Andrea Miller jamás imaginó que una simple noche en una discoteca cambiaría por completo su vida. Después de semanas sintiéndose atrapada en la rutina, acepta salir con su mejor amiga, Viviana Lewis, sin saber que entre las luces, la música y el alcohol cruzaría miradas con el hombre que terminaría destruyendo su corazón.
Sebastián Foster es atractivo, elegante y demasiado encantador para ser real. Desde el instante en que se acerca a Andrea para ofrecerle una copa, la conexión entre ambos se vuelve imposible de ignorar. Las conversaciones fluyen, las miradas arden y el deseo termina convirtiéndose en algo mucho más peligroso: amor.
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Capitulo 22
El encuentro fue inevitable. Marlon había buscado a Sebastián durante días, decidido a no callar más, y finalmente lo acorraló en un rincón apartado del jardín de la casa de campo donde todos se habían reunido para pasar la tarde. El ambiente, que debía ser de tranquilidad y amistad, se cargó de inmediato con una electricidad pesada, violenta, que amenazaba con estallar en cualquier momento. Sebastián, al verlo llegar con el ceño fruncido y los puños apretados, ya supo que no habría tregua, ni medias palabras, ni evasivas.
—¿Hasta cuándo piensas seguir con esta farsa? —fue lo primero que soltó Marlon, sin saludos previos, acercándose con pasos firmes y amenazantes—. ¿Hasta cuándo vas a seguir jugando con ella como si fuera una muñeca a la que puedes engañar para que encaje en tus caprichos y tus mentiras?
Sebastián endureció la mirada y le devolvió la misma dureza, plantándose frente a él sin retroceder ni un centímetro.
—No voy a permitirte que vuelvas a hablarme así, ni que te metas en mi vida ni en lo que siento por Andrea. Ya te he dicho mil veces que te apartes de esto, que no entiendes nada de lo que hay entre nosotros. Lo que tenemos es verdadero, es sagrado… y no voy a dejar que tú ni nadie venga a ensuciarlo con tus juicios y tus sospechas.
—¿¿Verdadero y sagrado?? —repitió Marlon con una risa amarga y cargada de desprecio—. ¡No me hagas reír, Sebastián! ¡Lo tuyo es una porquería construida sobre el engaño! ¿Llamas sagrado a mantenerla en la ignorancia, a ocultarle que tienes esposa, que tienes una vida entera, un compromiso público, legal y social que juraste respetar? ¡Eres un hombre casado, maldición! ¡Y te haces el enamorado libre y desdichado ante ella, mientras le robas el tiempo, la dignidad y la verdad!
—¡No es así! —gritó Sebastián, perdiendo el control y golpeándose el pecho con la mano—. ¡No me hables de mi matrimonio como si fuera algo que me define o que amo! ¡Es una cárcel, un trato frío que me impusieron, algo que no tiene nada que ver conmigo ni con lo que soy! ¡Lo que siento por Andrea es lo único real que he sentido en toda mi vida! ¡Ella me salvó, ella me devolvió la vida, y no voy a renunciar a ella solo porque tú decidas que no es correcto! ¡Prefiero romper con todo antes que alejarme de su lado!
—¡Y por eso mismo eres egoísta y cruel! —le replicó Marlon, acercándosele hasta casi tocarlo, con los ojos llenos de furia y tristeza—. ¡No te importa que ella sea la otra, la oculta, la que nunca podrá caminar de tu mano ante nadie sin ser una vergüenza para tu apellido! ¡Te basta con tenerla escondida, esperando, creyendo en tus promesas vacías de una libertad que nunca vas a poder darle realmente sin destrozarte a ti mismo! ¡La estás preparando para una caída tan grande que no sé si alguna vez podrá levantarse! ¡Y tú serás el único culpable cuando eso pase!
—¡Ella me ama y confía en mí! —bramó Sebastián, con la voz rota por la impotencia y la culpa que trataba de disfrazar de rabia—. ¡Confía en mí más de lo que tú jamás lo has hecho! ¡Y yo voy a arreglar esto, voy a encontrar el camino para estar con ella como se debe, aunque tenga que mover cielo y tierra! ¡No necesito que tú me digas cómo quererla ni cómo cuidarla! ¡Tú solo la ves desde fuera, pero yo conozco su corazón, y ella conoce el mío! ¡Nada de lo que digas podrá romper lo que hemos construido juntos!
—¡Lo que construyes tú está lleno de grietas, y yo solo intento evitar que ella caiga al fondo cuando todo se derrumbe! —le devolvió Marlon, sin ceder ni un milímetro—. ¡Alguna vez fuiste mi amigo, y por eso me duele ver en lo que te has convertido: en alguien capaz de cualquier mentira, cualquier doblez, con tal de satisfacer tus deseos! ¡Has roto todo código, toda lealtad, todo respeto… y ahora rompes también la verdad para que encaje en tu comodidad! ¡Te odio por lo que le haces a ella, y te compadezco por lo que te haces a ti mismo!
—¡Pues entonces odia todo lo que quieras! —respondió Sebastián, frío y tajante, mirándolo con una frialdad que nunca antes había mostrado a quien fuera su amigo de toda la vida—. Pero ten por seguro que mientras yo esté vivo, voy a luchar por este amor contra viento y marea. Si tienes que elegir entre atacarme y aceptar lo que hay… pues elige atacarme, porque yo no voy a renunciar a Andrea, ni ahora ni nunca. ¡Que se acabe la amistad, que se acabe todo lo demás, pero esto se queda intacto!
La discusión había subido tanto de tono que ya no pasaba desapercibida. Al otro lado del jardín, cerca de la puerta que daba al porche, estaban parados Omar, Viviana y Andrea, petrificados, escuchando cada palabra, aunque no entendían a fondo todos los detalles graves que mencionaban, solo la furia, la acusación y la ruptura total que se respiraba en el aire.
Omar se apresuró a interponerse entre ellos, viendo que podían llegar a las manos en cualquier momento.
—¡Basta! ¡Por el amor de Dios, basta ya! —gritó, empujándolos suavemente para separarlos—. ¿Se han vuelto locos? ¡Estamos rodeados de gente! ¡¿Quieren que todos se enteren de sus diferencias de la peor forma posible?!
Marlon apartó a Omar de un empujón y señaló a Sebastián con el dedo índice temblando de ira, antes de darse la vuelta para marcharse, no sin antes lanzarle una última advertencia cortante como una cuchilla.
—Esto no se acaba aquí. Yo no me rindo. Voy a seguir estando ahí, a su lado, esperando… porque sé que llegará el día en que ella abra los ojos y vea quién eres realmente. Y cuando eso pase… entonces sí que no tendrás dónde esconderte.
Mientras Marlon se alejaba con pasos rápidos y furiosos, dejando una estela de tensión y rechazo, Sebastián se quedó de pie, respirando con dificultad, tratando de recuperar la compostura, aunque sus manos todavía le temblaban por la rabia contenida.
Andrea corrió hacia él, pálida y con los ojos llenos de confusión y angustia, y lo tomó de los brazos, mirándolo con desesperación.
—¡Sebastián! ¡¿Qué ha pasado?! ¡Nunca los había visto así, parecían dispuestos a matarse! ¿Por qué? ¿Por qué peleaban de esa forma tan terrible? ¡Marlon te gritaba cosas horribles… cosas sobre nosotros, sobre lo nuestro… qué significa todo esto?
Él la atrajo rápidamente contra sí, buscando refugio y tratando de calmarla al mismo tiempo, ocultando su propio rostro para que no le viera la culpa y el miedo.
—No es nada… solo… solo diferencias, Andrea. Él sigue sin entender, sigue pensando que lo que hacemos está mal, que yo no soy suficiente para ti… y ha explotado. No sabe ver lo que hay en nuestros corazones, solo tiene prejuicios, ideas equivocadas… y se ha puesto violento al ver que yo no cedo, que no voy a dejarte por nada del mundo. No te asustes, mi vida… solo ha sido un choque de opiniones, nada más.
Pero ella lo miró con inseguridad, todavía temblando por la violencia de aquellas palabras dichas a gritos.
—Pero son amigos de toda la vida… nunca habían tenido una enemistad así. Se han dicho cosas terribles… Sebastián, dijo que tú me ocultas cosas, que me engañas… ¿por qué tiene esa convicción tan fuerte? ¿Por qué está dispuesto a romper todo contigo por convencerme de eso?
En ese momento, Viviana y Omar se acercaron también, ambos afectados profundamente. Viviana miraba a Sebastián con una mezcla de compasión, miedo y confirmación de sus peores sospechas, mientras que Omar trataba de mantener la calma para todos.
—Por favor, intentemos calmarnos —pidió Omar, con voz tensa—. Ha sido una discusión fuerte, sí, las pasiones se nos van de las manos cuando nos importa alguien… pero nada que no se pueda enfriar con el tiempo.
—¡No! —cortó Andrea, apartándose un poco y mirando a todos con ansiedad—. Esto no es normal. He visto odio en los ojos de Marlon, y dolor y rabia en los de Sebastián. Algo muy profundo se ha roto entre ellos hoy, algo que va mucho más allá de simples opiniones diferentes. Y tengo miedo… tengo mucho miedo de que esa ruptura sea por mi culpa, por nosotros.
Sebastián volvió a tomarla de las manos con fuerza, desesperado por mantenerla de su lado, ahora más que nunca, viendo cómo todos parecían alinearse contra él.
—No, mi amor, no es culpa tuya. Nunca. Es solo que hay gente que no comprende nuestra forma de amar, que cree que debe ser fácil y sencilla, y no entiende que lo que vale la pena requiere luchar contra todo, incluso contra amigos que no saben ver la verdad. Pero no te dejaré sola en esto. Si el mundo entero se pusiera en mi contra, yo seguiría aquí, a tu lado, defendiendo lo nuestro con más fuerza que nunca.
Más tarde, cuando la noticia corrió entre los demás invitados que estaban en la propiedad, nadie podía dar una explicación clara. Todos veían claramente que la amistad de años se había hecho añicos, que entre Marlon y Sebastián ya no existía ni el más mínimo rastro de confianza ni cariño, que se miraban como extraños, incluso como enemigos, cada vez que coincidían en el mismo espacio. Nadie entendía bien la causa exacta, solo veían que todo giraba en torno a Andrea, en torno a lo que ella significaba para ambos, y eso creaba más murmullos, más preguntas sin respuesta y más tensión en el aire. Viviana observaba todo desde lejos, comprendiendo dolorosamente que esa pelea violenta había sido solo la punta del iceberg, el primer estallido visible de una verdad que seguía creciendo, a punto de estallar en mil pedazos y destruirlo todo definitivamente.