Amor, venganza y secretos destruyen corazones destinados a reencontrarse nuevamente.
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Capítulo 10
Muriel tampoco podía dormir.
Acostada entre las sábanas, permanecía mirando fijamente el techo mientras su mente repetía una y otra vez todo lo ocurrido aquel día.
El regreso de Omar Torrealba.
El beso.
Su mirada.
Y aquellas absurdas palabras:
"Volví para convertirte en mi esposa."
Muriel soltó un suspiro pesado y giró sobre la cama intentando inútilmente encontrar una posición cómoda.
Imposible.
Todo se sentía desordenado dentro de ella.
Y para empeorar las cosas…
Las palabras de Belinda Lozano seguían rondando peligrosamente en su cabeza.
"Deberías casarte con él."
Muriel cerró los ojos con fuerza.
—Ni siquiera lo pienses —murmuró para sí misma.
Era una locura.
Una completa locura.
Omar seguía siendo impulsivo, arrogante y peligrosamente intenso.
Y ella ya no era aquella adolescente enamorada capaz de entregarle el corazón sin miedo.
Ahora sabía lo mucho que podía doler amar a alguien.
Apretó ligeramente las sábanas entre sus dedos mientras recordaba la forma en que él la sostuvo al besarla.
La facilidad con la que derrumbó su control.
Eso era precisamente lo que más miedo le daba.
Porque si Omar lograba acercarse demasiado otra vez…
Existía el riesgo de que terminara creyendo nuevamente en ese amor que jamás desapareció del todo.
Y ella no podía permitirse eso.
No después de todo lo ocurrido.
Su respiración se volvió más pesada apenas otro pensamiento apareció en su mente.
Uno mucho más oscuro.
Mucho más doloroso.
Omar no sabía nada.
No sabía que años atrás iban a tener un hijo.
No sabía que ella estuvo embarazada.
Y tampoco sabía lo que su padre hizo.
Muriel sintió un nudo formarse en la garganta.
—No puede enterarse… —susurró.
Porque conocía a Omar.
Conocía perfectamente el carácter explosivo que escondía detrás de esa aparente calma.
Y si descubría la verdad…
Sería capaz de enfrentarse a Lauro sin importarle las consecuencias.
Y eso solo terminaría destruyéndolo todo aún más.
Muriel se incorporó lentamente sentándose en la cama mientras abrazaba sus piernas.
El dolor seguía allí.
Después de tantos años, seguía doliendo igual.
A veces todavía imaginaba cómo habría sido su hijo.
Si tendría los ojos de Omar.
O su sonrisa.
Una lágrima silenciosa recorrió su mejilla.
Muriel la limpió rápidamente.
No.
No podía seguir pensando en eso.
Mucho menos ahora que Omar había regresado a Valle Escondido.
Porque algunos secretos tenían el poder de destruir demasiadas vidas cuando finalmente salían a la luz.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La mañana en Delicias de Valle Escondido transcurría con el movimiento habitual de siempre.
Clientes entrando y saliendo, el aroma a café recién hecho impregnando el ambiente y varias bandejas de postres acomodadas cuidadosamente detrás del mostrador.
Belinda Lozano revisaba unas facturas en la caja cuando la campanilla de la puerta sonó.
Levantó la mirada distraídamente.
Y se quedó completamente inmóvil.
Una mujer elegante acababa de entrar al local.
El cabello perfectamente arreglado, una sonrisa cálida y esos ojos llenos de nostalgia que parecían buscar algo entre cada rincón del lugar.
Belinda frunció ligeramente el ceño intentando reconocerla.
Entonces la mujer sonrió aún más al verla.
—Belinda… qué hermosa estás.
La voz terminó de activar el recuerdo.
Los ojos de Belinda se abrieron sorprendidos.
—¿Señora Salomé…?
Salomé Torrealba soltó una pequeña risa suave.
—Nada de señora.
Belinda todavía parecía impactada.
Habían pasado demasiados años desde la última vez que la vio.
Pero seguía recordándola perfectamente.
Siempre tan elegante.
Tan dulce.
—Dios mío… usted también volvió al pueblo.
Salomé asintió lentamente mientras observaba el lugar con evidente emoción.
—Vine con mi hijo... ahora quiero sorprender a tu madre.
Belinda sonrió inmediatamente.
—Va a darle algo cuando la vea.
Salomé soltó una pequeña carcajada.
—Eso espero.
Belinda salió rápidamente de detrás del mostrador.
—Venga conmigo.
La condujo por el pequeño pasillo lateral que llevaba directamente hacia la cocina principal.
A medida que avanzaban, el delicioso aroma a vainilla, canela y pan recién horneado se hacía más intenso.
Desde dentro se escuchaban utensilios moviéndose y la voz de Elena Lozano dando instrucciones a los empleados.
Belinda sonrió divertida antes de abrir la puerta.
—Mamá… hay alguien que quiere verte.
Elena Lozano estaba concentrada decorando una bandeja de tartas cuando escuchó la voz de su hija.
—Mamá… hay alguien que quiere verte.
—Si es otro proveedor que viene a cambiarme los precios, dile que no estoy —respondió sin levantar la mirada.
Belinda soltó una pequeña risa.
—Creo que esta persona sí vale la pena.
Elena suspiró distraídamente mientras dejaba la manga pastelera sobre la mesa.
Entonces se giró.
Y el tiempo pareció detenerse.
Sus ojos se abrieron lentamente llenos de incredulidad.
—¿Salomé…?
Salomé sonrió con emoción.
—Hola, Elena.
Elena llevó una mano a su pecho completamente impactada.
Por un instante pareció incapaz de reaccionar.
Habían pasado demasiados años.
Demasiadas cosas.
Y aun así… seguía viendo a su mejor amiga frente a ella.
La misma mujer con la que compartió gran parte de su juventud.
Las mismas que juraban que jamás se separarían.
Las mismas que imaginaban ver crecer juntos a sus hijos.
Los ojos de Elena comenzaron a humedecerse.
—No puede ser…
Salomé apenas tuvo tiempo de abrir los brazos cuando Elena prácticamente corrió hacia ella.
Ambas se abrazaron con fuerza inmediatamente.
Como si intentaran recuperar todos los años perdidos en un solo instante.
Belinda sonrió emocionada observando la escena.
Porque incluso ella, siendo niña, recordaba perfectamente lo unidas que eran.
Elena soltó una pequeña risa entre lágrimas.
—¡Mírate! Sigues igual.
Salomé negó divertida mientras limpiaba discretamente sus ojos.
—Tú tampoco cambiaste nada.
—Mentira, ahora tengo más estrés y menos paciencia.
Las dos terminaron riéndose suavemente.
Pero detrás de aquellas sonrisas había demasiada nostalgia acumulada.
Elena tomó el rostro de Salomé entre las manos observándola como si todavía no creyera que realmente estaba allí.
—Pensé que nunca volvería a verte.
La sonrisa de Salomé se suavizó.
—Yo también pensé eso muchas veces.
El ambiente en la cocina se volvió silencioso por un instante.
Cargado de recuerdos.
De heridas antiguas.
De años separados por tragedias que ninguna de las dos pudo controlar.
Finalmente Elena tomó aire profundamente.
—Ven conmigo ahora mismo.
Salomé arqueó una ceja divertida.
—¿A dónde?
—A sentarnos y ponernos al día… porque tenemos casi una década de chismes pendientes.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La mañana en la inmobiliaria Galiano transcurría con absoluta normalidad.
Secretarias moviéndose de un lado a otro, llamadas constantes y ejecutivos entrando y saliendo de las oficinas principales.
Dentro de su enorme despacho, Lauro Galiano revisaba unos documentos cuando su secretaria tocó suavemente la puerta.
—Señor Galiano…
Lauro levantó apenas la mirada.
—¿Qué ocurre?
La mujer acomodó nerviosamente la carpeta que sostenía entre las manos.
—El nuevo accionista llegó.
Lauro dejó lentamente la pluma sobre el escritorio.
Por supuesto.
Llevaba días esperando aquella reunión.
Aunque técnicamente el negocio de compra y venta de acciones se manejó completamente mediante abogados y representantes, él daba por hecho que el nuevo socio era Federico Iturbide.
Después de todo, fue él quien manejó todo el proceso.
—Hazlo pasar.
—Sí, señor.
Segundos después, la puerta volvió a abrirse.
Primero entró Federico con absoluta tranquilidad.
Y detrás de él…
Omar Torrealba.
Lauro se quedó petrificado...
nada más quiere tantito para estar con el..
es hora de ser feliz mujer y más con el hombre que te ama ..
O Lauro se enredó con la mamá de Omar o la mamá de Muriel se enredó con el papá de Omar ......🧐🤔🤨🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴