Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 22: Eco del trauma
El Hospital Central de la ciudad no es un lugar que Alarik o Zoe frecuenten bajo circunstancias normales. La edificación, un edificio de hormigón y cristales opacos, se alza bajo un cielo plomizo que parece reflejar el estado de ánimo de la investigación. El aire en el estacionamiento esta cargado de humedad, y el silencio entre ambos, mientras caminan hacia la entrada, no es incómodo, sino operativo. Es el silencio de dos piezas de un engranaje perfectamente sincronizado que se preparan para una maniobra de precisión.
Antes de cruzar el umbral de la puerta automática, Alarik se detuvo. Giró sobre sus talones, su postura impecable, el uniforme impecable. Su mirada, aunque suave al posarse en Zoe, conserva esa firmeza que lo define como autoridad.
__Sargento__. Dijo, su voz grave resonando con un tono de mando que, a pesar de la creciente cercanía personal que comparten en privado, mantiene el rigor necesario para la jerarquía que los rige.
__Usted se encargará de interrogar a la víctima__.
Zoe lo miró, notando el gesto de respeto táctico detrás de sus palabras.
__Entendido, Capitán. ¿Alguna directriz específica?__.
__Ella ha sobrevivido al abismo, Sargento__. Continuó Alarik, bajando un poco el volumen, permitiéndose una honestidad que solo muestra ante ella.
__Es una mujer que ha sido reducida a la nada por un monstruo. Mi presencia, el peso de un hombre en una habitación con ella ahora mismo, solo podría activar sus mecanismos de defensa o disparar su terror. Usted tiene la capacidad de ser el puente. Yo me encargaré de lidiar con los familiares y de rastrear la cronología exacta de sus últimos pasos antes del secuestro. Necesito saber qué puertas se abrieron para él__. Zoe asintió, cuadrando los hombros.
__Haré que hable, Capitán__.
__Lo sé, Sargento. Proceda__.
Alarik se dirigió hacia la sala de espera, donde los familiares aguardan en un estado de catatonia emocional. Zoe, por su parte, caminó hacia la unidad de cuidados intensivos. Cada paso que da por el pasillo aséptico, impregnado del olor penetrante a antiséptico y medicamentos, siente cómo el suelo bajo sus pies se vuelve inestable.
El sonido rítmico del monitor cardíaco de la habitación a la que se acerca no es solo un signo vital; para Zoe, se convirtió en un metrónomo que la transporto años atrás. De repente, las paredes blancas del hospital se transformaron en la penumbra asfixiante de su propio pasado. El recuerdo golpeó con la fuerza de un tsunami: el Bosque de las almas perdidas.
Vio a Ignar, su antigua alma gemela, con esa frialdad que lo caracterizaba. Recordó los días encerrada, forzada a ser testigo de cómo él traía a jóvenes, cómo las rompía, cómo disfrutaba de su lucha desesperada por la libertad. La memoria más dolorosa no era el miedo, sino el vacío: ver a las víctimas cuando, finalmente, dejaban de luchar, cuando su espíritu se quebraba y el brillo de la vida se apagaba en sus ojos. iGnar no buscaba solo el cuerpo; buscaba la aniquilación de la voluntad. Y cuando ellas dejaban de luchar, para él, se volvían insignificantes, basura que el bosque terminaba por consumir.
Zoe se detuvo antes de entrar. Cerró los ojos, clavó las uñas en las palmas de sus manos, utilizando el dolor físico para anclarse al presente. "No estás ahí. Ya no. Eres Zoe. Eres Sargento. Estás a salvo". Respiró hondo, exhalando el fantasma de iGnar, y empujó la puerta.
La habitación esta en penumbra. La mujer en la cama, una ejecutiva que semanas atrás gestionaba presupuestos millonarios, ahora parece una muñeca de porcelana rota, con la mirada perdida en un punto fijo del techo. Su cuerpo esta presente, pero su mente claramente vaga por los restos del naufragio que el asesino le ha dejado.
Zoe se acercó lentamente, sin invadir su espacio, dejando que la víctima la perciba. Se sentó en la silla junto a la cama, manteniendo una postura abierta, vulnerable, pero firme.
__No voy a obligarte a hablar de inmediato__. Dijo Zoe, con una voz suave, desprovista de la autoridad policial que usa con sus subordinado.
__Pero quiero que sepas que no estás sola__.
La mujer parpadeó. Lentamente, giró la cabeza hacia Zoe. Sus ojos, llenos de cansancio, se posaron en ella. Por un segundo, hubo un destello de reconocimiento. No es un reconocimiento de identidad, sino de esencia. La víctima vio en Zoe algo que solo alguien que ha sobrevivido a la oscuridad absoluta puede ver: una igual.
__Él... él no me dejó morir__. Susurró la mujer. Su voz es apenas un hilo, quebradizo y áspero.
__Dijo que era un desperdicio terminar conmigo todavía__. Zoe se inclinó un poco más, manteniendo el contacto visual.
__¿Qué más te dijo?__.
__Tenía una máscara__. Continuó la víctima, su respiración volviéndose errática.
__No vi su rostro, solo su boca cuando hablaba. Su voz... era como metal raspando piedra. Gruesa, aterradora. Hablaba de... de mi trabajo, de mis logros. Me gritaba que las mujeres como yo estábamos invadiendo lugares que no nos pertenecen. Que habíamos tomado lo que es de ellos__.
La mujer comenzó a temblar. Zoe tomó su mano, con firmeza, dándole un ancla física.
__Dijo que...__. La víctima sollozó__. Dijo que mi existencia es una anomalía que él esta corrigiendo. Que me dejaría vivir para que pudiera recordar cada día, cada segundo, lo que se siente al ser puesta en mi lugar. Me dijo que nunca, jamás, estaré por encima de un hombre__.
Zoe sintió una oleada de rabia fría recorriéndole la columna vertebral. Es la misma retórica del odio. El mismo patrón de superioridad narcisista que iGnar usaba para justificar sus atrocidades.
__Escúchame bien__. Dijo Zoe, apretando la mano de la mujer, obligándola a conectar con ella.
__Nada de lo que él dijo es verdad. Él no es una fuerza de la naturaleza, no es un juez ni un verdugo. Es un hombre cobarde que necesita destruir lo que no puede comprender para sentirse poderoso. El orden que él dice defender no existe. Tú elegiste tu camino, trabajaste por tus logros y mereces todo lo que tienes. Él es quien ha elegido lastimar, quien ha elegido el camino del monstruo. No le des la victoria. Si te dejó vivir para recordarlo, vive para verlo caer. Vive para sobrevivirle__.
La mujer sollozó, un llanto largo y desgarrador que finalmente rompió el bloqueo en el que estaba sumida. Zoe se quedó allí, sosteniéndola, siendo el muro contra el que la víctima puede descargar todo el dolor, todo el terror de aquellos días de cautiverio.
Pasó casi una hora. Cuando la mujer finalmente se quedó dormida por la sedación, Zoe salió de la habitación. Alarik esta de pie en el pasillo, con los brazos cruzados, esperándola. Su expresión no cambió, pero sus ojos buscaron los de ella, leyendo la respuesta antes de que hablara.
__¿Nombre, rostro, dirección?__. Preguntó Alarik, sin rodeos.
Zoe negó con la cabeza, la frustración instalándose en sus hombros.
__Nada concreto. Máscara. Un fanático que cree que está "corrigiendo" una anomalía social. Es metódico, organizado y tiene un complejo de superioridad tan grande como su odio. Sabe cómo moverse, cómo secuestrar sin dejar huella. La ha mantenido viva como un trofeo de su propia ideología__.
Alarik golpeó la pared con el puño cerrado, un gesto contenido pero violento.
__Tenemos la psicología, tenemos el motivo, tenemos el "porqué" de su locura, pero no tenemos ni un rastro del "quién"__. Dijo el Capitán, con la mandíbula apretada.
__Es un fantasma con una causa__.
Caminaron hacia la salida del hospital. La noche ha caído, y la ciudad se extiende ante ellos como un tablero de ajedrez donde el oponente, hasta ese momento, siempre va un movimiento por delante.
__Capitán__. Dijo Zoe, deteniéndose en la puerta.
__Él se siente poderoso. Cree que tiene el control porque elige a sus víctimas y las denigra. Pero ha cometido el error de dejar a una viva. Ella recuerda su voz. Ella recuerda cómo se mueve. Cuando despierte, cuando esté lista, tendremos un perfil más claro de su comportamiento__.
__Y hasta entonces__. Respondió Alarik, mirando las luces de la ciudad con una determinación gélida.
__Seguiremos siendo su sombra. Porque si cree que puede jugar a ser Dios con estas mujeres, no tiene idea de lo que sucede cuando la ley, y aquellos que ya no tienen nada que perder, deciden que su tiempo se ha terminado__.
Ambos se subieron al coche, el silencio de nuevo apoderándose del vehículo. No es una derrota, pero la frustración es un sabor amargo en sus bocas. La cacería apenas comenzó, y el depredador, oculto en las sombras, aún no sabe que, esta vez, sus perseguidores no son simples policías, sino dos personas que entienden perfectamente la oscuridad que él intenta proyectar.
se vuelven justicieros en un mundo decadente.
que buena esta está historia y lo que falta