Tras morir, María reencarna en Alba, una extra destinada a ser sacrificada por su propia familia. Decidida a cambiar su destino, huye para cruzar el bosque prohibido en busca de la única familia que podría salvarla.
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Capítulo 11
Después de llenarse el estómago, Alba salió de la posada acomodándose mejor la capa sobre los hombros. El aire seguía frío después de la lluvia de la noche anterior, y aunque el pueblo ya estaba más despierto y lleno de movimiento, ella no bajó la guardia ni un segundo.
Nunca estaba de más cubrirse.
Especialmente cuando una acababa de incendiar accidentalmente una mansión noble.
Bueno… accidentalmente a medias.
Alba caminó por las calles observando los puestos y tiendas abiertas. Había comerciantes acomodando mercancía, mujeres comprando pan recién hecho y algunos niños corriendo de un lado a otro. Todo parecía demasiado normal para alguien que estaba huyendo de una familia noble probablemente furiosa.
—Qué bonito se siente cometer crímenes y seguir viva —murmuró para sí misma.
Su primera prioridad era sencilla: ropa.
La que llevaba encima ya estaba vieja, desgastada y olía ligeramente a humo gracias a cierto incendio completamente merecido.
Después de recorrer un rato encontró una tienda de ropa modesta. No era lujosa ni llamativa, justo lo que necesitaba. Entró intentando actuar natural mientras una campanita sonaba sobre la puerta.
Dentro había vestidos colgados cuidadosamente, capas, botas y algunas prendas de viaje. Todo tenía un estilo sencillo pero bonito.
Alba empezó a revisar.
—A ver… algo que diga “viajera misteriosa” y no “sirvienta fugitiva buscada por incendio”.
Tomó varios vestidos discretos hasta que uno llamó completamente su atención.
Era largo, de un azul profundo, elegante sin verse exagerado. La tela caía suavemente y las mangas tenían detalles oscuros bordados cerca de los puños. Encima venía una capa del mismo tono, amplia y perfecta para viajar. El conjunto entero tenía un aire entre aventurero y noble que la hizo quedarse mirándolo varios segundos.
Era hermoso.
Y caro.
Alba miró la etiqueta.
Luego miró el vestido.
Luego volvió a mirar la etiqueta.
—…Tú quieres arruinarme la vida.
Pero aun así lo compró.
Porque claramente tenía prioridades cuestionables.
Después de eso siguió recorriendo tiendas. Compró un bolso más grande y resistente para llevar sus cosas, algunas prendas adicionales, botas cómodas y luego fue hasta una herrería donde adquirió una daga sencilla, aunque bastante afilada.
Cuando el herrero la vio intentando colocarse el cinturón para armas casi al revés, tuvo que corregirla dos veces.
—Así no se pone, señorita.
—Yo sabía eso, solo estaba… comprobando si usted también lo sabía.
El hombre la miró raro.
Alba decidió fingir dignidad y seguir adelante.
También compró carne seca, frutas, pan y provisiones suficientes para varios días. Si realmente iba a cruzar el bosque prohibido, necesitaba prepararse bien.
O al menos intentarlo.
Para cuando terminó de comprar ya estaba agotada. El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y sus piernas le dolían de caminar todo el día.
Y, sin darse demasiadas vueltas, terminó regresando a la misma posada.
Tal vez porque ya la conocía.
Tal vez porque era cómoda.
O tal vez porque cierto elfo amargado seguía rondando por ahí.
Alba decidió no analizar demasiado eso.
Entró a la posada y pidió comida junto con agua caliente para bañarse después. Mientras esperaba, sus ojos recorrieron el lugar… hasta detenerse en el fondo.
Ahí estaba él otra vez.
Sentado solo en una mesa, con una copa en la mano y esa expresión de eterno fastidio grabada en el rostro.
El elfo levantó apenas la mirada al verla entrar.
Y no dejó de mirarla.
Alba caminó directamente hacia su mesa antes de siquiera cuestionarse por qué lo estaba haciendo.
Simplemente se sentó frente a él como si fuera lo más normal del mundo.
Por un momento ninguno habló.
El seguía igual de irritantemente atractivo. Su cabello rubio caía sobre sus hombros desordenadamente y la luz cálida de la posada hacía que sus ojos dorados resaltaran aún más.
Qué injusticia tan grande que alguien tan guapo tuviera tan mala actitud.
Alba metió la mano en su bolso y sacó una manzana roja que había comprado hacía un rato.
—Toma. Para ti.
El elfo miró la fruta con una ceja ligeramente alzada, claramente confundido por el gesto.
Aun así la tomó.
—…Gracias.
—De nada. Es mi forma de pagar traumas emocionales y sermones.
El soltó un suspiro cansado.
—Sigues hablando demasiado.
—Y tú sigues siendo amargado. Mira qué bonito, ya tenemos cosas en común.
Por primera vez ella notó algo raro.
La comisura de sus labios parecía querer moverse.
Como si hubiera estado a punto de sonreír.
Pero desapareció enseguida.
Alba entrecerró los ojos.
Ah no.
Ahora quería verlo sonreír aunque fuera por pura terquedad.
—No nos hemos presentado adecuadamente —dijo entonces, acomodándose mejor en la silla—. Mucho gusto, soy Alba.
Extendió la mano hacia él.
El observó su mano en silencio durante unos segundos.
Alba empezó a ponerse nerviosa.
Ni modo que me deje aquí con el brazo extendido como idiota, ¿verdad?
Justo cuando estaba a punto de retirarlo, él finalmente tomó su mano.
Sus dedos eran fríos.
—Thalior.
Su voz salió tranquila y profunda mientras la miraba directamente a los ojos.
Y Alba sintió algo extraño recorrerle el pecho.
Oh no.
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me encanta nuestra bruja desastrosa
felicidades
falta que thailor ceda😂
👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍
esta hermosa
pensé que cambiaría pero solo busca a su hija para sacrificarla /Determined/
pensé en la biblia...
Adán y Eva desnudos por el paraíso... 😂😂😂😂