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La Venganza De Los Beltrán

La Venganza De Los Beltrán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Venganza / Completas
Popularitas:780
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El trabajo está hecho Narra el narrador

La mañana en que Victoria y Scarlett salieron vestidas de monjas, la casa estaba en un silencio extraño. No era el silencio de paz, sino el de algo que ya está decidido y no se puede detener.

Nadie hablaba demasiado. Santiago las observaba desde la puerta, Ángel se mantenía serio, y Karina evitaba mirar a cualquiera. Desde lo de la discusión del día anterior, el ambiente estaba cargado, como si cada uno estuviera caminando con pensamientos distintos dentro de la misma habitación.

Scarlett fue la primera en ajustarse el atuendo.

El hábito religioso no era una broma para ellas en ese momento. Era una herramienta. Una forma de desaparecer a simple vista.

Victoria, a su lado, se acomodó el velo con calma.

—Recuerden —dijo Scarlett—. No improvisamos.

Victoria asintió.

—Solo seguimos el plan.

Santiago las miró en silencio.

—Confío en ustedes —dijo finalmente.

Scarlett no respondió con emoción. Solo con una mirada firme.

—No es confianza —dijo ella—. Es ejecución.

Y salieron.

El viaje hacia el punto de salida fue largo, pero silencioso. No había risas, no había conversaciones innecesarias. Solo instrucciones ya repetidas muchas veces antes de salir.

El plan era sencillo en teoría: pasar desapercibidas en el aeropuerto, tomar el vuelo, llegar a Ciudad de México y completar la entrega sin llamar la atención.

Pero lo que hacía peligroso el plan no era el trayecto en sí, sino cada pequeño detalle que podía fallar.

Victoria y Scarlett actuaban como si no se conocieran demasiado, manteniendo distancia natural entre ambas. En el aeropuerto, caminaban con calma, sin prisa, como si realmente fueran parte de un grupo religioso en viaje.

La clave era esa: naturalidad.

Nadie sospecha de lo que no parece forzado.

En la fila de revisión, Scarlett mantuvo la mirada baja, mientras Victoria respondía con tranquilidad cualquier pregunta básica. Nada fuera de lo normal. Nada que levantara sospechas.

El equipaje había sido preparado con extremo cuidado. No había señales visibles de nada fuera de lugar. Todo estaba diseñado para parecer completamente común.

Santiago, desde lejos, no estaba con ellas, pero esperaba noticias.

Cada minuto que pasaba se sentía más largo de lo normal.

El avión despegó sin problemas.

Y durante el vuelo, por primera vez en horas, Victoria cerró los ojos un momento.

Scarlett, en cambio, no dormía.

Miraba al frente.

Pensaba.

Analizaba.

No confiaba en el azar.

Cuando aterrizaron en Ciudad de México, el ambiente cambió.

Más grande. Más ruidoso. Más desconocido.

Pero también más anónimo.

Y eso era lo que necesitaban.

Salieron del aeropuerto con la misma calma con la que entraron. Sin correr. Sin llamar la atención. Sin mostrar nervios.

El contacto ya estaba establecido desde antes del viaje.

No era un encuentro improvisado. Era una entrega pactada.

El punto era un lugar neutral, discreto, alejado del centro, donde el movimiento de personas no fuera demasiado llamativo.

Victoria caminaba ligeramente adelante.

Scarlett detrás, observando todo.

No hablaban mucho.

Solo lo necesario.

—Aquí no nos detenemos —dijo Scarlett en voz baja.

—Lo sé —respondió Victoria.

Cuando llegaron al punto acordado, el ambiente se sintió diferente.

No había luces llamativas.

No había señales obvias.

Solo un lugar común… demasiado común.

Eso era lo que lo hacía peligroso.

Porque lo peligroso no siempre parece peligroso.

El contacto apareció sin anunciarse demasiado. Un hombre que no destacaba, pero que claramente sabía lo que estaba haciendo.

No hubo saludo largo.

No hubo conversación innecesaria.

Solo un intercambio de palabras breves.

Victoria fue la que habló primero.

—Traemos lo solicitado.

El hombre asintió.

—¿Todo está completo?

Scarlett lo miró directamente.

—Exactamente como se pidió.

El intercambio fue rápido.

Sin drama.

Sin escenas.

Solo ejecución.

Lo más importante en ese momento no era lo que decían, sino lo que no decían.

Porque en ese mundo, el silencio correcto vale más que mil explicaciones.

El hombre revisó brevemente lo necesario.

Todo estaba en orden.

Asintió una vez.

—Bien —dijo.

Y se fue.

Así de simple.

Sin celebración.

Sin emoción.

Solo un hecho consumado.

Victoria respiró por primera vez con un poco más de calma.

Scarlett, en cambio, no bajó la guardia.

—No confíes en la facilidad —dijo.

Victoria la miró.

—Lo sé.

El regreso fue igual de silencioso.

El vuelo de vuelta parecía más largo que el de ida, aunque fuera el mismo tiempo.

Pero ahora había algo distinto.

Habían cumplido.

Cuando aterrizaron de nuevo en su punto de origen y regresaron a la casa, Santiago fue el primero en verlas entrar.

No hubo abrazos exagerados.

No hubo celebración inmediata.

Solo miradas.

Scarlett dejó su bolso en la mesa.

Victoria se quitó el velo con calma.

Santiago entendió sin necesidad de muchas palabras.

—¿Todo salió bien? —preguntó.

Scarlett respondió primero.

—El trabajo está hecho.

Victoria asintió.

—Sin problemas.

Ángel las miraba en silencio.

Karina, desde un rincón, observaba todo sin decir nada.

Santiago respiró hondo.

—Entonces… ya está.

Scarlett lo corrigió de inmediato.

—No —dijo—. Apenas empieza.

Silencio.

Victoria se sentó.

—Esto fue solo la prueba —añadió.

Ángel frunció el ceño.

—¿Prueba de qué?

Scarlett lo miró.

—De si somos capaces de mantenernos en esto sin rompernos.

El ambiente se volvió más pesado otra vez.

Santiago bajó la mirada por un momento.

Porque entendía algo que los demás todavía estaban empezando a comprender:

no era el dinero lo importante.

Era lo que venía después de moverlo.

Y lo que venía después… era algo que ya no podían detener.

Victoria miró a todos.

—Lo hicimos —dijo—. Y lo hicimos bien.

Scarlett asintió lentamente.

—Pero ahora viene lo difícil —añadió.

Nadie respondió.

Porque todos, en el fondo, ya lo sabían.

El trabajo estaba hecho.

Pero el mundo que habían abierto… apenas comenzaba a mostrar su verdadero peso.

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