Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo IV: Mucho más que un bruto
Ada no podía creer lo que estaba escuchando, porque todos los que estaban allí se suponían que eran sus amigos, en especial Sebastián, el hombre que ella creía amar.
Sonrió con amargura y sintió alivio porque había algo que ninguno de los presentes en la sala conocía y que por suerte lo mantuvo en secreto, y es que la universidad de su sueño le dio una admisión directa, precisamente porque pocas mujeres estudiaban en esa facultad y menos una con sus excelentes promedios.
Así que ella ya no necesitaba presentar ese examen de admisión, solamente deseaba hacerlo para ayudar a Sebastián a lograr sus objetivos.
—Por cierto, es raro que ella aún no haya llegado —comentó Sebastián, mirando la puerta.
—No creo que venga después del "regalito" que le puse en su bebida —añadió Victoria, provocando otra ola de risas.
Ada se hundió en cuclillas, ocultando su rostro entre las manos, mientras se sentía como una imbécil, y una sensación de humillación le quemaba en su garganta, porque todos allí lo sabían y se reían de su ceguera.
Damián acababa de entrar en el pasillo y era tanta la algarabía que salía de la sala que se detuvo en seco, al escuchar lo que hablaban, sus facciones se endurecieron porque estaba indignado y cerró los puños con ira contenida, sin embargo, toda su furia se convirtió en protección cuando la vio a ella en cuclillas en la entrada del salón, se acercó con paso firme para ponerle una mano en el hombro.
Ada sentía que el suelo se desmoronaba bajo sus pies, pero el peso de esa mano la trajo de nuevo a la realidad, ella reconoció su aroma, una mezcla de jabón con olor a limón y algo más varonil que no podía comprender, y esbozó una sonrisa cargada de una amargura que le partía el alma mientras luchaba por contener las lágrimas.
—¿De esto era de lo que querías hablarme? —preguntó con la voz quebrada por el dolor de la decepción.
—Si quieres, puedo entrar y golpearlos a todos —respondió Damián y aunque intentaba sonar como una broma, la verdad es que su tono de voz era tan gélido que resultaba aterrador y no dejaba dudas de que hablaba en serio.
Ada negó con la cabeza, lo conocía y en el pasado ya lo había hecho, así porque no podía permitir que él arruinara su carrera en los bomberos solo por una venganza inútil, Victoria y Sebastián eran unos desgraciados y sus compañeros de clases solo seguían al grupo de los populares.
Damián la ayudó a levantarse del suelo, sosteniéndola con una fuerza que la hizo sentir, por primera vez en esa noche de pesadilla muy segura.
—Casi nunca vengo a la ciudad —sentenció él, dándole la espalda al local con un desprecio absoluto—¿Qué te parece si vamos a salir a dar una vuelta por ahí, tú y yo?
La imagen del hombre enorme y la chica menuda hizo que varios de los que estaban en el local volvieran la mirada, incluso Constanza asqueada de lo que allí hablaban salió un rato con la excusa de ir al baño, los vio marchar y asintió con satisfacción, porque Ada estaba en buenas manos.
En la sala Sebastián continuó diciendo palabras hirientes solo para impresionar a Victoria, debido a la promesa que le hizo de entregarle su primera vez esa noche aprovechando que sus padres no estaban en casa, aunque la verdad es que no pensaba tan mal de Ada, sin embargo, más pudo su lujuria, que una amistad sincera de tantos años, porque en su mente pensaba que podría compensarla luego.
No sabía que esa noche marcaría el fin de su juego, que había perdido a su “pagafantas” para siempre, y que el camino de Ada, alejándose de él, acababa de comenzar.
Ada y Damián subieron al Chevette verde y estuvieron en silencio por un par de minutos solo interrumpido por el sonido del motor, ella observaba por la ventana como pasaban las luces de la ciudad mientras una pregunta amarga cruzaba su mente.
—Damián… ¿Hay algo malo en mí? —preguntó ella en un susurro, casi temiendo la respuesta.
Damián sin apartar la vista del camino, levantó una mano y con torpeza acarició su cabeza, luego recordó cuanto odiaba que despeinaran su cabello y la retiró de inmediato, lo que no notó es que ese simple gesto protector fue muy gratificante para Ada.
—Ellos son los que están mal, Ada —respondió él con firmeza —Discriminan a los demás como si ellos mismos no estuvieran llenos de defectos.
—Todos hablan de la belleza excepcional de Victoria… y de su talento —insistió ella, bajando la mirada.
—¿Belleza excepcional? —Damián soltó una risa seca, carente de gracia—Solo es una más del montón, mala, vacía e intrigante y no olvidemos lo de manipuladora, si no estuvieras interesada en Sebastián, te aseguro que ni le da la hora al “nerdo” de mi hermano.
Ada se sintió muy avergonzada y el rostro se le puso colorado, volvió el rostro hacia la ventana para evitar su mirada inquisitiva lo cual provocó que Damián esbozara una sonrisa de medio lado.
—¿Cómo … cómo sabes que me gusta tu hermano? —preguntó ella, con la voz pequeña.
—Porque lo tienes pintado en la cara, Ada, pero en mi opinión ustedes no tienen absolutamente nada en común.
En ese momento Damián no sentía un interés romántico por ella; solo la veía como la vecina solitaria y brillante con la que podía conversar de música cuando más ignorado y despreciado se sentía en su propio hogar, sin embargo, algo esa noche estaba cambiando solo que ninguno de los dos aún lo había notado.
—¿Te molestan mucho los "nerdos"… como yo? —preguntó ella con timidez.
—Ada, no me molesta la gente inteligente, me molesta que mi hermano use su intelecto como un arma para llamarme "bruto" cada vez que tiene oportunidad.
Ada volvió el rostro para ver su perfil, no solo era atractivo e imponente, sino una persona muy noble y valiente que sus familiares se negaban a ver.
—Damián… yo nunca te he considerado un bruto —dijo ella, girándose por fin para mirarlo a los ojos— Al contrario, yo jamás podría hacer las cosas que tú haces.
Damián la miró con asombro porque estaba tan acostumbrado a la etiqueta de "músculo sin cerebro", que no podía creer que ella lo mirara con un poco de admiración, y eso lo descolocó.
—Y según tú, ¿Qué es exactamente lo que yo hago? —preguntó él, intrigado por el tono de admiración en su voz.
—Subir escaleras interminables, cargar equipos pesadísimos y entrar en edificios en llamas para rescatar a personas que ni siquiera conoces —respondió Ada con convicción—No sé cómo puedes ver el peligro sin retroceder, ayudas a los demás en su peor momento, Damián, y eso no es ser un bruto… eso es ser un héroe.
Las palabras de Ada conmovieron a Damián de una forma que ninguno de sus parientes jamás había hecho, y por primera vez en su vida, alguien no miraba sus notas escolares o su falta de elocuencia, sino la nobleza de su oficio.
La movida nocturna de la ciudad era muy vibrante, para Ada que siempre había sido el típico “ratón de biblioteca” y que recién había cumplido la mayoría de edad, todo aquello era algo nuevo e interesante.
A ella le sorprendió que Damián conocía los rincones más icónicos de la ciudad; y a su paso, muchos lo saludaban con respeto, porque era evidente que, en las calles, él era mucho más que el hermano mayor de Sebastián.
Finalmente, se detuvieron frente a un bar donde se presentaba una banda local, un lugar nada sofisticado, pero con un buen ambiente.
—Me gusta este lugar —comentó Damián—Traen buenas bandas y las cervezas son baratas.
Se acercaron a la barra y Damián le pidió al barman una cerveza para sí mismo y una soda para ella, sabía que Ada nunca había tomado alcohol, y quería evitarle un momento desagradable.
Se sentaron en la barra y de fondo se escuchaba la banda, pero aun así se podía conversar, Damián hablaba con desenfreno de sus hazañas en la academia, mientras que ella por su parte le contaba con ilusión que estaba por estudiar su carrera soñada.
En un descuido de Damián, ella le arrebató la botella y bebió un sorbo rápido, sintiendo como el líquido amargo le quemaba garganta, y la mueca de espanto en su rostro le arrancó a Damián una carcajada sonora.
—¿Qué haces, Ada?, sabes que odias los sabores amargos—dijo el divertido, mientras recuperaba la botella y se la llevaba a los labios.
Ada se sintió como una tonta, pero al verlo beber del mismo sitio, su mente adolescente no pudo evitar pensar en el mito del “beso indirecto”, así que esbozó una sonrisa traviesa, consolándose con la idea de que técnicamente, ese era su primer beso.
—Ada… eso no cuenta como un beso — soltó él con una voz baja y ronca, disfrutando de su expresión inocente.
Ada bajó la mirada, abrumada por la sensación de que él podía leerla como si se tratara de un libro abierto.
—A veces me asusta porque parece que me lees la mente —susurró ella, sintiendo que sus mejillas ardían.
—No soy nada extraordinario, Ada … simplemente, nos conocemos desde hace mucho tiempo.
Sin embargo, Ada guardó silencio y no estuvo de acuerdo porque Sebastián tenía el mismo tiempo de conocerla y aun así jamás había sido capaz de entenderla.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre