Ella renace en un personaje que odió de la última novela que estaba leyendo.. ahora está decidida a cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas la novelas son independientes**
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Libro
Ella nunca había creído en los “malos días”.
Creía en gente dramática, en café frío y en buses que pasaban antes de que uno llegara, pero no en esas absurdas cadenas de desgracias que parecían escritas por un guionista cruel.
Hasta ese martes.
Todo empezó cuando se despertó tarde porque su alarma no sonó.
Bueno… sí sonó.
Pero ella, medio dormida, le respondió..
—Cinco minutos más o te denuncio por acoso.
Y volvió a dormir.
Cuando finalmente abrió los ojos, vio la hora y soltó un grito tan fuerte que el gato de la vecina cayó del muro del patio.
Saltó de la cama, se puso medias distintas sin notarlo, y corrió hacia la cocina. Preparó café… solo para descubrir que no quedaba azúcar.
—Perfecto. Excelente. Magnífico. Qué maravillosa experiencia humana.
Intentó beberlo igual.
Lo escupió inmediatamente en el lavaplatos.
Luego abrió la nevera buscando algo para desayunar y encontró medio limón, una zanahoria triste y un yogurt vencido desde hacía tres semanas.
—Ni los hongos quieren vivir aquí.
Después salió apurada de casa… y pisó una baldosa floja.
El agua sucia le salpicó todo el pantalón blanco.
Un niño que pasaba la miró y dijo..
—Parece que alguien perdió una pelea con una alcantarilla.
—Gracias, pequeño demonio —respondió ella mientras seguía caminando.
El autobús pasó justo frente a ella.
No se detuvo.
El conductor incluso evitó mirarla.
Ella quedó quieta en la vereda, con el cabello desordenado, el pantalón manchado y un odio creciente hacia la existencia.
Tomó otro autobús veinte minutos después, pero iba tan lleno que terminó aplastada contra la puerta junto a un señor que olía sospechosamente a cebolla y humedad.
Cuando por fin llegó al trabajo, descubrió que había olvidado su bolso en el café donde compró una botella de agua.
Cuando volvió al café, el empleado le dijo..
—¿El bolso rojo?
—Sí.
—Una señora creyó que estaba abandonado y se lo llevó a objetos perdidos.
Ella cerró los ojos lentamente.
—¿Y dónde queda objetos perdidos?
—A unas ocho cuadras.
Ella sonrió.
Esa sonrisa peligrosa que anuncia un crimen.
Para la tarde ya estaba agotada, hambrienta y furiosa con el universo entero.
Así que decidió volver caminando a casa para despejarse..
Error.
Porque comenzó a llover.
No una lluvia romántica.
No.
Era esa lluvia agresiva que parecía personal.
Ella terminó refugiándose bajo el toldo de un pequeño puesto de libros viejos.
El anciano que atendía apenas levantó la vista.
—Mire tranquila, señorita.
Ella suspiró y comenzó a revisar libros húmedos y amarillentos.
Novelas antiguas.
Poemas.
Diccionarios.
Un manual de jardinería de 1982.
Y entonces vio uno.
“La Rosa de Ryder”.
La portada mostraba a una joven pelirroja mirando al horizonte mientras un hombre misterioso aparecía detrás.
Ella entrecerró los ojos.
—Esto huele a sufrimiento femenino innecesario.
Lo abrió.
Comenzó a leer mientras esperaba que bajara la lluvia.
Y a las pocas páginas ya estaba indignada.
—¿Josie Ryder en serio está llorando porque un guardia no la mira? Dios mío, levántate mujer, aprende un oficio, inicia una revolución, algo.
Siguió leyendo.
Y cada capítulo empeoraba.
Josie Ryder era hija única de un hombre absurdamente rico que prácticamente le entregaba el mundo entero… y aun así pasaba las páginas suspirando por un guardia llamado Ethan.
Ethan no le hablaba.
No la buscaba.
No le sonreía.
A veces ni recordaba que existía.
Y Josie seguía obsesionada.
Ella estaba horrorizada.
—¿¡Él literalmente la ignoró durante tres capítulos seguidos y ella piensa “seguro está preocupado”?!
El anciano del puesto la observó divertido.
—¿Malo el libro?
—La protagonista es idiota.
—Entonces lo terminará.
Ella abrió la boca para discutir… pero luego miró el libro.
Tenía razón.
Necesitaba saber hasta dónde llegaba la estupidez de Josie Ryder.
Así que compró el libro y siguió caminando bajo la lluvia mientras leía.
Cada página aumentaba su indignación.
—¡NO LO DEFIENDAS, JOSIE!
Una señora la miró raro cuando gritó eso en plena calle.
Ella ni se dio cuenta.
Llegó a su edificio todavía leyendo.
Subió las escaleras porque el ascensor estaba malo.
[por supuesto estaba malo, justo hoy, claro que sí]
y siguió murmurando insultos contra la protagonista.
—Tu padre te ama, tienes dinero, tienes vestidos, tienes futuro y estás destruyendo tu vida por un hombre con cara de poste…
Abrió la puerta de su departamento sin dejar de leer.
—Eres oficialmente la mujer más desesper..
Entonces pisó algo mojado.
Probablemente agua que había dejado al salir.
Su pie resbaló hacia adelante.
El libro salió volando.
Ella agitó los brazos intentando recuperar el equilibrio.
—Ah, no, no, NO, NO..
Y cayó de espaldas.
Su cabeza golpeó el suelo con un ruido seco.
El departamento quedó en silencio.
El libro cayó abierto junto a ella.
Las páginas se movieron lentamente por el viento de la ventana.
Y Ella no volvió a despertar.
... literalmente 🤭🤭🤣🤣🤣