarré.

No dije nada.

Solo miré alrededor otra vez.

Había gente de la universidad, compañeros con los que he compartido trabajos, desvelos, parciales, estrés. También gente del colegio que no veía hace años. Y ahí estaba yo, en el centro de todo eso, como si por un momento la vida me hubiera devuelto algo que había olvidado.

Me senté en una mesa larga.

Mateo se sentó al lado.

—“¿Qué más, pues? ¿Cómo va la vida del heredero serio?” —me dijo en burla.

Yo lo miré de lado.

—“No empiece, parce.”

Él se rió.

—“No, en serio. Usted últimamente anda muy apagado.”

Me quedé callado un segundo.

—“Pues… normal” —respondí.

Daniel Ocampo se metió en la conversación.

—“Normal no es. Usted antes era más relajado.”

Yo bajé la mirada un poco.

—“La vida cambia.”

Mateo levantó el vaso.

—“Pues hoy no. Hoy se desconecta.”

Y ahí empezó todo.

La música cambió a algo más movido.

Alguien puso parlantes más grandes.

La gente empezó a bailar.

Una compañera de la universidad me jaló la mano.

—“Vamos, Edwin, no sea aburrido.”

Yo me reí.

—“No joda…”

Pero me levanté.

Y fui.

Al principio estaba tieso, como sin saber qué hacer.

Pero después… poco a poco… me fui soltando.

La gente se reía, me empujaban suave, me incluían.

Y yo, sin darme cuenta, también me estaba riendo.

Una risa que no salía hace rato.

—“Ustedes están locos de verdad” —les decía entre risas.

—“Hoy sí, hoy sí se vive, pues” —gritó uno.

La tarde fue pasando entre música, baile y comida.

La torta la sacaron después.

Grande.

Con velas.

—“Ahora sí, serio, pidan un deseo” —dijo alguien.

Me quedé mirando la torta.

No sabía qué pedir.

Porque uno en mi situación ya no pide cosas fáciles.

Ya no pide plata.

Ya no pide cosas materiales.

Uno pide cosas que no sabe si se pueden cumplir.

Cerré los ojos.

Y pensé.

No dije nada en voz alta.

Solo soplé las velas.

Todos aplaudieron.

—“¡Feliz cumpleaños!” —gritaron.

Yo sonreí.

De verdad sonreí.

No como antes… sino de verdad.

Después empezaron a repartir la torta.

Mateo me dio un pedazo.

—“Tome, no sea intenso.”

—“Gracias, pues.”

Nos sentamos otra vez.

La música bajó un poco.

El ambiente se calmó.

Y empezaron las conversaciones más tranquilas.

—“¿Y la universidad qué?” —me preguntó Daniel.

—“Ahí… normal, ingeniería es una locura” —respondí.

—“Eso es puro estrés” —dijo otro.

Yo asentí.

—“Sí, pero ahí uno se distrae.”

Mateo me miró.

—“¿De qué se distrae usted?”

Me quedé callado un segundo.

—“De todo.”

Y nadie preguntó más.

Porque entendieron.

A veces no hace falta explicar tanto.

En un momento, alguien puso música más tranquila.

La gente empezó a sentarse.

Algunos seguían bailando, otros hablando, otros simplemente riéndose.

Yo me recosté en la silla.

Miré el cielo.

Era de esos cielos limpios de Manzanares, con estrellas suaves.

Y por primera vez en mucho tiempo…

no estaba pensando en problemas.

No estaba pensando en peleas.

No estaba pensando en traiciones.

Solo estaba ahí.

Presente.

Mateo me habló bajito.

—“Parce, usted se ve más tranquilo hoy.”

Yo lo miré.

—“Hoy es raro.”

—“¿Raro bueno o raro malo?”

Pensé un segundo.

—“Raro bueno.”

Él sonrió.

—“Eso ya es bastante.”

Me quedé en silencio otra vez.

Y seguí mirando la fiesta.

La gente riéndose.

La música.

El ambiente.

Todo eso que yo había olvidado cómo se sentía.

En un momento, una compañera se acercó.

—“Edwin, baila otra vez.”

Yo negué.

—“No, ya estoy cansado.”

—“No sea aburrido.”

Yo me reí.

—“Ya bailé mucho para alguien que casi lo secuestran hoy.”

Todos soltaron carcajadas.

La noche fue cayendo poco a poco.

Las luces se veían más fuertes.

El frío de Manzanares bajaba, pero el ambiente lo mantenía cálido.

Y yo seguía ahí.

Por primera vez en mucho tiempo…

no quería irme.

No quería volver a la casa de silencio.

No quería encerrarme en mi cuarto.

Solo quería quedarme un poco más.

Cuando ya estaba más tarde, Mateo se sentó otra vez.

—“Bueno, parcero… ¿feliz o qué?”

Yo lo miré.

Pensé un segundo.

—“Sí…” —respondí— “hoy sí.”

Y esa palabra, aunque simple…

se sintió rara de decir.

Porque hacía mucho no la decía en serio.

Y mientras la música seguía sonando en la finca…

yo entendí algo pequeño pero importante:

a veces la vida no cambia todo de golpe…

pero sí te da un día donde uno recuerda cómo se siente estar vivo.

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Normaangelica Medina Ortiz
historia buena pero frases repetidas constantemente, sobretodo el "sinceramente" final un error,los protagonistas se enteraron que Marcela está embarazada cuando tiene 3 meses, después narran que 8 meses después ella empieza con dolores de parto y todavía falta uno ... entonces la bb nace de 11 meses??🤷ojo con ese "pequeño" detalle
Yulexi De Fernández: de esa parte
total 2 replies
Normaangelica Medina Ortiz
porque insistir en el SINCERAMENTE
Normaangelica Medina Ortiz
demasiados, ay no ! y sinceramente
Ana Cortes
que bueno que Edwin se esté dando una oportunidad con la doctora
Ana Cortes
como que las fechas o considen porque cuando se hizo novio de Valeria tenía 23 años y ellos duraron más de 6 meses juntos de novios hasta la muerte de Valeria y fue en el funeral que el salio y se fue a recorrer la ciudad a gran velocidad y fue que tuvo el accidente que lo dejó en coma y ahora que despierta la doctora le dice que lleva en coma más de 1año en ese estado
Yulexi De Fernández: la verdad que yo cuando la hice amiga ni no conseguí bien la fecha más o menos pero más o menos entre un año y dos años más o menos no me recuerdo bien
total 2 replies
Ana Cortes
debe de sentirse horrible perder al amor a tan temprana edad
Ana Cortes
pobre Edwin la vida no a sido nada de generoso con él
Ana Cortes
que pena por Valeria enfermarse y estar tan mal y pobre de Edwin ya que él está enamorado de ella
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