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Sweet Blood

Sweet Blood

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.

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Capítulo 01

El pitido rítmico y monótono del monitor cardíaco era el único sonido que llenaba la habitación 402 del Hospital General. Para Wang XiaoXuan, ese sonido se había convertido en la banda sonora de su pesadilla personal. Se sentó en la silla de plástico desgastada al lado de la cama, observando el rostro pálido y casi traslúcido de su hermano mayor, XiaoHui.

Él siempre había sido su protector, el que le compraba dulces con sus pocos ahorros cuando eran niños. Ahora, estaba conectado a tubos y cables, una cáscara de la persona vibrante que solía ser.

—Vas a estar bien, XiaoHui —susurró ella, aunque su voz se quebró al final—. Solo... solo necesito encontrar la manera. Siempre la hay, ¿verdad?

La puerta de la habitación se abrió con un quejido metálico. Su madre adoptiva, la señora Wang, entró con los ojos enrojecidos y un sobre arrugado en la mano. No tuvo que decir nada; XiaoXuan reconoció de inmediato el logotipo de la administración del hospital.

—Es el aviso final, ¿no es así? —preguntó XiaoXuan, poniéndose de pie. Sus manos temblaban ligeramente, pero las ocultó tras su espalda.

La mujer asintió, dejando escapar un suspiro que parecía cargar con el peso del mundo.

—Si no pagamos el depósito para la cirugía antes del viernes, lo trasladarán a cuidados paliativos. Dicen que necesitan la cama para pacientes con... "posibilidades reales". ¡Es una crueldad! —La voz de su madre se elevó en un tono agudo de desesperación—. He vendido todo lo que tenemos, XiaoXuan. No queda nada.

XiaoXuan sintió un nudo opresivo en la garganta. Miró a su alrededor, a la habitación estéril, y luego a su madre. Sabía que había algo más. La señora Wang no se rendía fácilmente, y esa mirada de culpa que evitaba encontrarse con la suya era una señal clara.

—Mamá, ¿qué es lo que no me estás diciendo? —inquirió XiaoXuan con suavidad, aunque su corazón empezó a latir con fuerza contra sus costillas.

La señora Wang se acercó y tomó las manos de la joven entre las suyas. Estaban heladas.

—Hay una oportunidad. Una sola —dijo la mujer en un susurro apresurado—. He contactado con antiguos conocidos... gente que trabaja para familias que no aparecen en los periódicos comunes. La familia Liu. Son inmensamente ricos, XiaoXuan. Tienen una influencia que llega a lugares que ni siquiera podemos imaginar.

—¿La familia Liu? —XiaoXuan frunció el ceño—. He oído rumores sobre ellos. Viven en la mansión de la colina norte, la que está rodeada de bosques. Dicen que son excéntricos, que nunca salen de día...

—Dicen muchas cosas —la interrumpió su madre, apretando sus manos con más fuerza—, pero lo que importa es que están buscando a alguien. No es un trabajo común. Están buscando a una joven con una... compatibilidad específica. Han analizado los registros médicos de los donantes de la ciudad y tu nombre apareció en su radar. Dicen que tu sangre es "especial".

XiaoXuan sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La palabra "especial" en boca de gente tan poderosa nunca auguraba nada simple.

—¿Quieren mi sangre? ¿Como una transfusión? —preguntó ella, tratando de racionalizar la situación.

—Algo así. Me han prometido que, si accedes a acompañarme hoy mismo para una entrevista y una prueba formal, cubrirán todos los gastos de la cirugía de XiaoHui. No solo el depósito, sino todo el tratamiento postoperatorio.

La joven se soltó del agarre de su madre y caminó hacia la ventana. Afuera, el cielo de la ciudad estaba teñido de un gris plomizo, anunciando una tormenta inminente. Sabía que no había otra salida. Si se quedaba allí, su hermano moriría. Si iba a esa mansión, entraría en un mundo desconocido del que quizá no regresaría.

—¿Cuándo nos vamos? —preguntó XiaoXuan sin girarse.

—Ahora mismo. Hay un coche esperando abajo.

***

El trayecto hacia la colina norte fue silencioso. El vehículo negro, de cristales tintados y motor silencioso, se deslizaba por las calles como un depredador nocturno. XiaoXuan observaba cómo los edificios brillantes del centro de la ciudad daban paso a árboles densos y retorcidos que parecían querer cerrarse sobre la carretera.

Cuando finalmente llegaron a las puertas de la propiedad, XiaoXuan contuvo el aliento. Unas rejas de hierro forjado, rematadas con lanzas afiladas y motivos de rosas entrelazadas, se abrieron lentamente sin que nadie las tocara. El camino de grava conducía a una mansión de estilo gótico victoriano que se alzaba como un monumento a la melancolía.

—Recuerda, XiaoXuan —dijo su madre mientras bajaban del coche—, sé respetuosa. No hables a menos que te pregunten. Esta gente... ellos no ven el mundo como nosotros.

—Lo sé, mamá. Solo quiero salvar a XiaoHui.

Fueron recibidas por un mayordomo de expresión gélida y movimientos precisos. El interior de la mansión era aún más imponente: techos altos con frescos oscuros, alfombras de terciopelo carmesí que amortiguaban cada paso y un olor persistente a sándalo y... algo metálico que XiaoXuan no logró identificar.

Las llevaron a un salón de techos infinitos donde una mujer de una belleza sobrenatural y piel de mármol las esperaba. Vestía de seda negra y sus ojos, de un marrón tan profundo que parecía negro, analizaron a XiaoXuan con una intensidad que la hizo sentir desnuda.

—Soy la Matriarca de la familia Liu —dijo la mujer, su voz era como el terciopelo rozando la piedra—. Has venido por el intercambio, supongo.

XiaoXuan dio un paso adelante, tratando de mantener la compostura a pesar del miedo que gritaba en su interior.

—He venido para salvar a mi hermano. Me han dicho que ustedes pueden ayudarme.

La mujer soltó una risa leve, carente de alegría.

—Nosotros no "ayudamos", pequeña humana. Nosotros hacemos pactos. Tu madre te habrá explicado que posees algo que mi hijo necesita desesperadamente. Tu linaje es raro, una anomalía de dulzura en un mundo amargo.

—¿A qué se refiere con "dulzura"? —preguntó XiaoXuan, apretando los puños.

La Matriarca se acercó a ella. XiaoXuan notó que la mujer no parecía respirar, o al menos no de la forma en que lo hacían los humanos. El aire a su alrededor era frío, como si el calor fuera absorbido por su presencia.

—Lo sabrás a su debido tiempo —respondió la mujer, acariciando la mejilla de XiaoXuan con un dedo helado. La joven se estremeció—. Pero antes de firmar cualquier contrato, debemos confirmar que los informes son ciertos. Debemos ver si tu esencia puede calmar la sed de la maldición que consume a Liu Chen Yi.

—¿Chen Yi? —susurró XiaoXuan.

—Mi hijo. El heredero de este linaje quebrado. Él se muere, Wang XiaoXuan. Y tú... tú podrías ser el postre que prolongue su vida o la medicina que lo salve.

La Matriarca hizo un gesto al mayordomo, quien presentó una pequeña daga de plata y un frasco de cristal.

—Unas pocas gotas en este cáliz —ordenó la mujer—. Si el aroma es el correcto, tu hermano será operado mañana al amanecer. Si no... bueno, habrás disfrutado de un agradable paseo en coche.

XiaoXuan miró la daga. El reflejo de su propio rostro asustado le devolvió la mirada desde el metal pulido. Pensó en XiaoHui, en su sonrisa perdida, en la soledad de la habitación del hospital. Sin dudar más, tomó la daga y deslizó la punta afilada sobre la yema de su dedo índice.

Una gota de sangre roja y vibrante emergió de la herida. Inmediatamente, un aroma inusual llenó el aire. No olía a hierro, como la sangre normal, sino a algo floral, casi como jazmín y miel silvestre bajo el sol de verano. Era una fragancia embriagadora que parecía vibrar en la estancia.

Los ojos de la Matriarca se dilataron y un brillo extraño, casi salvaje, cruzó su mirada antes de recuperar el control.

—Dulce... —murmuró la mujer, su voz ahora cargada de una urgencia mal disimulada—. Es incluso más pura de lo que decían los análisis.

En ese momento, un estruendo se escuchó en la planta superior. Fue el sonido de algo rompiéndose, seguido de un gruñido bajo que hizo que los vellos del brazo de XiaoXuan se erizaran. Era un sonido de dolor, de rabia pura.

—Él la siente —dijo la Matriarca, mirando hacia la gran escalera de caracol—. La maldición está inquieta.

XiaoXuan miró hacia las sombras de la planta superior. Sintió que unos ojos invisibles la observaban desde la oscuridad, ojos cargados de una sed milenaria y un orgullo herido. En ese instante, supo que su destino ya no le pertenecía. Había cruzado el umbral hacia un mundo de sombras, y el precio por la vida de su hermano sería su propia existencia, gota a gota.

—Acepto el trato —dijo XiaoXuan con firmeza, aunque su alma temblaba—. Salven a mi hermano y haré lo que me pidan.

La Matriarca sonrió, revelando una perfección dental que resultaba inquietante.

—Bienvenida a la familia Liu, Wang XiaoXuan. Espero que tu dulzura sea suficiente para sobrevivir a lo que te espera.

El contrato estaba sellado. No con tinta, sino con el aroma de una sangre que era, a la vez, una bendición y una condena. XiaoXuan miró por última vez hacia la salida, sabiendo que la chica que entró en esa mansión ya nunca volvería a salir de la misma forma. Su destino estaba marcado, atado irremediablemente al monstruo que habitaba en las sombras de la habitación de arriba.

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Helena Palomino Olaya
me gusta la trama
Helena Palomino Olaya
ojalá el acepte la ayuda de ella
Lorena Montoya
Amé!
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