Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
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CAPITULO #2 - LA CASA DE LOS DE ALVARENNE
Nunca imaginé que terminaría en un lugar como ese.
La casa de los De Alvarenne parecía más un palacio que una casa. Las luces doradas iluminaban los enormes jardines, y los autos negros y elegantes llegaban uno tras otro, dejando bajar a mujeres con vestidos brillantes y hombres con trajes impecables.
Yo me quedé unos segundos en la acera, mirando la reja de hierro forjado. Mis zapatillas estaban gastadas, mi abrigo era demasiado delgado para la noche fría. Y por un momento pensé que debía haber algún error. Pero no lo había. Apreté la bolsa de papel que llevaba entre las manos. Dentro estaba el pastel que había comprado con casi todo el dinero de mis propinas del día.
Respiré profundo.
—Solo entra… entrega el pastel… y vete —me dije en voz baja.
Toqué el timbre.
Un hombre mayor vestido con uniforme abrió la puerta. Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza. No fue una mirada amable.
—¿Sí?
—Eh… buenas noches… —dije, sintiendo que mi voz se hacía pequeña—. Busco a… a Isabella.
El hombre frunció ligeramente el ceño.
—¿Tiene invitación?
Negué con la cabeza.
—Soy su hermana.
El silencio que siguió fue incómodo. Finalmente el hombre suspiró y abrió un poco más la puerta.
—Entre. Pero no estorbe.
Entré con cuidado. El interior era aún más impresionante que el exterior. Candelabros gigantes colgaban del techo. Las paredes estaban cubiertas con cuadros antiguos. Música suave flotaba en el aire mientras los invitados conversaban y reían sosteniendo copas de cristal. Por un segundo sentí que estaba en otro mundo. Uno que no me pertenecía. Caminé entre las personas tratando de no llamar la atención. Pero era imposible.
Podía sentir algunas miradas curiosas sobre mi ropa sencilla. Sobre mi abrigo viejo. Sobre mí. Busqué con la mirada entre la multitud hasta que la vi.
Isabella Luján. Mi hermana. Estaba de pie cerca de una mesa rodeada de invitados. Llevaba un vestido negro elegante que parecía hecho para ella. Su cabello oscuro caía perfectamente sobre sus hombros, y cada movimiento suyo tenía una seguridad que siempre me había parecido imposible de imitar.
La gente reía a su alrededor. La escuchaban. La admiraban. Siempre fue así con Isabella. Ella nació para los lugares como este.
Yo… no.
Avancé un par de pasos. Pero antes de poder decir su nombre, alguien chocó contra mí. El golpe fue suficiente para que la bolsa de papel se resbalara de mis manos. El pastel cayó al suelo. La caja se abrió. El glaseado blanco quedó aplastado contra el mármol brillante.
Un murmullo incómodo se levantó alrededor. Sentí que la sangre me subía al rostro.
—Lo… lo siento —murmuré rápidamente mientras me agachaba para recoger la caja.
—Deberías mirar por dónde caminas.
La voz era fría. Levanté la cabeza. Isabella estaba frente a mí. Sus ojos oscuros me observaban con una mezcla de sorpresa… y algo peor.
Molestia.
—Valeria.
Mi nombre salió de sus labios como si fuera algo desagradable. Me puse de pie lentamente.
—Hola… Isabella.
Por un segundo nadie habló. Luego ella miró el desastre en el suelo.
—¿Qué es esto?
—Yo… traje un pastel para la abuela…
Ella soltó una pequeña risa. Pero no era una risa amable.
—¿Un pastel?
Algunas personas alrededor comenzaron a mirar con más atención. Sentí el peso de sus ojos.
—Valeria… —dijo Isabella inclinándose un poco hacia mí—. ¿De verdad pensaste que podías aparecer aquí así?
Sus ojos recorrieron mi ropa: Mi abrigo y mis zapatos.
—Esto es una celebración privada.
Sentí que algo dentro de mi pecho se encogía.
—Solo quería verla… —susurré—. Es su cumpleaños.
Isabella suspiró como si yo fuera un problema molesto.
—Siempre haces esto.
—¿Esto?
—Aparecer en lugares donde no perteneces.
Las palabras me golpearon más fuerte de lo que esperaba. Antes de que pudiera responder, una voz profunda interrumpió el momento.
—Parece que llegué en el momento equivocado.
Varias personas giraron la cabeza. La puerta principal acababa de abrirse. Un hombre entró al salón.
Alto.
Elegante.
Su traje oscuro parecía hecho a medida, y su presencia tenía algo que hacía que la gente se apartara instintivamente.
Algunos invitados comenzaron a murmurar.
—Es Adrián Valcari…
—No pensé que vendría…
—La abuela estará encantada…
Yo no sabía quién era. Pero sí noté algo. Isabella se enderezó inmediatamente. Su expresión cambió. Su sonrisa apareció como si siempre hubiera estado ahí.
—Adrián… —dijo ella suavemente.
El hombre caminó hacia nosotros. Sus ojos se movieron brevemente por la habitación… hasta detenerse en mí. Sentí un extraño cosquilleo en el estómago. No era una mirada de desprecio como las otras.
Era… curiosidad.
Luego bajó la vista hacia el pastel arruinado en el suelo.
—¿Interrumpo algo? —Preguntó.
Isabella respondió antes de que yo pudiera decir una palabra.
—Nada importante.
Su tono fue ligero.
Demasiado ligero.
—Solo… un pequeño accidente.
Sentí el impulso de desaparecer, de salir corriendo de ese lugar. De no estar ahí.
Adrián volvió a mirarme.
—¿Estás bien?
La pregunta me tomó por sorpresa. No parecía una pregunta por cortesía. Parecía genuina. Pero antes de que pudiera responder, Isabella habló otra vez.
—Es mi hermana.
El silencio volvió. Algunas personas se miraron entre sí.
Isabella sonrió.
—Aunque claramente… venimos de mundos muy diferentes.
Sentí el calor subir a mis mejillas otra vez.
Adrián no dijo nada por un momento.
Solo me observó.
Y por alguna razón… esa mirada me hizo sentir aún más expuesta.
Finalmente Isabella tomó mi brazo con suavidad. Pero sus dedos se clavaron con fuerza suficiente para que entendiera el mensaje.
—Valeria —susurró cerca de mi oído—. Hablaremos después.
Su sonrisa seguía dirigida a los invitados. Pero su voz era hielo.
—Porque acabas de arruinar mi noche.
Me soltó. Yo miré el pastel destruido en el suelo. Luego las luces. La música. Las personas elegantes.
Y por primera vez en toda la noche… sentí que realmente no pertenecía ahí.
Pero lo que no sabía… es que ese accidente… ese momento humillante… sería el inicio de algo mucho más grande.
Algo que cambiaría nuestras vidas para siempre.
La vida de Isabella.
La vida de Adrián Valcari.
Y la mía.
Porque esa noche… sin saberlo… acababa de entrar en un juego peligroso.
Uno donde el amor… la mentira… y el destino… estaban a punto de chocar.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰