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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:543
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

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Un día normal

Unas criadas jóvenes tocaron suavemente la puerta.

—¿Podemos pasar, su alteza? —preguntó una voz tímida.

Aralisse, que aún observaba el mar desde el balcón, asintió sin girarse.

—Sí, adelante.

Tres muchachas entraron. Todas vestían de azul claro y llevaban el cabello recogido en largas trenzas. La más pequeña no debía tener más de quince años. Traían toallas blancas, aceites perfumados y una bata de seda color marfil.

—La reina Selarya ordenó que la ayudáramos a prepararse para descansar —explicó la mayor haciendo una reverencia.

Aralisse permitió que la guiaran hasta el baño. El agua del gran estanque de piedra humeaba suavemente y el aroma de flores marinas impregnaba el aire. Una de las jóvenes vertió unas gotas de aceite sobre la superficie, formando pequeños destellos dorados.

Mientras la bañaban en silencio, las muchachas intercambiaban miradas discretas, curiosas pero respetuosas. Era evidente que pocas veces habían atendido a una princesa extranjera.

Después, la envolvieron en una toalla tibia y la ayudaron a colocarse la bata de seda, tan ligera que parecía flotar con cada movimiento. Peinaron su cabello dorado con cuidado, hablando entre murmullos casi inaudibles.

Cuando terminaron, una de ellas acomodó las sábanas de la cama y encendió una lámpara de cristal turquesa junto al lecho.

—¿Desea que cerremos el balcón, su alteza? —preguntó la menor.

—No —respondió Aralisse con una pequeña sonrisa—. Quiero escuchar el mar.

Las tres se inclinaron y salieron en silencio.

Cerró los ojos y, por primera vez en semanas, sintió un poco de paz.

...****************...

El sol brillaba alto sobre el mar cuando Aralisse despertó sobre la cama, aún envuelta en la bata de seda. Con un pequeño movimiento, hizo sonar la campana de bronce junto a la mesita.

Apenas unos segundos después, la puerta se abrió y esas tres jóvenes criadas entraron con sonrisas respetuosas.

—¡Su alteza! —exclamó la mayor haciendo una leve reverencia—. Ya es mediodía.

—¿Por qué nadie me despertó? —preguntó Aralisse, sorprendida.

—La reina Selarya ordenó que descansara todo lo que quisiera —respondió otra muchacha con dulzura—. Deseaba que recuperara fuerzas.

Aralisse asintió agradecida antes de añadir:

—Quisiera comer con mis acompañantes.

Las jóvenes se miraron entre sí y la mayor sonrió con cierta picardía.

—Claro, su alteza… pero primero debe cambiarse. Ese vestido de dormir tiene demasiadas transparencias para el comedor.

Aralisse frunció apenas el ceño, aunque terminó asintiendo.

Con ayuda de las tres muchachas, se colocó el vestido de algodón que habían preparado para ella. La tela era ligera y fresca, perfecta para el clima cálido de Zaryah, aunque las mangas y el cuello transparentes dejaban ver ligeramente su joven escote.

Cuando se observó en el espejo, permaneció callada unos segundos.

Todavía era una joven.

Pero comenzaba a parecerse cada vez más a una mujer.

Cuando bajó al comedor acompañada de las criadas, Lysandre levantó la mirada… y por un instante olvidó respirar.

La Aralisse que tenía delante ya no parecía la pequeña princesa que había salido de Lysirah semanas atrás. Había algo distinto en ella ahora. Algo más elegante. Más suave.

Más difícil de ignorar.

—Alteza… —comenzó con cierta torpeza, apartando la mirada apenas un poco—. Ese tipo de vestidos quizá no… no le favorecen demasiado. Tal vez sería mejor usar los del norte. Son más… apropiados para usted y menos llamativos.

Aralisse lo miró levemente, indignada.

—Lysandre

El joven tragó saliva.

—No necesito que me digas qué ropa me queda bien o mal.

—Cierto… su alteza —murmuró él rápidamente—. No volverá a ocurrir.

Intentó recuperar la compostura mientras desviaba la vista hacia cualquier otro lugar que no fuera ella.

El comedor estaba iluminado por la luz natural que entraba desde los enormes ventanales del ala sur. Aralisse tomó asiento en la cabecera de la mesa, con Lysandre y el consejero Erak a sus lados.

Las criadas comenzaron a servir pescado fresco, mariscos y frutas exóticas típicas de Zaryah.

Aralisse probó algunos bocados, aunque varios sabores le resultaron demasiado distintos a los de Lysirah.

Erak rompió el silencio.

—Su alteza, permaneceremos poco tiempo en Zaryah. Debemos partir hacia Eluniah apenas el barco esté preparado.

Lysandre asintió lentamente, todavía algo distraído.

—Sí… será mejor irnos cuanto antes.

Aralisse levantó la vista hacia ambos hombres.

No respondió.

Pero el ligero fruncir de su ceño dejaba claro que entendía perfectamente la importancia del viaje.

El silencio volvió a instalarse en la mesa, acompañado únicamente por el sonido de los cubiertos y la porcelana.

Lysandre desvió la mirada hacia Aralisse varias veces, creyendo que ella no lo notaba.

Mientras la princesa intentaba probar un postre cubierto de miel, la puerta del comedor se abrió suavemente.

Un joven alto, de cabello oscuro y ojos azul profundo, entró al salón con paso tranquilo.

—Alteza —saludó el príncipe Caedric con una sonrisa amable—. Debo decir que ese vestido le queda perfecto.

Aralisse levantó la vista sorprendida por el cumplido y sonrió apenas, un poco avergonzada.

—Gracias… supongo que tendré que acostumbrarme a los vestidos del sur.

Caedric sonrió levemente.

—Si le apetece, podría mostrarle la playa privada del castillo. Es un lugar tranquilo para pasear.

Aralisse dudó apenas un instante antes de asentir.

—Está bien. Me gustaría verla.

Lysandre se levantó inmediatamente de la silla, dispuesto a acompañarlos.

Pero Erak intervino antes.

—Déjalos ir solos —dijo con firmeza—. No necesitas seguirla a todas partes. Es solo un paseo.

Lysandre tensó ligeramente la mandíbula, aunque terminó quedándose en su lugar mientras Aralisse abandonaba el comedor junto a Caedric.

Esperó hasta que ambos desaparecieron por el corredor antes de volver la vista hacia Erak.

—Además —continuó el consejero en voz baja—, necesito que recuerdes algo, Lysandre. No es apropiado dejarse llevar por sentimientos que no deberían surgir. Veo como miras a la princesa.

El joven lo miró confundido.

Erak continuó sin darle tiempo a responder.

—La princesa necesita un esposo con una corona, un ejército y un reino que la respalnde. Y, en este momento, el príncipe Caedric parece una excelente opción. Si logro consolidar una alianza matrimonial antes de que partamos… sería beneficioso para todos.

Lysandre sostuvo su mirada fijamente.

—Se equivoca, Erak —respondió con calma contenida—. Yo solo cuido a la princesa hasta que regrese a Lysirah. Lo que usted insinúa no es verdad. No tengo interés en una niña.

Erak lo observó con severidad.

—Por el bien de ambos… espero que sea verdad.

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