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Destinos Programados, Amores Conectados

Destinos Programados, Amores Conectados

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Edina Gonçalves

Mariana siempre creyó que su vida estaba marcada por el rechazo y el abandono. Criada entre mentiras, aprendió a sobrevivir refugiándose en la tecnología, donde todo tenía sentido —a diferencia de su propio pasado.

Pero cuando secretos enterrados salen a la luz, descubre que su historia le fue robada, su destino alterado y su identidad construida sobre una mentira cruel. En medio de revelaciones devastadoras y reencuentros inesperados, también surge un amor capaz de reconstruirla.

Entre códigos, verdades ocultas y el poder del destino, Mariana tendrá que decidir si está lista para reprogramar su propia historia —y permitir que el amor sea su mayor conexión.

NovelToon tiene autorización de Edina Gonçalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre rencores y verdades

Narrado por Bernardo...

Esa mañana desperté con una certeza en la cabeza.

William y Clarinha necesitaban arreglarse.

Desde la conversación del día anterior no podía dejar de pensar en la expresión de mi amigo cuando contó lo de Raquel… y en la forma en que Mariana describió el estado de Clarinha.

Era obvio.

Los dos estaban sufriendo.

Y peor… estaban sufriendo el uno por el otro.

Suspiré mientras tomaba café en la oficina.

— Tienes esa cara de que estás tramando algo — dijo Mariana, recargada en la puerta, cruzando los brazos.

Sonreí de lado.

— Tal vez.

Entró y se sentó en la silla frente a mí.

— ¿Qué estás pensando?

Apoyé los codos en el escritorio.

— Estoy pensando en que dos personas tercas necesitan una ayudadita.

Mariana abrió los ojos de par en par.

— No estás pensando en hacer lo que yo creo… ¿o sí?

Mi sonrisa se ensanchó.

— Depende… ¿en qué estás pensando tú?

Se rio nerviosa.

— Bernardo…

— Tranquila — dije tomándole la mano. — Confía en mí.

Le expliqué mi plan.

Una junta de emergencia.

Nada demasiado elaborado.

Solo lo suficiente para poner a William y a Clarinha en el mismo lugar.

Solos.

Mariana se llevó la mano a la boca tratando de contener la risa.

— Eres terrible.

— Soy eficiente — respondí.

Ella suspiró.

— Está bien… te ayudo.

Dos horas después todo estaba listo.

Envié mensajes a algunos directores hablando de una "situación urgente".

Obviamente… la única persona que realmente necesitaba estar ahí era William.

Mariana llegó con Clarinha poco después.

En cuanto entraron a la sala de juntas, noté que Clarinha parecía tensa.

— Buenos días — dije con naturalidad.

— Buenos días — respondió Mariana.

Clarinha solo asintió.

— Empecemos mientras llegan los demás — dije.

En ese momento la puerta se abrió.

William entró.

En el instante en que los ojos de Clarinha se encontraron con los de él… vi todo.

Dolor.

Vergüenza.

Y algo más.

Algo mucho más profundo.

Ella rápidamente desvió la mirada, claramente luchando por no llorar.

William también se puso rígido.

La tensión en el aire era casi palpable.

Miré a Mariana.

Entendió al instante.

Caminé hasta la puerta.

— Creo que voy por unos reportes antes de empezar — dije.

Mariana se levantó también.

— Voy contigo.

Salimos de la sala.

Y entonces giré la llave por fuera.

Clic.

Toqué suavemente la puerta.

— ¡De aquí no salen hasta que se arreglen!

Inmediatamente escuché a Clarinha golpear la puerta.

— ¡BERNARDO! ¡ABRE ESTO!

Mariana ya se estaba riendo a mi lado.

— Eres imposible.

— Soy un cupido eficiente — respondí.

...----------------...

Narrado por Ana Clara...

Cuando escuché el sonido de la llave girando en la cerradura, el corazón casi se me salió por la boca.

— ¡No puedo creerlo!

Corrí hasta la puerta y empecé a golpear.

— ¡Bernardo! ¡Abre esta puerta ahora mismo!

Ninguna respuesta.

Mi respiración empezó a agitarse.

Estaba atrapada.

Atrapada con él.

Con el hombre que me había destrozado el corazón dos días atrás.

— Demonios… demonios…

Seguí golpeando hasta que sentí una mano grande sujetándome el brazo.

Pero el toque fue… suave.

William me giró despacio para que lo encarara.

Sus ojos estaban serios.

Y… extrañamente suaves.

— Te vas a lastimar, princesa.

El apodo me golpeó como una descarga.

— No me llames así — dije con la voz quebrada.

Respiró hondo.

— Ya que estamos aquí… quería pedirte la oportunidad de explicarme.

El pecho se me apretó.

— ¿Podemos hablar?

Mis ojos ya estaban llenos de lágrimas.

— ¿No fue suficiente lo que dijiste en la cena? — solté con amargura. — ¿O quieres humillarme un poco más?

Vi dolor cruzarle el rostro.

— Por favor, Ana Clara… necesito que me escuches.

Me quedé unos segundos en silencio.

Mi corazón me decía que huyera.

Pero algo dentro de mí… quería escucharlo.

Entonces suspiré.

Y me senté.

— Habla.

William se pasó la mano por el cabello, claramente nervioso.

Y entonces empezó a contar.

Contó lo de Raquel.

Cómo se enamoró.

Cómo le creyó.

Y el día en que descubrió que ella solo estaba con él por el dinero.

Cada palabra parecía pesarle.

— Eso destruyó algo dentro de mí — dijo con la voz ronca. — Me prometí que nunca más dejaría que nadie se acercara a mi corazón.

Permanecí en silencio.

Continuó.

— Entonces te conocí.

El corazón se me aceleró.

— Cada vez que entrabas a una sala… sentía algo extraño. Algo que no quería sentir.

Soltó una risa sin gracia.

— Y en la cena… cuando conversamos en el jardín… me di cuenta de que estaba fregado.

— ¿Entonces decidiste tratarme como una cualquiera? — dije con dolor.

De inmediato negó con la cabeza.

— No. Entré en pánico.

William se acercó un poco.

— Esa propuesta idiota fue mi intento desesperado de convertir algo que se estaba poniendo serio… en algo superficial.

Se me cerró la garganta.

— Fui un cobarde.

Se detuvo frente a mí.

Sus ojos eran completamente sinceros.

— Y me arrepentí en el segundo en que las palabras salieron de mi boca.

Mi corazón estaba confundido.

Herido.

Pero… también conmovido.

William respiró hondo.

— No quiero una noche contigo, Ana Clara.

Se me cortó la respiración.

— Quiero… la oportunidad de conocerte de verdad.

Silencio.

El tipo de silencio que cambia destinos.

Y por primera vez desde esa noche…

no sentí solo dolor.

Sentí… esperanza.

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