un hombre marcado por la tragedia, perdió a sus dos primeras mujeres y su hijo, el estaba creado qye era de mala suerte para las mujeres. Hasta que conoce a su nueva secretaria.
¿Se dara una nueva oportunidad?
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TRABADORA S..XUAL
El lunes Mariano llegó temprano como siempre, sentado en la silla de su escritorio pensaba en Silvia, su mente no lo dejaba tranquilo, no entendía que sucedía, lo único que si entendía perfectamente era que no podía arriesgarla a que le sucediera algo.
Con el paso de los días ellos se trataban diferente, el la trataba con cariño, no era exigente con ella, aunque tampoco era necesario porque Silvia hacia bien su trabajo, sentado en su silla revisando documentos pensó en lo sucedido con Silvia, en cómo actuaba el por ella. En ese momento entendió todo, no solo eran pensamientos por placer, se dio cuenta que había algo más, sin darse cuenta se había enamorado de su secretaria de dieciochoaños, no la veia solo como una distracción, la veia como alguien vulnerable a su mundo oscuro, vulnerable a la mala suerte que cargaba.
Esa mañana Silvia llegó a la oficina con ganas de hacer todo bien, aunque siempre lo había hecho, pero quería hacer algo más, después de organizar todo decidió ir a la oficina, estaba un poco nerviosa pero decidida, ingresó a la oficina después de la autorización de Mariano. El la miró entrar y ella vio en el esa misma mirada cariñosa que le había dado después de haberse entregado a él.
Ella estaba dispuesta a todo, se acercó hasta el y se sentó en sus piernas sorprendiéndolo, no le dio oportunidad de nada porque lo besó, ese beso lo desarmó inmediatamente y correspondió, a medida que se besaban se iban despojando de sus prendas, en ese momento ya no eran"jefe y empleada"; eran dos personas cediendo a una atracción que resultaba ser más fuerte que sus miedos.
Mariano se sentía diferente, la degusto a su antojo hasta que finalmente entró en ella, el sonido rítmico de la piel chocando contra la piel de el marcaba el compás de su entrega. Mariano la tomaba por la cintura, anclándola a él, mientras la velocidad de sus movimientos crecía en una espiral que parecía no tener fin; eso lo hacía sentirse más vivo que nunca.
Mariano la observaba, deleitándose en la expresión de Silvia, en cómo su cuerpo se arqueaba para recibirlo una y otra vez.
No había espacio para la duda ni para el arrepentimiento. En ese rincón de la oficina disfrutaban sin importarle nada a su alrededor, solo importaba el fuego que los consumía. Ambos disfrutaban del placer, no sólo fue Mariano, Silvia también lo hacía, pero Mariano perdió todo cuando ella se subió encima de él y comenzó a mover sus caderas, la capacidad de mando de Mariano, quedó reducido al merced del ritmo de Silvia. Mariano acaba de caer en la trampa más dulce, el descubrimiento de que el placer con Silvia era adictivo.
Cuando terminaron el le sonrió, le sonrió porque se veía experta en el tema, pero sabía que fue de él primero, ella ledio un beso y recogió sus prendas para ir al baño, cuando ella se fue el recogió la de él y pensó " No voy a ser capaz de dejar de estar con ella" pensó en hacer algo para mantenerla con el, aún con sus temores de que algo le sucediera, pero iba a ser positivo que nada malo le sucedería, pensó en el beso que ella le habia dado antes de irse al baño y confirmó de que el juego habia cambiado. Ya no habia vergüenza en ninguno de los dos, habia complicidad.
Cuando Silvia salió se fue el al baño, ella lo espero y mientras lo hacía vio paños húmedos, los agarró y limpio el mueble donde habían estado, tenía manchas de fluidos; Mariano salio del baño bestido nuevamente y se sentó en su silla, la miró y ella a él. Después de unos segundos el saco su billetera y de ella una tarjeta, se la estendio diciendo.
MARIANO: Tómala, para lo que necesites.
Ella se sorprendió por ese gesto, no entendía porque hacía eso, ella se sintió como una cualquiera en ese momento, como una dama de compañía que cobra por sus servicios presentados, ella suspiró y le preguntó.
SILVIA: ¿Qué es esto?
MARIANO: Un sandwich, no se nota.
SILVIA: Ja ja ja, que chiste, sé perfectamente lo que es, lo que no sé es qué pretende con eso.
Él se recostó en la silla, recuperando esa postura de mando que el s*xo le había arrebatado momentáneamente. La miró fijamente, evaluando su reacción, mientras el silencio en la oficina se volvía pesado y asfixiante, ella en ese momento se sentía mal por como pensaba de ella, pero no se lo iba a permitir y le dijo.
SILVIA: No necesito de su tarjeta, no tiene porque pagarme como si yo fuera una trabajadora s*xual.
Mariano, se tensó al escuchar las palabras "trabajadora sexual" la honestidad de ella desnudó la torpeza de su gesto, dejando al descubierto lo humillante que resultaba esa tarjeta; el sarcasmo con el que se había referido a la pregunta de ella sobre sobre la tarjeta se habia evaporado, el sintió en ese momento una extraña necesidad de justificar lo injustificable y le respondió.
MARIANO: No estoy intentando pagarte por lo que pasó, no te equivoques.
SILVIA: No te equivoques tu, no estoy aquí por el saldo de una cuenta bancaria, ni por el apellido que llevas, ni por la posición que tanto te esfuerzas en proteger. Lo que ha pasado es porque yo quiero, quiero vivir la vida con todo lo que eso implica; me entregue a ti porque queria experimentar, quiero disfrutar lo que el camino me ponga enfrente, sea bueno o malo. Si estoy contigo, es porque yo así lo decido, no porque necesite que me mantengas.
El quedó desarmado con todo lo que ella le decía, no podía creer que fuera una persona tan madura con sus dieciocho años, no podía creer que ella había derrumbado el muro de protección que el había construido durante tres años, el se levantó de su silla y llegó a ella que estaba de pie al otro lado del escritorio, la tomó por la cintura atrayendola hacia él con desesperación. La rodeó con sus brazos hundiendo el rostro en su cuello, dejando que el aroma de ella reemplazara la tensión de la oficina, Silvia no entendía que sucedía con él, pero después de unos segundos ella también lo abrazó sintiéndose segura en sus brazos.
El la sujetaban como si temiera que, al soltarla ella se diera cuenta de que él no era suficiente se quedaron así unos segundos en silencio, ella no sabía ¿porque el cambio en el? lo único que si sabia era que se estaba enamorando perdidamente de el y no entendía porque, el no había hecho méritos para que eso sucediera.