Daiana llega a la pequeña ciudad de los mitos con un solo objetivo: terminar su carrera. Cuando encuentra la casa de sus sueños (espaciosa, lujosa y extrañamente barata), no duda en firmar el contrato. Poco le importa que los vecinos hablen de una presencia, de una entidad que nunca abandonó el lugar; ella es una mujer de ciencia, racional y escéptica, incapaz de creer en cuentos de fantasmas.
Al principio, los pequeños sucesos (objetos que cambian de lugar, corrientes frías en habitaciones cerradas) son fáciles de ignorar. Daiana los etiqueta como producto del estrés o del cansancio acumulado por los estudios. Pero la negación se vuelve imposible cuando llegan las noches.
Sus sueños han dejado de ser simples proyecciones de su mente para convertirse en una realidad abrasadora. En la penumbra de su habitación, siente caricias que no debería sentir y una presencia que la obliga a gemir en la oscuridad. Despierta siempre igual: jadeando, con la intimidad palpitando de deseo.
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Capitulo 16: Un rostro a las caricias invisibles
La mansión ya no es un simple edificio de piedra y madera; es un organismo vivo que contiene una tormenta en su interior. El aire, denso y cargado de ozono, se siente como si estuviera a punto de romperse, una estática que eriza cada vello de la nuca de Daiana. Tras la revelación del plan de los Guardianes de la Balanza y la promesa de una guerra inminente, el ambiente en el salón principal se ha vuelto tan pesado que la respiración se convirtió en un acto consciente y deliberado.
Dorian esta a unos metros, inmóvil. Daiana observó cómo el ser de sombras comienza a vibrar, no con miedo, sino con una determinación fría. Dorian cerró los ojos, y el efecto fue instantáneo: las sombras de las esquinas de la habitación se desprendieron de las paredes como tinta derramada, fluyendo hacia él en una danza hipnótica.
__Si vamos a ser arquitectos de su caída, Daiana__. Dijo él, su voz resonando con una autoridad que nunca antes había manifestado.
__No puedo seguir siendo una mera idea. Necesito que sientas lo que soy. Necesito que entiendas la magnitud de lo que has despertado__.
Daiana dio un paso atrás, involuntario, cuando vio el proceso de su manifestación. No es una simple aparición espectral. Dorian esta construyéndose. Las sombras se entrelazan con los destellos de luz pura, condensándose en una densidad física que desafia la física que ella tanto ha estudiado. Vio cómo se forman los músculos de sus hombros, la definición de su mandíbula, la estructura de sus manos.
Cuando finalmente se materializó ante ella, el aliento de Daiana se quedó atrapado en su garganta. Dorian es un hombre de una belleza letal y oscura. Su cabello, negro como el vacío entre las estrellas, cae sobre una frente marcada por la intensidad. Pero fueron sus ojos lo que la hizo temblar; siguen siendo abismos donde la luz y la sombra luchan, pero ahora poseen un enfoque nítido, analítico. La mira como un estratega mira un tablero de ajedrez, calculando cada posibilidad, cada vulnerabilidad, pero con una capa de deseo tan crudo que le quema la piel a Daiana desde la distancia.
__Dorian...__. Susurró ella, incapaz de apartar la vista.
__Ven__. Ordenó él. No fue una petición, sino una invitación a la que ella es incapaz de resistirse.
Al acercarse, Daiana notó que él es diferente. Ya no es etéreo. Su piel tiene la temperatura del hielo que se ha dejado bajo el sol: un contraste que envia descargas de placer puro a través de sus terminaciones nerviosas. Cuando sus manos la tocaron, Daiana sintió una solidez que antes no existía. Él la atrajo hacia sí con una fuerza depredadora, sus dedos hundiéndose en su cintura con una posesividad que le cortó el habla.
Dorian bajó la cabeza, su mirada analítica recorriendo cada centímetro de su rostro, buscando cualquier signo de duda. No encontró ninguna. La rabia de Daiana hacia Marcial y su determinación por desmantelar a la secta se han mezclado con una fascinación oscura, creando una mezcla volátil que alimenta la existencia de Dorian.
__Eres mi ancla__. Susurró él contra sus labios, su voz vibrando profundamente en el pecho de ella.
__Cada vez que confías en mí, cada vez que tu pulso se acelera por mí, me vuelvo más real. Tu deseo es la materia prima que necesito para dejar de ser un error y convertirme en el arma que los destruirá__.
La intimidad que siguió fue diferente a cualquier otra experiencia. No fue solo un acto de pasión; fue un intercambio de poder. Dorian la reclamó con una desesperación nacida de tres siglos de confinamiento, pero cada caricia, cada beso, es calculado. Él la esta escaneando, aprendiendo sus puntos débiles, sus zonas de placer y su fuerza mental, asimilando su esencia para consolidar su propia forma física.
Daiana, por su parte, se perdió en él. Al ser poseída por esta criatura nacida de un ritual prohibido, sintió cómo la barrera entre lo humano y lo sobrenatural se disolvió. Cada arqueo de su espalda, cada gemido que escapa de sus labios, es una ofrenda que Dorian absorbe. La habitación comenzó a reaccionar a la intensidad del encuentro: los candelabros vibran, las velas estallan en chispas azules y el suelo cruje como si la mansión misma estuviera gimiendo bajo el peso de su energía combinada.
Fue un encuentro desenfrenado, violento y profundamente revelador. Dorian la anhela con una urgencia que roza el dolor, sus manos, ahora mucho más tangibles, marcando cada centímetro de su piel con una posesividad territorial. Para Daiana, la sensación es abrumadora: sentir cómo la oscuridad de Dorian se entrelaza con su propia vitalidad, cómo la "luz" que él emana de su origen prohibido la llena, dándole una claridad mental que jamás había experimentado. Se siente invencible.
Cuando el clímax llegó, no fue solo un momento de liberación física. Fue una onda expansiva. La energía estalló en el salón, haciendo que las ventanas temblaran y que las sombras de la mansión se expandieran por todo el recinto como una marea negra. Dorian soltó un rugido ahogado, una mezcla de placer y triunfo, mientras su forma se estabiliza definitivamente. Por primera vez en tres siglos, Dorian es tangible. Tiene peso, tiene calor, tiene una presencia que domina el espacio.
Tras el encuentro, ambos quedaron abrazados en el suelo del salón, rodeados por el silencio ensordecedor que siguió a la tormenta. Dorian, con el cabello revuelto y el pecho subiendo y bajando con una respiración que ahora suena como el fuelle de una fragua antigua, la estrecha contra sí. Su piel esta tibia, casi febril. Ya no es un fantasma; es un hombre, forjado a través de la voluntad de Daiana y la magia de su unión.
Daiana apoyó la cabeza en su pecho, escuchando un sonido que la dejó sin aliento: un latido. Lento, rítmico, casi imperceptible, pero existente. El "error" tenía corazón.
__Me has dado más que placer__. Murmuró Dorian, acariciando su cabello con una ternura que contrasta con su naturaleza predatoria.
__Me has dado la capacidad de sentir el mundo. Marcial cree que soy una sombra que puede ser barrida por un ritual de limpieza. No tiene idea de lo que ha hecho al intentar matarte. Ahora, no solo tengo el conocimiento de sus planes, tengo la fuerza para ejecutarlos__.
Daiana levantó la vista, sus ojos encontrándose con la mirada depredadora de Dorian, que ahora parece brillar con una inteligencia antigua y renovada. Ella sonrió, una sonrisa fría que refleja la determinación de la investigadora que ya no busca la verdad en los libros, sino en el campo de batalla.
__Ellos quieren equilibrio__. Dijo Daiana, su voz firme y cargada de una nueva promesa.
__Pues vamos a dárselo. Vamos a desmantelar su Balanza hasta que no quede nada más que el caos que ellos mismos provocaron hace tres siglos__.
Dorian asintió, su rostro adquiriendo una expresión de gélida satisfacción. Se puso en pie, levantándola con él con una facilidad pasmosa, como si ella no pesara nada. La mansión, en respuesta a su nueva solidez, dejó de vibrar. Las sombras se retiraron a las esquinas, obedientes, como si reconocieran a su señor.
__Marcial y sus Guardianes esperan un sacrificio, Daiana. Creen que el miedo es su mejor arma__. Dijo Dorian, caminando hacia el centro de la sala, su figura proyectando una sombra larga y poderosa.
__Es hora de enseñarles que no pueden controlar lo que no comprenden. Y lo que más deberían temer no es a la oscuridad, ni a la luz... es a la alianza que acabamos de sellar__.
Daiana observó a su amante, al ser prohibido que ahora camina con la confianza de un general que regresa a la guerra. Ya no siente miedo. Ese terror atávico que la acompañó al conocer los secretos de Sereia se ha transformado en algo más: una rabia gélida, un propósito absoluto. La tesis que ha venido a investigar ya no importa. Lo que importa era el pueblo que se extiende más allá de las paredes de la mansión, una ciudad construida sobre secretos y mentiras que ella, junto al "error" que tiene a su lado, esta a punto de desmoronar.
El destino de Sereia esta sellado. La unión entre la mujer de ciencia y el híbrido de sombras es más fuerte, más profunda y, sobre todo, mucho más peligrosa de lo que la secta jamás imaginó. La batalla por la realidad no ha hecho más que empezar, y ellos son, sin duda, los arquitectos de su caída.